Mario Bellatin: un cuerpo ruinoso, de Judith Paredes Morales

Por Guillermo Raffo Ramos

¿Qué puede decirnos un cuerpo que se deteriora sobre la sociedad que lo excluye? Esta pregunta atraviesa la lectura que Judith Paredes Morales propone en Mario Bellatin: un cuerpo ruinoso (2024), publicado por la Editorial Universitaria de la Universidad Nacional Federico Villarreal. Su objeto de estudio es Salón de belleza (1994), una novela breve y perturbadora en la que un establecimiento dedicado al embellecimiento termina convertido en un Moridero para enfermos terminales. Allí donde antes se cultivaba la apariencia, ahora se contempla la fragilidad de la vida. Sin embargo, lo verdaderamente inquietante no es solo esa transformación, sino aquello que permite descubrir: los mecanismos mediante los cuales una sociedad decide qué cuerpos merecen ser vistos, cuidados o apartados.

Paredes Morales no llega por primera vez a este universo narrativo. En Sucesos de escritura (2013), ya había abordado las relaciones entre cuerpo y representación homoerótica en Efecto invernadero y Salón de belleza. Entre aquel trabajo y el volumen de 2024 se establecen vasos comunicantes que revelan la persistencia de una inquietud crítica: comprender cómo la escritura de Bellatin convierte la corporalidad en un lugar de conflicto, deseo y significación. La nueva publicación concentra la mirada en Salón de belleza y permite seguir, con mayor detenimiento, los vínculos entre forma narrativa, identidad y exclusión. No se trata, por tanto, de volver simplemente sobre un tema conocido, sino de mostrar cuánto queda todavía por interpretar en una novela que parece sencilla solo mientras no se examinan sus silencios.

El libro se organiza en cuatro capítulos y un epílogo. El primero, «El estado de la cuestión», reconstruye el itinerario de la crítica sobre Salón de belleza mediante cuatro perspectivas: estético-formalista, cultural, sociocultural y homoerótica o queer. Esta disposición ofrece al lector una puerta de entrada especialmente útil: antes de formular su propia lectura, la investigadora muestra las preguntas que otros estudios han planteado y las distintas maneras de aproximarse a una obra que se resiste a las clasificaciones definitivas. El resultado es un mapa de problemas literarios que invita tanto al especialista como a quien se inicia en la narrativa de Bellatin a descubrir la riqueza de sus interpretaciones.

En «Salón de belleza, novela posvanguardista», segundo capítulo, la atención se desplaza hacia la construcción del relato. El lenguaje, los personajes, los espacios y el melodrama son examinados en relación con la experimentación narrativa. Una de las virtudes de esta aproximación consiste en recordar que la fuerza de Bellatin no depende de una prosa recargada: su escritura, contenida y elusiva, obliga a leer también aquello que no explica. La transformación del salón en Moridero concentra de manera ejemplar esa potencia expresiva. Un espacio asociado con la belleza y el cuidado exterior se convierte en el escenario del deterioro corporal, y la oposición entre ambos destinos abre interrogantes sobre la apariencia, la enfermedad y la muerte.

El tercer capítulo, «Salón de belleza, novela homoerótica», constituye uno de los núcleos más sugerentes del estudio. A partir de la teoría queer y de conceptos como abyección y performatividad, Paredes Morales examina la manera en que los cuerpos y las identidades se encuentran sometidos a normas que establecen lo aceptable y lo excluido. El interés de esta lectura radica en que no convierte a los personajes en meras víctimas: permite advertir sus posibilidades de resistencia, aunque estas no se manifiesten mediante grandes discursos reivindicativos. Incluso el Moridero, creado al margen de las instituciones, posee reglas propias y contradicciones. De este modo, la novela no ofrece un refugio idealizado, sino un espacio incómodo desde el cual pensar el poder, la marginalidad y la convivencia.

La investigación alcanza otra dimensión en el cuarto capítulo, «Temporalidad y alegoría en Salón de belleza». Mediante una aproximación a la temporalidad narrativa y a la alegoría del cuerpo, que incorpora los aportes de Walter Benjamin, la autora invita a mirar más allá de la enfermedad como acontecimiento individual. El cuerpo ruinoso puede leerse como una figura en la que se inscriben experiencias de abandono y exclusión. La ruina deja entonces de significar únicamente destrucción: conserva huellas, suscita preguntas y vuelve visible aquello que el orden social preferiría mantener fuera de la mirada. En esta articulación entre cuerpo y alegoría se encuentra una de las posibilidades más fértiles de la propuesta crítica.

La principal virtud de Mario Bellatin: un cuerpo ruinoso es su voluntad de reunir perspectivas que con frecuencia se estudian por separado. La experimentación formal, el homoerotismo y la alegoría aparecen como caminos complementarios para comprender una novela de extraordinaria densidad. Esa amplitud abre también una discusión crítica: hasta qué punto los procedimientos narrativos producen, y no solo acompañan, la dimensión política del texto. Lejos de disminuir el interés del volumen, esta pregunta muestra su capacidad para estimular nuevas lecturas y prolongar el debate académico.

En conjunto, Judith Paredes Morales entrega un estudio que confirma la vigencia de Salón de belleza y, al mismo tiempo, ofrece razones para regresar a sus páginas. Quien conozca la novela encontrará aquí nuevas rutas de interpretación; quien todavía no la haya leído descubrirá por qué una historia construida alrededor de un salón transformado en Moridero continúa interpelando a lectores de distintas generaciones. Mario Bellatin: un cuerpo ruinoso demuestra que la crítica literaria puede hacer algo más que explicar una obra: puede devolverle su capacidad de inquietarnos. Y acaso esa sea la mejor invitación a leer este libro: reconocer que, incluso cuando un cuerpo parece condenado a desaparecer, la literatura todavía tiene mucho que decir sobre él y sobre el mundo que lo rodea.