Redacción ContraPunto
El jueves 6 de noviembre de 2025, en el Centro Histórico de San Salvador, frente al Palacio Nacional de El Salvador sobre la Avenida Cuscatlán, ocurrió un lamentable suceso: una mujer de 32 años, identificada como Jessica Solís, originaria de Nueva Concepción en el departamento de Chalatenango, murió a causa de un disparo de arma de fuego.
El presunto responsable es un soldado de la Fuerza Armada de El Salvador (FAES), identificado como Dermán Fernando Jorge Benítez, quien estaba destacado en esa zona. Se alega que accionó su arma de fuego de forma accidental, impactando a la víctima, y fue detenido por el delito de homicidio culposo.
La institución militar ofreció una compensación de 200 000 dólares para la familia de Jessica como “muestra de solidaridad y responsabilidad institucional”.
Contexto y repercusiones
Impacto humano
La madre de Jessica, María Josefina Castro, expresó su dolor profundo al enterarse del fallecimiento de su hija. Según el relato, la joven era “hogareña, dedicada y obediente”.
En la zona del suceso, los comerciantes y transeúntes se muestran consternados y cuestionan cómo pudo ocurrir algo así en pleno centro. Además, se instaló un pequeño altar con flores y fotografías de Jessica, aunque fue removido por seguridad municipal poco tiempo después.
Aspectos criticos
Este caso pone en evidencia que, aún en zonas consideradas “seguras”, la ocurrencia de tragedias es posible y genera heridas abiertas en la comunidad.
Para la familia de Jessica, lo ocurrido es irreparable: la vida de un ser querido se fue por un disparo que, según la versión oficial, pudo haberse evitado. Para la sociedad, la pregunta sigue siendo: ¿cómo asegurar que el uso de armas y la presencia militar o policial en espacios públicos no terminen en daños colaterales?
El desafío ahora es que la investigación sea transparente, la justicia sea aplicada de manera rigurosa y que las instituciones asuman su responsabilidad para reparar, al menos parcialmente, el daño.