Las grandes fortunas estadounidenses y sus vínculos empresariales con la Alemania Nazi

Por Alonso Rosales

La historia de las relaciones entre grandes empresas estadounidenses y la Alemania de Adolf Hitler constituye uno de los capítulos más controvertidos de la economía internacional del siglo XX. Desde finales de la década de 1920 y durante los años treinta, compañías estadounidenses mantuvieron inversiones, acuerdos tecnológicos, contratos y operaciones comerciales con empresas alemanas que, después de 1933, quedaron progresivamente integradas en la economía del régimen nazi.

Los documentos oficiales estadounidenses desclasificados permiten reconstruir parte de esa compleja relación. Sin embargo, también obligan a evitar una interpretación simplista: no existe fundamento histórico para afirmar que las grandes familias empresariales de Estados Unidos, como grupo, fueran responsables de la llegada de Hitler al poder o que todas compartieran su ideología.

Lo que sí está documentado es que determinadas corporaciones estadounidenses mantuvieron relaciones económicas con empresas alemanas incluso después de la llegada de Hitler al poder y que algunas de esas relaciones involucraron tecnología, patentes, inversiones, materias primas y producción industrial que terminaron vinculadas a la economía de guerra alemana.

Un contexto económico anterior a Hitler

La relación económica entre Estados Unidos y Alemania no comenzó con el nazismo. Después de la Primera Guerra Mundial, Alemania necesitaba capital extranjero para estabilizar su economía y hacer frente a sus obligaciones financieras. Las empresas estadounidenses, por su parte, encontraron en el mercado alemán oportunidades de inversión.

Durante los años veinte se produjo una creciente integración entre empresas estadounidenses y alemanas mediante créditos, inversiones y acuerdos industriales.

Cuando Hitler llegó al poder en enero de 1933, muchas de esas relaciones empresariales ya existían. La diferencia fundamental fue que el régimen nazi comenzó a someter progresivamente la economía alemana a sus objetivos políticos, militares y raciales.

Los archivos estadounidenses muestran que las autoridades de Washington siguieron con atención las actividades de las compañías estadounidenses en Alemania.

Un documento del Departamento de Estado fechado el 18 de agosto de 1934, por ejemplo, registra que Standard Oil tenía un contrato con I.G. Farben para la distribución de combustibles líquidos producidos a partir de carbón. El documento demuestra que la relación comercial entre ambas estructuras empresariales era real y que las autoridades diplomáticas estadounidenses estaban informadas de ella.

Standard Oil e I.G. Farben

Uno de los casos más importantes fue la relación entre Standard Oil of New Jersey —parte del gigantesco imperio petrolero asociado históricamente con John D. Rockefeller— e I.G. Farben, el enorme conglomerado químico alemán.

La relación incluía acuerdos relacionados con tecnología, combustibles sintéticos y patentes.

Los archivos del National Archives estadounidense contienen documentación de inteligencia sobre I.G. Farben y sus relaciones internacionales. En particular, los registros de la OSS describen documentos relativos a los vínculos de I.G. Farben con Ford Motor Company, Standard Oil Company, Bayer, General Aniline and Film Corporation e I.G. Chemie. También existen expedientes sobre acuerdos de patentes entre I.G. Farben y Standard Oil.

Esto resulta especialmente relevante porque I.G. Farben terminó siendo una de las empresas fundamentales de la economía de guerra nazi. La compañía produjo sustancias esenciales para el esfuerzo bélico alemán y estuvo involucrada en la utilización de trabajo esclavo.

Pero hay que establecer una distinción histórica: la existencia de acuerdos comerciales entre Standard Oil e I.G. Farben no demuestra que John D. Rockefeller fuera partidario del nazismo ni que la familia Rockefeller hubiera decidido financiar políticamente a Hitler.

La evidencia demuestra relaciones empresariales concretas, no una conspiración familiar general.

La familia Thyssen y el caso de Union Banking Corporation

Otro episodio ampliamente documentado involucra al industrial alemán Fritz Thyssen, uno de los primeros grandes empresarios alemanes que apoyaron políticamente a Hitler.

Los archivos estadounidenses contienen documentación relacionada con Union Banking Corporation (UBC) y los intereses vinculados a la familia Thyssen.

El National Archives registra la confiscación de todos los activos de Union Banking Corporation y derechos relacionados con Bank voor Handel en Scheepvaart y August Thyssen Bank. También conserva expedientes sobre valores pertenecientes a los herederos de August Thyssen y sus relaciones con Union Banking Corporation.

La importancia del caso radica en que entre los directivos estadounidenses relacionados con UBC se encontraba Prescott Bush, abuelo del presidente George W. Bush.

Sin embargo, afirmar simplemente que “Prescott Bush financió a Hitler” excede lo que los documentos permiten demostrar.

Lo que está documentado es que UBC estaba vinculada a intereses financieros de Thyssen y que sus activos fueron posteriormente objeto de medidas de confiscación estadounidenses durante la guerra.

Por tanto, el episodio debe entenderse como una relación financiera entre empresarios estadounidenses y capital alemán vinculado a Thyssen, no como prueba automática de que Prescott Bush fuera miembro del movimiento nazi.

Henry Ford: un caso diferente

El caso de Henry Ford presenta características distintas porque aquí no encontramos únicamente relaciones empresariales.

Ford tuvo una trayectoria públicamente documentada de antisemitismo.

A través de su periódico The Dearborn Independent, desde 1920 se difundieron artículos que acusaban falsamente a los judíos de controlar las finanzas, la política y otros sectores de la sociedad.

Los materiales fueron posteriormente recopilados bajo el título The International Jew y tuvieron una amplia circulación internacional.

Según el United States Holocaust Memorial Museum, la publicación tuvo una enorme influencia en los círculos antisemitas estadounidenses y europeos. En Alemania, la traducción del libro tuvo varias ediciones durante la década de 1920.

La influencia llegó directamente al entorno de Adolf Hitler.

En una entrevista de 1923 con el Chicago Tribune, Hitler elogió a Ford y manifestó su admiración por sus posiciones antijudías. Posteriormente, Hitler mencionó favorablemente a Ford en Mein Kampf y mantuvo un retrato del empresario estadounidense en su despacho.

Este elemento diferencia a Ford de otros empresarios estadounidenses cuyos vínculos con Alemania fueron fundamentalmente comerciales.

¿Por qué Hitler le concedió a Henry Ford la Gran Cruz del Águila Alemana?

La respuesta se encuentra en la combinación de prestigio industrial y afinidad con determinadas ideas antisemitas que Ford había difundido públicamente.

En 1938, cuando Henry Ford cumplió 75 años, Adolf Hitler le envió felicitaciones personales y le concedió la Gran Cruz de la Orden del Águila Alemana.

El Museo Conmemorativo del Holocausto de Estados Unidos la identifica como la máxima distinción que el gobierno alemán podía conceder a un ciudadano extranjero.

Por eso, la condecoración no puede interpretarse simplemente como un premio a la industria automotriz.

Ford era uno de los empresarios más famosos del mundo y había revolucionado la producción industrial mediante la fabricación en cadena. Pero, además, Hitler conocía sus publicaciones antisemitas y lo había convertido desde años antes en una figura de referencia dentro de determinados círculos políticos estadounidenses y europeos.

La condecoración de 1938 fue, por tanto, un reconocimiento político y propagandístico del régimen nazi a una personalidad extranjera que gozaba de enorme prestigio internacional y que había difundido ideas coincidentes con el antisemitismo nazi.

Ford-Werke y la economía de guerra

La relación entre Ford y Alemania tampoco puede analizarse únicamente desde el punto de vista ideológico.

La filial alemana Ford-Werke, ubicada en Colonia, continuó funcionando bajo el régimen nazi y terminó produciendo vehículos fundamentales para la economía de guerra alemana.

Los documentos estadounidenses de inteligencia conservados en los National Archives son especialmente importantes en este punto.

Un informe de 1943 describía la importancia de Ford-Werke como productor de camiones para Alemania. Otros informes de 1944 registraban la producción de Ford en la Europa controlada por el Eje y señalaban que Ford-Werke ejercía control sobre la producción de la organización Ford en territorios europeos bajo dominio nazi.

Los archivos también documentan informes sobre Ford-Werke, sus instalaciones, producción, trabajadores extranjeros y daños provocados por los bombardeos aliados.

El Museo del Holocausto de Estados Unidos señala que Ford-Werke utilizó trabajadores forzados, incluidos prisioneros de guerra y prisioneros de campos de concentración. También cita un informe del Ejército estadounidense de septiembre de 1945 que calificó a Ford-Werke como un “arsenal del nazismo”.

Pero existe una precisión fundamental: según la misma fuente, durante la guerra Ford-Werke quedó bajo control directo del gobierno nazi y Henry Ford ya no tenía influencia efectiva sobre las operaciones de la planta.

Esto permite distinguir entre la responsabilidad histórica de una corporación, las decisiones tomadas por administradores locales y la responsabilidad personal de Henry Ford.

¿Qué revelan realmente los archivos desclasificados?

Una parte importante de la discusión contemporánea procede de documentos que fueron desclasificados décadas después de los acontecimientos.

Aquí es necesario realizar una precisión cronológica que suele perderse en las publicaciones de internet.

La CIA fue creada en 1947.

Por ello, no existen “documentos de la CIA de 1933” que hayan sido producidos por la CIA sobre las empresas estadounidenses que negociaban con Hitler.

Lo que sí existe es una enorme cantidad de documentación de la OSS, el Departamento de Estado, el Tesoro, el Ejército estadounidense y otras agencias, que posteriormente fue desclasificada y puesta a disposición del público, incluyendo colecciones disponibles a través del CIA Reading Room.

La propia CIA mantiene una colección especial denominada Nazi War Crimes Disclosure Act, que contiene documentos desclasificados relacionados con crímenes de guerra nazis y las investigaciones estadounidenses posteriores.

También existen en los archivos estadounidenses documentos de inteligencia sobre los activos alemanes en el exterior, las relaciones empresariales internacionales y las estructuras utilizadas para proteger o transferir bienes alemanes.

Los archivos de la OSS, por ejemplo, contienen investigaciones sobre activos alemanes ocultos, patentes de I.G. Farben, operaciones de Standard Oil y las relaciones económicas internacionales de compañías alemanas.

Los documentos sobre Ford después de la guerra

Los archivos estadounidenses contienen una cantidad considerable de información sobre Ford-Werke.

Los National Archives conservan expedientes específicos de Ford-Werke AG, incluyendo informes de control de propiedades posteriores a la guerra.

También existen expedientes de inteligencia relacionados con Ford-Werke dentro de los registros de la OSS y del gobierno estadounidense. Uno de los documentos de mayo de 1945, por ejemplo, analiza Ford Motor RT en Budapest y menciona el empleo de neutrales como posibles mecanismos para proteger activos empresariales.

Estos documentos son importantes porque muestran que las autoridades estadounidenses no estaban simplemente interesadas en saber qué producían las empresas alemanas; también investigaban cómo sobrevivían, transferían o protegían sus activos y estructuras empresariales después del colapso del Tercer Reich.

¿Existió una “alianza” entre las familias ricas de Estados Unidos y Hitler?

La evidencia histórica disponible no permite sostener seriamente que existiera una alianza única y coordinada entre las grandes familias estadounidenses y Adolf Hitler.

La realidad fue mucho más compleja.

Existieron empresarios que mantuvieron negocios con Alemania por razones comerciales. Existieron empresas estadounidenses que tuvieron acuerdos tecnológicos con conglomerados alemanes. Existieron bancos que estuvieron relacionados con capital alemán. Existieron empresarios que mostraron simpatías por movimientos autoritarios o antisemitas.

Y también existieron empresarios y compañías estadounidenses que posteriormente participaron decisivamente en la movilización industrial que derrotó a Alemania.

De hecho, la propia Ford Motor Company en Estados Unidos desempeñó un papel considerable en la producción industrial estadounidense durante la guerra contra las potencias del Eje.

Por eso, sería históricamente incorrecto convertir todos esos episodios en una sola narrativa de conspiración.

El problema de separar economía e ideología

El principal valor de estos documentos no consiste en demostrar que “todos los ricos estadounidenses eran nazis”. Su importancia es diferente.

Demuestran que los intereses económicos internacionales continuaron operando incluso cuando el sistema político alemán se estaba transformando en una dictadura totalitaria.

En los años iniciales del régimen nazi, algunos empresarios extranjeros pudieron considerar que Hitler representaba estabilidad, crecimiento económico o una barrera frente al comunismo.

Posteriormente, el carácter criminal del régimen se hizo cada vez más evidente: persecución de los judíos, eliminación de las libertades políticas, rearme, expansión territorial, deportaciones y finalmente exterminio sistemático.

La cuestión histórica fundamental pasa entonces a ser otra:

¿Hasta qué momento puede un empresario afirmar que está haciendo simplemente negocios cuando el régimen con el que negocia utiliza esos recursos para construir una maquinaria de guerra y persecución?

Esa pregunta continúa siendo objeto de debate entre historiadores.

Conclusión

Los documentos estadounidenses desclasificados permiten establecer una conclusión equilibrada.

Durante las décadas de 1920 y 1930 existieron relaciones económicas reales entre importantes empresas estadounidenses y compañías alemanas que posteriormente quedaron incorporadas al sistema económico nazi.

Standard Oil mantuvo acuerdos con I.G. Farben; Union Banking Corporation estuvo relacionada con intereses de la familia Thyssen; Ford-Werke produjo vehículos para la economía de guerra alemana y utilizó trabajadores forzados.

Pero ninguno de estos hechos permite afirmar, sin pruebas adicionales, que todas las familias empresariales estadounidenses compartieran el proyecto político de Hitler o que existiera una conspiración organizada para llevarlo al poder.

El caso de Henry Ford es particularmente significativo porque combina tres dimensiones: poder industrial, relaciones empresariales con Alemania y una trayectoria pública de antisemitismo.

La decisión de Hitler de concederle en 1938 la Gran Cruz de la Orden del Águila Alemana, la máxima distinción alemana para un extranjero, no fue casual. Ford había sido admirado por Hitler desde los años veinte y sus publicaciones antisemitas habían alcanzado una importante difusión en Alemania.

La documentación de los archivos estadounidenses añade una segunda dimensión: mientras el Ford de Estados Unidos participaba posteriormente en la producción industrial de los Aliados, su filial alemana operaba dentro de la economía nazi y llegó a utilizar trabajadores forzados.

La historia, por tanto, no puede reducirse a una frase como “los empresarios estadounidenses financiaron a Hitler”. La evidencia es más incómoda y más interesante: el capitalismo internacional, las inversiones, las patentes y los intereses empresariales continuaron atravesando las fronteras políticas incluso durante el ascenso del nazismo.

Precisamente por eso, estudiar los documentos originales resulta más importante que repetir acusaciones o defensas construidas décadas después.

Fuentes documentales y bibliografía consultada

  1. United States Holocaust Memorial Museum (USHMM), Holocaust EncyclopediaAntisemitism and Henry Ford’s “The International Jew”. Documentación sobre las publicaciones antisemitas de Ford, su influencia en Alemania, la relación intelectual con Hitler y la concesión de la Gran Cruz de la Orden del Águila Alemana en 1938.
  2. U.S. National Archives and Records Administration (NARA), RG 226 — Records of the Office of Strategic Services (OSS). Expedientes de inteligencia económica sobre Ford-Werke, I.G. Farben, Standard Oil, activos alemanes y relaciones empresariales internacionales.
  3. U.S. National Archives, RG 131 — Office of Alien Property. Expedientes sobre activos alemanes confiscados durante la guerra, incluyendo Union Banking Corporation, Bank voor Handel en Scheepvaart, August Thyssen Bank e intereses de I.G. Farben.
  4. U.S. National Archives, RG 260 — Military Government Records. Expedientes de control de propiedades relativos a Ford Werke AG después de la guerra.
  5. U.S. National Archives, RG 84 — Records of Foreign Service Posts. Expedientes sobre Ford Werke, I.G. Farben, activos alemanes y operaciones de Safehaven.
  6. U.S. Department of State, Office of the Historian, Foreign Relations of the United States, 1934. Comunicación del embajador William E. Dodd sobre las actividades de Standard Oil en Alemania y su contrato con I.G. Farben para la distribución de combustibles producidos a partir de carbón.
  7. CIA Reading Room — Nazi War Crimes Disclosure Act Special Collection. Documentos históricos desclasificados relativos a investigaciones estadounidenses sobre crímenes de guerra nazis y estructuras vinculadas al régimen.
  8. CIA Reading Room — Project Paperclip / Nazi War Crimes Disclosure Act collections. Colecciones de documentos históricos desclasificados relacionados con investigaciones estadounidenses posteriores a la Segunda Guerra Mundial.