Por Susana Reyes
I
Hubo en casa un calendario
aprendiz de salero en mesa pobre.
Ahí los dedos concurrían curiosos
y curtidos de sol.
II
Un florero de madera
exhibiendo gorgojos curiosos
floreciendo sin tiempo
entre el olvido y el humo.
III
Afuera se marchitaron los corteses.
Frente a la casa ya no pasan los ríos
y cuando el sol calienta
dormitan los perros sin ilusión.
Nosotros todavía estamos bien.
IV
Cuando volvás, ya no preguntés
por aquella casa.
Ya no pidás que te dejen frente a su puerta,
para ver los balcones con San Carlos en flor
y reírte de lo tonta que eras
por tenerle miedo a la gárgola de piedra,
por pensar que dentro
se paseaba la muerte
quién sabe qué otro fantasma.
Cuando volvás, preguntá por un parqueo,
por un centro comercial
por un moderno edificio.
No te preocupés,
todavía tengo aquella foto
de niños sentados en el alféizar