Los verdaderos intereses de Trump  por  Groenlandia y Venezuela

Por Alonso Rosales

La política exterior de Estados Unidos bajo el mandato de Donald Trump ha reavivado debates y tensiones geopolíticas que muchos observadores tachan de anacrónicos, agresivos y marcados por una lógica de poder más que de seguridad colectiva. Dos casos emblemáticos de esta dinámica son el impulso estadounidense sobre Groenlandia y los recientes movimientos en Venezuela. Aunque las justificaciones oficiales hablan de seguridad nacional o de estabilidad hemisférica, un análisis más detenido revela motivos estructurales ligados a los recursos: tierras raras, petróleo, gas y la carrera por el control de materias primas estratégicas.

Groenlandia: ¿seguridad o ambición por recursos?

Desde comienzos de 2026, la administración Trump ha retomado con fuerza la idea de adquirir o controlar Groenlandia, un vasto territorio ártico perteneciente al Reino de Dinamarca y habitado por poco más de 50 000 personas. El discurso oficial de la Casa Blanca ha enmarcado esta intención bajo la bandera de la seguridad nacional, argumentando que el control del Ártico es clave para contrarrestar la influencia de potencias como Rusia y China. Sin embargo, muchos expertos ponen en duda esta narrativa señalando que Estados Unidos ya mantiene una presencia estratégica en la isla a través de bases militares sin necesidad de anexión formal.

La lógica real parece ser otra: Groenlandia posee vastas reservas de minerales críticos, incluyendo tierras raras —esenciales para tecnologías modernas como semiconductores, baterías, energía renovable y sistemas militares avanzados— así como depósitos de petróleo y gas que podrían ser explotados conforme el hielo se derrite por el cambio climático.
Aunque la extracción es técnicamente difícil y aún cara, la perspectiva de liberar estas reservas representa una oportunidad geoeconómica que Washington no quiere perder, especialmente en una era en que China domina gran parte de la cadena de suministro de tierras raras y otros minerales críticos.

Dinamarca y los líderes groenlandeses han rechazado de manera categórica la idea de vender o ceder el territorio, advirtiendo además que un intento de anexión pondría en riesgo la estabilidad de la OTAN y la soberanía de sus pueblos.

Venezuela: petróleo, poder y una nueva «realpolitik»

Simultáneamente en América Latina, Estados Unidos ha puesto su mirada de forma más directa sobre Venezuela. Tras una operación militar que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro, la administración estadounidense anunció que Venezuela suministrará entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos a precio de mercado, y que se comprometerá a continuar haciéndolo “indefinidamente”.

Venezuela posee oficialmente las mayores reservas de petróleo del mundo —con cifras que superan incluso a las de Arabia Saudita—, aunque su producción se ha visto severamente mermada por décadas de falta de inversión, deterioro de infraestructura y sanciones. Esto no ha impedido que Washington busque asegurar una fuente de crudo de alta calidad que pueda reforzar su independencia energética y reducir la influencia de rivales como Rusia y China en el mercado petrolero global.

La firme atención de Estados Unidos al petróleo venezolano plantea preguntas incómodas sobre el papel de Nicolás Maduro y el chavismo en este nuevo escenario. La continuidad de los mismos grupos de poder —estructura política, militares y elites del chavismo— tras la intervención estadounidense y la negociación de PDVSA con Washington ha llevado a algunos analistas a cuestionar si ha habido algún tipo de acuerdo tácito o traición interna para sostener el sistema en posiciones aceptables para Estados Unidos. El hecho de que no se haya visto una resistencia frontal amplia, así como la rápida alineación de sectores clave con las demandas estadounidenses, alimenta estas sospechas, aunque esto requiere investigación y evidencia más profunda que, por ahora, no ha sido completamente desclasificada o verificada.

La geopolítica de los recursos: una realidad incómoda

Tanto en Groenlandia como en Venezuela, los recursos naturales —tierras raras, petróleo, gas y minerales estratégicos— son motores invisibles de las grandes jugadas geopolíticas. La competencia por el acceso a estos activos refleja una dinámica global donde las grandes potencias buscan asegurar suministros críticos para sus economías y capacidades militares, muchas veces bajo la retórica de la seguridad nacional. Este enfoque no solo reconfigura alianzas tradicionales, sino que también genera tensiones con socios, Estados soberanos e incluso dentro de bloques como la OTAN.

La pregunta entonces no es si Estados Unidos quiere estos recursos —eso es evidente—, sino cómo se justifica esta ambición y a qué costo para los pueblos directamente afectados. Groenlandeses y venezolanos tienen derecho a decidir su futuro sin convertirse en piezas secundarias de una partida de ajedrez entre grandes potencias. Los verdaderos intereses que mueven a Washington en estos casos muestran que la historia de la política internacional sigue siendo, en gran parte, una historia de control de recursos más que de ideales democráticos o seguridad colectiva.

FUENTES , RTVE , THE GUARDIAN ,AP NEWS , REUTERS