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Por Alonso Rosales
El Partido de los Trabajadores (PT) oficializó este domingo la candidatura del presidente Luiz Inácio Lula da Silva para las elecciones presidenciales de octubre de 2026, en las que el mandatario brasileño intentará obtener un histórico cuarto mandato no consecutivo al frente de la mayor economía de América Latina.
La proclamación se realizó durante una multitudinaria convención política celebrada en el Expo Center Norte de São Paulo, donde dirigentes, ministros, legisladores y cientos de militantes respaldaron la continuidad del proyecto político encabezado por Lula. Durante el evento también fue ratificado como candidato a vicepresidente Geraldo Alckmin, consolidando nuevamente la alianza entre sectores progresistas y moderados del espectro político brasileño.
A sus 80 años, Lula afronta la séptima campaña presidencial de su carrera política. El líder sindical gobernó Brasil entre 2003 y 2010, regresó al poder en 2023 y ahora busca extender su mandato en un contexto marcado por desafíos económicos, presiones fiscales y una creciente polarización política.
El mandatario llega a la campaña destacando los resultados de su administración en materia de empleo, reducción de la pobreza y programas sociales. Sin embargo, enfrenta cuestionamientos por la desaceleración del crecimiento económico, una inflación persistente y una deuda pública que supera el 80 % del Producto Interno Bruto (PIB).
La seguridad pública también se perfila como uno de los principales temas del debate electoral. La expansión de organizaciones criminales en diferentes regiones del país ha sido utilizada por la oposición para cuestionar la efectividad de las políticas gubernamentales en el combate al crimen organizado.
A este escenario se suma la reciente autorización de la Corte Suprema para abrir investigaciones contra Fábio Luís Lula da Silva, hijo mayor del presidente, por presunto tráfico de influencias, un tema que podría generar presión política durante la campaña.
Las elecciones se presentan como una nueva disputa entre dos proyectos ideológicos claramente definidos. Por un lado, Lula representa la continuidad de la izquierda brasileña y de las políticas sociales impulsadas por el PT. Por el otro, el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, se ha convertido en el principal referente del sector conservador tras la inhabilitación y condena judicial de su padre.
Las encuestas más recientes muestran una competencia cerrada, aunque con ligera ventaja para el actual mandatario. Un sondeo de Datafolha ubica a Lula con un 48 % de intención de voto frente al 43 % que obtendría Flávio Bolsonaro en una eventual segunda vuelta.
Con poco más de dos meses para la elección, Brasil se prepara para una campaña intensa que podría definir no solo el rumbo político del país, sino también el equilibrio de fuerzas entre la izquierda y la derecha en América Latina.
Fuente EFE