Por Alonso Rosales
La toma de la isla de Perim —también conocida como Mayyun— por los hutíes de Yemen representa un nuevo y significativo giro en la crisis de Medio Oriente. El movimiento, alineado con Irán, ha ampliado su presencia hasta uno de los puntos marítimos más sensibles del planeta: el estrecho de Bab el-Mandeb, puerta de entrada al mar Rojo desde el golfo de Adén.
Fuentes del Gobierno yemení confirmaron este viernes que las fuerzas hutíes alcanzaron la isla después de la retirada de tropas gubernamentales. El avance se produjo después de la captura de la ciudad portuaria de Mocha y del distrito de Dhubab, consolidando una progresión territorial a lo largo de la costa occidental de Yemen. Reuters informó que el movimiento podría otorgar a Irán una ventaja adicional en su enfrentamiento con Estados Unidos al amenazar una segunda gran ruta internacional de transporte energético.
La importancia de Perim no reside únicamente en su tamaño. La isla se encuentra en el centro de Bab el-Mandeb y divide el estrecho en dos corredores de navegación. Su posición proporciona una ventaja geográfica para vigilar y, potencialmente, amenazar el tránsito marítimo entre el océano Índico, el mar Rojo y, posteriormente, el canal de Suez.
Esto adquiere una dimensión extraordinaria porque el estrecho de Ormuz, ubicado en el extremo opuesto de la península arábiga, permanece gravemente afectado por la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán. La posibilidad de que las fuerzas alineadas con Teherán tengan capacidad de presión sobre ambos corredores crea una situación inédita para los mercados energéticos y para las cadenas internacionales de suministro.
No significa necesariamente que Irán controle directamente Bab el-Mandeb. Teherán niega ejercer control militar sobre los hutíes. Sin embargo, el respaldo iraní al movimiento y la coincidencia estratégica de intereses hacen que cualquier expansión hutí tenga repercusiones mucho más allá del territorio yemení.
El principal afectado inmediatamente por este nuevo escenario es Arabia Saudita.
El reino ha utilizado durante la crisis la infraestructura del oleoducto Este-Oeste para trasladar parte de sus exportaciones hacia el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, evitando así la dependencia del estrecho de Ormuz. Pero el avance hutí hacia Bab el-Mandeb introduce una nueva vulnerabilidad.
Imágenes satelitales analizadas por Reuters mostraron humo cerca de esa infraestructura estratégica saudita, aunque Riad no confirmó que se hubiera producido un ataque contra el oleoducto. La cautela de las autoridades sauditas refleja precisamente la sensibilidad del momento: cualquier interrupción significativa de las rutas alternativas podría reducir todavía más la capacidad del mayor exportador mundial de petróleo para colocar su producción en los mercados internacionales.
La situación explica también por qué Arabia Saudita ha buscado nuevamente el respaldo estadounidense. Según Axios, el príncipe heredero Mohammed bin Salman solicitó al presidente Donald Trump ataques estadounidenses contra posiciones hutíes, mientras Washington intenta aumentar su apoyo a Riad sin involucrarse directamente en una nueva campaña militar de gran escala en Yemen.
Desde una perspectiva geopolítica, lo ocurrido en Perim debe interpretarse dentro de una confrontación mucho más amplia.
Yemen se ha convertido nuevamente en uno de los escenarios donde se cruzan los intereses de Irán, Estados Unidos, Israel, Arabia Saudita y otras potencias regionales. La guerra civil yemení, que durante años tuvo su propia dinámica, ahora se encuentra conectada con la disputa por el control de las rutas marítimas y energéticas de Medio Oriente.
El objetivo estratégico no necesariamente consiste en cerrar completamente Bab el-Mandeb. Los hutíes han afirmado que la navegación continúa siendo segura para las compañías navieras, aunque mantienen una prohibición contra los buques sauditas. Su portavoz militar, Yahya Saree, advirtió además que el grupo responderá a los bloqueos con bloqueos y a la escalada con escalada.
Esta posición introduce una diferencia importante: el grupo puede utilizar la amenaza sobre el tráfico marítimo como instrumento de presión política sin necesidad de declarar un bloqueo absoluto.
Los mercados ya están reaccionando ante la posibilidad de una reducción adicional del suministro energético. Reuters reportó que el petróleo Brent volvió a superar los 100 dólares por barril en medio de la escalada regional.
El problema no se limita al petróleo.
El cierre o la inseguridad simultánea de Bab el-Mandeb y Ormuz tendría consecuencias sobre transporte marítimo, seguros, alimentos, combustibles, manufacturas y cadenas logísticas internacionales. Los barcos que eviten el mar Rojo tendrían que recurrir a rutas más largas alrededor del cabo de Buena Esperanza, aumentando costos, tiempos de transporte y consumo de combustible.
La experiencia de los ataques hutíes contra la navegación internacional en años anteriores demostró que incluso sin un cierre formal del estrecho, la percepción de riesgo puede ser suficiente para modificar las rutas comerciales.
La dimensión internacional del problema quedó reflejada también en las conversaciones entre el primer ministro indio Narendra Modi y el presidente iraní Masoud Pezeshkian.
India ha insistido en la necesidad de proteger la libertad de navegación, el comercio y la seguridad de las personas en el mar. Para Nueva Delhi, la situación resulta especialmente delicada porque el país depende de las rutas marítimas del océano Índico y del golfo Pérsico para una parte considerable de sus intercambios energéticos y comerciales.
Al mismo tiempo, Irán prepara para el 14 de septiembre una reunión en Omán con representantes de Irak y otros países árabes del golfo para discutir la seguridad de la navegación en el estrecho de Ormuz. La iniciativa demuestra que, incluso en medio de la confrontación militar, existe una preocupación regional por impedir que las rutas marítimas estratégicas queden completamente paralizadas.
La conquista de Perim modifica el mapa estratégico de la guerra.
Para los hutíes, controlar posiciones cercanas a Bab el-Mandeb significa disponer de una carta de presión extraordinariamente poderosa. Para Irán, la expansión de su aliado abre la posibilidad de aumentar el costo económico de la guerra sin necesariamente enfrentarse directamente con Estados Unidos en cada escenario.
Para Arabia Saudita, en cambio, significa que una de sus principales rutas alternativas para exportar petróleo queda expuesta a una amenaza adicional.
Y para Estados Unidos y sus aliados occidentales, el desafío es todavía mayor: proteger simultáneamente dos corredores marítimos separados por miles de kilómetros exige recursos militares, diplomáticos y logísticos considerables.
La cuestión central ahora no es únicamente quién controla Perim, sino qué hará cada actor con esa posición.
Si los hutíes consolidan su presencia en Bab el-Mandeb, la guerra podría entrar en una etapa en la que el control territorial de Yemen se transforme en una herramienta para ejercer presión sobre el comercio mundial. El petróleo, el transporte marítimo y las cadenas de suministro quedarían entonces vinculados directamente a la evolución del conflicto entre Irán y Estados Unidos.
La captura de una pequeña isla, por tanto, puede terminar teniendo consecuencias mucho mayores que su dimensión geográfica. Perim se encuentra en uno de los principales cuellos de botella del comercio internacional y, en el contexto actual, su valor estratégico puede convertirla en una de las piezas más importantes del nuevo tablero de poder de Medio Oriente
Fuente ,AP ,AXIOS, EFE , REUTERS