El ex líder de The Smiths publica su decimocuarto álbum en solitario, un trabajo que reafirma su identidad artística en medio de una carrera marcada por la polémica y la resistencia cultural.
Zarko Pinkas-Ramírez |
El ex líder de The Smiths publica su decimocuarto álbum en solitario, un trabajo que reafirma su identidad artística en medio de una carrera marcada por la polémica y la resistencia cultural.
A estas alturas, cada nuevo disco de Morrissey llega rodeado de dos debates distintos. Por un lado, el estrictamente musical: qué tan fuerte es el álbum dentro de una discografía que ya supera las cuatro décadas. Por otro, el político o cultural, alimentado por las polémicas declaraciones que el cantante británico ha hecho en los últimos años y que lo han convertido en una figura incómoda para muchos sectores.
Su nuevo trabajo, Make‑Up Is A Lie, el número catorce de su carrera en solitario, parece ignorar deliberadamente ese ruido. Morrissey no intenta reinventarse ni responder directamente a sus detractores. Hace algo mucho más simple: continuar con el estilo que ha definido su trayectoria desde que emergió en los años ochenta como una de las voces más singulares del post-punk británico.
El cantante de Manchester sigue explorando los territorios emocionales que lo convirtieron en un referente generacional: la melancolía, el desencanto social, la ironía frente a las convenciones y esa estética de tristeza elegante que marcó tanto a The Smiths como a sus primeros discos solistas, entre ellos el recordado Bona Drag.
En ese sentido, Make-Up Is A Lie no busca competir con los grandes clásicos de su discografía, sino sumarse a una obra coherente que ha mantenido una identidad clara durante décadas. Morrissey pertenece a una generación de artistas que construyeron un lenguaje propio y han preferido desarrollarlo antes que abandonarlo en busca de tendencias pasajeras.
El álbum mantiene ese equilibrio característico entre melodías sobrias y letras cargadas de observación social. Aparecen momentos particularmente atractivos, como el solo profundo de “Amazona”, los arreglos de cuerdas que recorren “Headache” o la atmósfera más etérea de “Kerching Kerching”, pasajes que recuerdan que el cantante sigue encontrando matices dentro de su propio universo sonoro.
Pero más allá de lo estrictamente musical, Morrissey sigue siendo una figura rodeada de controversia. Sus opiniones públicas —desde críticas culturales hasta posiciones políticas poco convencionales— lo han colocado repetidamente en el centro de debates y campañas de rechazo. Para algunos, esas posturas lo vuelven un personaje incómodo; para otros, simplemente reflejan a un artista que siempre ha tenido una relación conflictiva con la corrección política.
Ese choque ha alimentado incluso momentos de sátira mediática, como la polémica parodia del cantante en la serie The Simpsons, donde fue retratado de forma caricaturesca como una figura decadente, algo que muchos seguidores interpretaron como un ataque injusto a una de las figuras más influyentes del pop británico.
Sin embargo, Morrissey ha sobrevivido a todo eso. A diferencia de muchos contemporáneos suyos, sigue grabando discos, girando por el mundo y manteniendo una base de seguidores fiel que continúa encontrando en sus canciones esa mezcla de ironía, tristeza y crítica social que siempre lo ha definido.
Quizá Make-Up Is A Lie no sea el disco más monumental de su carrera. Pero confirma algo que ya es parte de su leyenda: Morrissey sigue siendo Morrissey. Un artista incómodo, contradictorio para algunos, profundamente honesto para otros, y todavía capaz de sostener una voz propia en una industria donde esa autenticidad se ha vuelto cada vez más rara.
Escucha Make-Up Is A Lie :