Los intereses de China con Irán

Por Alonso Rosales

En medio de la creciente tensión geopolítica en Medio Oriente, China emerge como un actor estratégico cuya prioridad no es ideológica ni militar, sino profundamente económica. La relación entre Beijing y Teherán, fortalecida en los últimos años, gira en torno a un eje fundamental: la energía.

Tras la ofensiva de Estados Unidos e Israel que terminó con la vida del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jameneí, el gobierno chino condenó los hechos y llamó a la estabilidad regional. Sin embargo, más allá del discurso diplomático, el interés central de Beijing radica en proteger su flujo energético y sus intercambios comerciales con la República Islámica.

Un vínculo sostenido por cifras

Durante el año fiscal iraní concluido en marzo de 2025, el comercio no petrolero entre ambos países superó los 34.100 millones de dólares. Irán exportó aproximadamente 14.800 millones en bienes hacia China, mientras que importó cerca de 19.300 millones en manufacturas, maquinaria y tecnología. Esta balanza refleja una creciente dependencia iraní de productos chinos.

No obstante, el verdadero núcleo de la relación es el petróleo. Se estima que más del 80% del crudo iraní tiene como destino el mercado chino, en muchos casos mediante intermediarios para sortear sanciones internacionales. Para Teherán, este comercio representa una vía esencial de ingresos; para Beijing, equivale a cerca del 13,5% de sus importaciones marítimas de crudo.

El factor Ormuz

La preocupación china se concentra ahora en el Estrecho de Ormuz, corredor estratégico por donde circula aproximadamente el 20% del consumo mundial de petróleo, unos 20 millones de barriles diarios. Cualquier interrupción prolongada en esta vía marítima afectaría directamente la seguridad energética del gigante asiático.

La volatilidad ya se ha reflejado en los mercados financieros, con caídas en las bolsas asiáticas ante el temor de una escalada regional. China ha exigido garantías para la libre navegación en la zona, evidenciando que su principal interés es la estabilidad que garantice el comercio.

Alianzas estratégicas sin intervención militar

Irán forma parte desde 2023 de la Organización de Cooperación de Shanghái y desde 2024 del grupo BRICS ampliado, plataformas donde China impulsa un orden multipolar alternativo al liderazgo occidental.

Pese a la retórica de “asociación estratégica integral” y al acuerdo de cooperación de 25 años firmado en 2021, Beijing ha evitado comprometer apoyo militar directo a Teherán. Su postura se mantiene en el terreno diplomático: defensa del derecho internacional, respaldo al uso pacífico de la energía nuclear bajo el Tratado de No Proliferación y rechazo a la proliferación de armas atómicas en la región.

Estabilidad por encima de confrontación

La transición política iraní tras la muerte de Jameneí añade incertidumbre. China ha activado canales de comunicación con las autoridades interinas, incluido el presidente Masoud Pezeshkian, con el objetivo de garantizar la continuidad de los acuerdos energéticos y comerciales.

Para Beijing, un Irán desestabilizado o un eventual conflicto ampliado en Medio Oriente implicaría riesgos económicos significativos: interrupciones en rutas marítimas, alza en los precios del crudo y posibles sanciones secundarias.

En consecuencia, la estrategia china no apunta a la confrontación directa, sino a la preservación de un equilibrio que le permita asegurar el suministro energético y proteger sus inversiones.

Más que una alianza ideológica, la relación entre el dragón y el león persa es una simbiosis pragmática, donde el petróleo sigue siendo el verdadero motor de la diplomacia.