Una mesa rebalsada de salvadoreños. No habrá mesa con mayor resentimiento colectivo, aunque vaya disfrazado, por supuesto, del gran gozo de todo lo demás.
Por Juan José Dalton Pohl
Una mesa rebalsada de salvadoreños.
No habrá mesa con mayor resentimiento colectivo,
aunque vaya disfrazado, por supuesto,
del gran gozo de todo lo demás.
De la vida, el guaro,
no vivir en El Salvador.
Ayer, el amorcito,
no vivir en El Salvador.
Un viaje, la comida más saludable,
no vivir en…
Sucede que en esa mesa
hay una especie de juez observador,
un amigo extranjero, pues.
Y con la mayor facilidad del mundo
logró descifrar
que la mesa explotaba
de una ternura triste,
causada por:
La vida, el guaro,
no vivir en El Salvador.
Ayer, el amorcito,
no vivir en El Salvador.
Un viaje, la comida más saludable,
no tener
un El Salvador.