Por Alonso Rosales
El país vive días de incertidumbre. El conteo de votos para la presidencia avanza con cuentagotas, entre cortes abruptos, reversiones de resultados e interrupciones del sistema informático. Esta situación pone en evidencia no solo errores logísticos, sino problemas estructurales que erosionan la confianza ciudadana, y comprometen —desde ya— la legitimidad del eventual ganador.
Principales irregularidades y señales de alerta
Lo que está en juego: legitimidad y confianza
Cuando un proceso electoral se desarrolla con tantas pausas, reversiones y denuncias —y justo cuando los márgenes son estrechos—, el resultado deja de ser solo un número para convertirse en un signo de duda. En este contexto, inevitablemente surgen preguntas que van más allá de los votos:
La transparencia no puede ser una promesa: debe ser un proceso claro, predecible, verificable. Pero cuando la institucionalidad electoral parece tambalear, la certeza —esencial en democracia— se vuelve una mercancía escasa.
Las consecuencias de un vencedor sin consenso
Si el resultado final favorece a uno de los contendientes —con un margen estrecho, tras tantos tropiezos y denuncias—, ese “ganador” nacerá con una sombra importante: la de la sospecha. Esa sospecha puede alimentar impugnaciones, polarización, desconfianza institucional y hasta protestas.
Más grave aún: más allá del resultado concreto, el problema va al corazón de la democracia hondureña. Las elecciones no solo entregan cargos; legitiman gobernantes ante la ciudadanía. Pero si ese acto se percibe como falible —o peor, amañado—, la legitimidad se disuelve antes de empezar.
¿Qué se necesita para restaurar la confianza?
Que el CNE divulgue —sin filtros ni demoras— todas las actas físicas y los detalles del escrutinio: transmisión, recuento, actas impugnadas.
Que se permita una auditoría independiente (quienes la soliciten, como partidos o veedores) sobre el sistema técnico usado y los procedimientos de conteo.
Que se garantice un escrutinio claro, completo, abierto y verificable, hasta el final.
Que los resultados se acepten de buena fe —no solo por los candidatos, sino por la ciudadanía— solo después de un recuento transparente y de un pronunciamiento oficial del CNE.
El retraso, los apagones, las reversiones y las denuncias de irregularidades no son errores menores: son grietas profundas en el edificio de la democracia. De no repararse con transparencia y responsabilidad, cualquier ganador quedará marcado desde el principio.
Honduras está ante un momento decisivo, no solo para elegir un presidente: para renovar —o perder— la confianza en sus instituciones. Que prevalezca la claridad y la valentía para rendir cuentas, y no la sombra de la duda. Fuentes . EFE , INFOBAE , EL HERALDO