Los médicos en política contestataria de El Salvador

Dos médicos,  Arturo Romero López y Fabio Castillo Figueroa,  incursionaron en política contestaria en el pais, propusieron cambios revolucionarios y dejaron como legado propuestas de cambio social que poco a poco se han abierto paso

Por: Víctor Manuel Valle Monterrosa

Quizá por su facultad de curar enfermedades y calmar dolores, y heredar el atractivo de sus ancestros, los brujos de la aldea, los médicos ejercen un liderazgo natural asociado con alivio de males. El Doctor, como culturalmente se les dice y ellos se autopresentan, es por naturaleza una persona respetable y sus prendas de uso, estetoscopio y gabacha pulcramente blanca, son símbolos de credibilidad y respeto social.

En un país como el nuestro, donde el analfabetismo funcional es alto y la tasa de escolaridad promedio es baja (y el porcentaje del PIB dedicado a educación no es para sentirse orgullosos) tener formación universitaria ubica a la persona en el estrato alto de la sociedad, aún cuando a veces tenga problemas para vivir con comodidad. En esa condición, es fácil ver a médicos  en puestos pominentes de gobierno como diputados, ministros y hasta presidentes o presidenciables.

Los médicos en política, en El Salvador incluyen  dos presidentes de la República, personalidades de gran impacto como Rafael Zaldívar el siglo XIX y Manuel Enrique Araujo al despuntar el siglo XX. En este ocasión se desea destacar que hay dos personas que han sobresalido como médicos contestatarios del régimen socioeconómico que hay en El Salvador y que tercamente se niega a cambiar. Esos médicos que merecen mención inspiradora  son Arturo Romero López (1911-1965) y Fabio Castillo Figueroa (1921-2012).

Dos médicos cuyas vidas se dieron durante un siglo,  desde el 1911, año del nacimiento de Arturo  Romero,  hasta el 2012 año del fallecimiento de Fabio Castillo Figueroa. Ambos  fueron educadores de la sociedad, políticos contestatarios, cultivadores de las ciencias, innovadores en el quehacer político y, sobre todo,  con un alto sentido de la honradez en política que los corruptos de siempre se han encargado de tergiversar y adulterar  para negar su esencia desde una visión revolucionaria: acceder al poder para protagonismo y beneficio de los sectores populares de El Salvador,

Creo que hay abundante material escrito sobre esas dos vidas ejemplares de médicos salvadoreños contestatarios y proponentes de cambios revolucionarios; pero es oportundo resaltar algunos rasgos prominentes.

Como  frontal contestatartio, el Dr. Arturo Romero, uno de los fundadores del Colegio Médico en El Salvador y con estudios de Medicina en Francia, irrumpió en la vida política pública el 2 de abril de 1944 cuando, según se dice, a sus 33 años, metralleta en mano llegó a una radio nacional  con otros valientes patriotas,  a proclamar la rebelión contra del dictador Martínez, gesta que muchos salvadoreños vieron como el fin de una larga noche tenebrosa y la aurora de un nuevo país: ahí surgió Arturo Romero como el Hombre Símbolo de la Revolución, revolución que aún no ha llegado. Ese acto de 1944 quedó grabado en la historia y las fotos del rostro de Arturo Romero llegaron a los hogares para despertar esperanzas en la campaña presidencial, truncada por golpe de estado retrógado de octubre de 1944 y que impidió la participación de Arturo Romero en las elecciones de 1945, en las cuales se daba como seguro ganador..

Las propuestas de Arturo Romero y su Partido de Unión Democrática fueron para promover la democracia, terminar con  la hegemonía militar, dar paso al pluralismo político y propulsar la justicia social a través de salud y educación para todos. Eso, en un régimen político-económico antidemocrático y  basado en la  desigualdad, era una peligrosa revolución que había que atajar, sobre todo que el partido de Romero se alió con la Unión Nacional de Trabajadores, organización de sectores populares influidos por el prohibido Partido Comunista  que contaba como orador principal a Alejandro Dagoberto Marroquín (1911-1977), destacado intelectual marxista.

Perseguido después del golpe de octubre de 1944, Romero recaló en 1945 en  Costa Rica donde, durante los siguientes 20 años,  llevó a cabo una labor en educación y salud pública  y, además, acompañó a su esposa Coralia en la tarea de impulsar las Bellas Arters a través del ballet, mediado con un ofrecimiento para ser rector de la Universidad de El Salvador  en 1959 donde triunfó fácilmente; pero declinó, pues lo suyo ya era la docencia y la academia al servicio de la educación y la salud pública de Costa Rica. Fue un viaje del Ballet de su esposa,  de Costa Rica a Honduras, que lo condujo a él, a su esposa y a dos docenas de jóvenes balletistas hacia la muerte en un trágico accidente de tránsito en Choluteca,  en 1965. Ese año, como homenaje póstumo,  la Asamblea Legislativa de Costa Rica lo declaró por unanimidad Ciudadano de Honor.

Fabio Castillo Figueroa, nacido 10 años después de Arturo Romero, se graduó de Médico en la Universidad de El Salvador e hizo estudios de posgrado en Europa y Estados Unidos en Fisiología y otras ciencias de la salud. Según me comentó personalmente, consideraba al Dr. Romero como uno de sus mentores, principalmente políticos.

Desde joven, Fabio  dio muestra de su apego a la ciencia,  al cambio social y a la educación como medio para alcanzar ambos. Su tesis de grado de Doctor en Medicina fue sobre problemas de nutrición en barrios obreros de San Salvador. Fue estudiante rebelde contra el dictador Martínez, transformador de los estudios de Medicina, joven político como miembro de una Junta
Cívico Militar en 1960 que también despertó esperanzas de cambio pero que, al igual en 1944, fue cortada de tajo por golpe de estado del 25 de enero de 1961,  restaurador de la dictadura. Rector de la UES donde impulsó la reforma de 1963, candidato presidencial de la izquierda en 1967, fundador de uno de los grupos guerrilleros que fueron parte del FMLN en la guerra interna del país, propulsor de la defensa de los derechos humanos y la educación para  la paz en los 1980, desde su exilio en Costa Rica y,  en el auge de la insurgencia revolucionaria de El Salvador, promotor de los Acuerdos de Paz que dieron fin al conflicto interno en enero de 1992 y sentaron las bases para importantes transformaciones políticas en el país que cerraron el  ciclo de la dictadura militar que campeó de 1931 a 1992.

El año 2004 la Asamblea Legislativa lo declaró Educador Meritísimo de El Salvador y en el 2006 la Alcaldía de San Salvador, Hijo Meritísimo de la Capital.

Memorable es la campaña presidencial de Fabio Castillo Figueroa de 1967 cuando,  con valientes jornadas de educación política para el pueblo  y, en desafío a la represión emanada  desde los puestos de la Guardia Nacional, propuso el abordaje de los cinco grandes problemas para el país, que en alguna medida siguen vigentes : 1. Injusta distribución del ingreso nacional. 2. Problema  de la tierra. 3. Atraso de la educación. 4. Dependencia económica y política. 5. Régimen político antidemocrático.

Dos médicos,  Arturo Romero López y Fabio Castillo Figueroa,  incursionaron en política contestaria en el pais, propusieron cambios revolucionarios y dejaron como legado propuestas de cambio social que poco a poco se han abierto paso; pero que aún dan batallas  contra las obvias fuerzas retardatarias que no quieren que tengamos un país desarrollado con libertad y dignidad para todos. Inspirarse en ellos es un buen desafío para otros médicos que busquen transformaciones revolucionarias en El Salvador.