Las grietas de la transparencia electoral en Honduras

Por Alonso Rosales

El país vive días de incertidumbre. El conteo de votos para la presidencia avanza con cuentagotas, entre cortes abruptos, reversiones de resultados e interrupciones del sistema informático. Esta situación pone en evidencia no solo errores logísticos, sino problemas estructurales que erosionan la confianza ciudadana, y comprometen —desde ya— la legitimidad del eventual ganador.

Principales irregularidades y señales de alerta

  • Suspensiones intempestivas del conteo. El CNE detuvo la transmisión preliminar de resultados cuando apenas se había alcanzado poco más de la mitad de las actas escrutadas, declarando un “empate técnico” con 515 votos de diferencia entre los dos principales aspirantes.
  • Reversiones abruptas de resultados. Por momentos, el candidato Salvador Nasralla apareció por delante, incluso con una diferencia de cerca de 20.000 votos. Horas después, con nuevos datos, el aspirante Nasry Asfura retomaba la ventaja.
  • Fallas técnicas en el sistema de conteo. La empresa contratada para el sistema preliminar —identificada por algunas denuncias como una firma colombiana— habría registrado apagones, “mantenimiento sin aviso” y cambios inusuales en los datos.
  • Quejas formales de irregularidades. Nasralla denunció “errores graves” en más de 5.000 actas y solicitó un recuento físico, voto por voto, advirtiendo que de lo contrario, la voluntad ciudadana podría estar siendo alterada.
  • Margen mínimo y alta sensibilidad a cada acta. Con un conteo entre 84 % y 88 % de las actas, la diferencia ronda apenas los 20.000 votos, lo que significa que cada acta restante puede alterar el resultado —y por tanto, la percepción de legitimidad.

Lo que está en juego: legitimidad y confianza

Cuando un proceso electoral se desarrolla con tantas pausas, reversiones y denuncias —y justo cuando los márgenes son estrechos—, el resultado deja de ser solo un número para convertirse en un signo de duda. En este contexto, inevitablemente surgen preguntas que van más allá de los votos:

  • ¿Cómo garantizar que todos los votos fueron contados correctamente, sin omisiones ni manipulación?
  • ¿Por qué falló el sistema técnico —contratado, en teoría, para evitar errores humanos— en el momento decisivo?
  • ¿Será posible que, tras un escrutinio tan accidentado, los resultados definitivos sean reconocidos como válidos por todos los actores, y sobre todo por la ciudadanía?

La transparencia no puede ser una promesa: debe ser un proceso claro, predecible, verificable. Pero cuando la institucionalidad electoral parece tambalear, la certeza —esencial en democracia— se vuelve una mercancía escasa.

Las consecuencias de un vencedor sin consenso

Si el resultado final favorece a uno de los contendientes —con un margen estrecho, tras tantos tropiezos y denuncias—, ese “ganador” nacerá con una sombra importante: la de la sospecha. Esa sospecha puede alimentar impugnaciones, polarización, desconfianza institucional y hasta protestas.

Más grave aún: más allá del resultado concreto, el problema va al corazón de la democracia hondureña. Las elecciones no solo entregan cargos; legitiman gobernantes ante la ciudadanía. Pero si ese acto se percibe como falible —o peor, amañado—, la legitimidad se disuelve antes de empezar.

¿Qué se necesita para restaurar la confianza?

Que el CNE divulgue —sin filtros ni demoras— todas las actas físicas y los detalles del escrutinio: transmisión, recuento, actas impugnadas.

Que se permita una auditoría independiente (quienes la soliciten, como partidos o veedores) sobre el sistema técnico usado y los procedimientos de conteo.

Que se garantice un escrutinio claro, completo, abierto y verificable, hasta el final.

Que los resultados se acepten de buena fe —no solo por los candidatos, sino por la ciudadanía— solo después de un recuento transparente y de un pronunciamiento oficial del CNE.

El retraso, los apagones, las reversiones y las denuncias de irregularidades no son errores menores: son grietas profundas en el edificio de la democracia. De no repararse con transparencia y responsabilidad, cualquier ganador quedará marcado desde el principio.

Honduras está ante un momento decisivo, no solo para elegir un presidente: para renovar —o perder— la confianza en sus instituciones. Que prevalezca la claridad y la valentía para rendir cuentas, y no la sombra de la duda. Fuentes . EFE , INFOBAE , EL HERALDO