Mentiras que matan: el nazismo no fue de izquierda, y la historia no se negocia

"La ultraderecha ha aprendido a disfrazarse, a maquillar sus símbolos y a distorsionar la historia con una soltura que da vértigo": Zarko Pinkas.

Por Zarko Pinkas.

La extrema derecha ha encontrado en las redes sociales un terreno fértil para blanquear al nazismo. Hoy, incluso figuras de la política internacional de ese sector difunden la mentira de que fue una ideología socialista. No es solo un error: es una amenaza.

El nazismo no ha muerto. Solo ha mutado. En la era digital, donde el algoritmo premia la provocación y la desinformación, hemos visto cómo esta ideología —que arrastró al mundo a la guerra y al genocidio— vuelve a encontrar espacios de validación. La ultraderecha ha aprendido a disfrazarse, a maquillar sus símbolos y a distorsionar la historia con una soltura que da vértigo. Y lo más preocupante: encuentra público.

Redes sociales como X (antes Twitter), Telegram, Instagram o YouTube sirven hoy como megáfonos para ideas que, hace apenas dos décadas, eran impresentables en el debate público. Lo vimos recientemente cuando Elon Musk entrevistó a Alice Weidel, líder del partido alemán AfD, quien sostuvo sin rubor que el nazismo era una ideología de izquierda.

Foto: Cortesía.

Desde su liderazgo, Weidel afirmó que Hitler no era «de derechas», sino «comunista»:

«[Los nacionalsocialistas] nacionalizaron toda la industria… El mayor éxito después de esa terrible época de nuestra historia fue etiquetar a Adolf Hitler como de derecha y conservador. Era todo lo contrario. No era conservador… Era comunista y socialista», declaró Weidel a Musk.

Musk no contradijo la afirmación. Miles de bots han esparcido la mentira para engañar a los menos ilustrados. En Chile, líderes de la extrema derecha también difunden esta falacia histórica. ¿Qué vendrá después? ¿Negar el Holocausto, los dinosaurios, las vacunas y la independencia de los poderes del Estado?

Esa frase no es solo errónea: es peligrosa. Forma parte de una estrategia deliberada de falsificación histórica que busca blanquear a la ultraderecha, desligándola de su herencia ideológica real. Pero, ¿cómo desmontar esta mentira? A veces, solo hace falta observar los hechos:

1. El nazismo construyó una alianza férrea con el gran capital alemán. Conglomerados como IG Farben, Siemens o Krupp financiaron a Hitler, fabricaron armas y usaron mano de obra esclavizada. No hubo redistribución económica ni abolición de la propiedad privada: hubo consolidación del poder económico.

2. El régimen persiguió brutalmente a toda la izquierda. El Partido Comunista y el Partido Socialdemócrata fueron ilegalizados, sus líderes asesinados o enviados a campos de concentración. Los sindicatos fueron disueltos y reemplazados por una estructura vertical estatal.

3. El nazismo era profundamente racista y jerárquico. Su visión del mundo se basaba en la supremacía de la “raza aria” y en la aniquilación de quienes no encajaban en ese molde: judíos, gitanos, comunistas, personas con discapacidad. El socialismo jamás tuvo como principio fundante la supremacía étnica.

4. El nacionalismo radical nazi es incompatible con cualquier noción de izquierda internacionalista. El “socialismo” en el nombre del NSDAP fue una estrategia propagandística, jamás una realidad política o económica.

Foto: Cortesía.

Este revisionismo no es inocente. Es funcional a un contexto global donde la extrema derecha gana terreno a través de la confusión. Como si el algoritmo premiara no solo la mentira, sino el olvido.

Lo viví en carne propia. En un restaurante de hotel, escuché a un italiano pronunciar “Heil Hitler” sin recibir una sola mirada de reprobación. La escena, breve pero brutal, evidenció cuán normalizado está volviendo a estar este lenguaje, esta simbología, este odio.

La historia está siendo reescrita a golpe de mentiras. Nuestra responsabilidad es simple, pero urgente: no permitirlo.