Crédito France 24
Por Redacción ContraPunto
La izquierda y el centroizquierda suecos se encaminan a recuperar el poder tras las elecciones parlamentarias celebradas este domingo, en una jornada que puede representar un giro significativo en la política del país nórdico y un revés para la derecha y la extrema derecha.
Las primeras encuestas a pie de urna difundidas por la televisión pública SVT sitúan al bloque de centroizquierda, encabezado por el Partido Socialdemócrata de la ex primera ministra Magdalena Andersson, con alrededor del 51,3 % de los votos, frente al bloque de derecha, que obtiene cerca del 49,6 %. La proyección inicial otorga al centroizquierda aproximadamente 183 de los 349 escaños del Parlamento, por encima de los 175 necesarios para alcanzar la mayoría.
Sin embargo, el escenario todavía permanece abierto. Con una parte del voto oficial escrutado, las proyecciones muestran una diferencia mucho más estrecha entre ambos bloques, por lo que las negociaciones posteriores a la elección serán determinantes para definir la formación del próximo Gobierno.
La principal figura de esta jornada es Magdalena Andersson, líder socialdemócrata y primera ministra entre 2021 y 2022. Su partido vuelve a colocarse como la fuerza política más votada, con una estimación cercana al 28,4 %, consolidando su posición como el principal partido del Parlamento sueco.
La eventual vuelta de Andersson al Gobierno significaría el regreso de la socialdemocracia al poder después de cuatro años de administración conservadora encabezada por Ulf Kristersson.
La campaña estuvo marcada por asuntos que han adquirido especial importancia para el electorado sueco: seguridad, inmigración, inflación, educación, salud pública y el futuro del Estado de bienestar.
Los socialdemócratas buscaron combinar una política económica orientada a fortalecer los servicios públicos con una posición migratoria que, pese a ser menos dura que la de la extrema derecha, también se ha endurecido respecto de etapas anteriores. Andersson ha planteado, entre otras medidas, incrementar la contribución fiscal de los sectores de mayores ingresos y de los bancos para financiar el bienestar social.
Uno de los elementos más relevantes de la elección es el comportamiento de los Demócratas de Suecia, formación nacionalista y antiinmigración que durante los últimos años se convirtió en un actor fundamental de la política nacional.
El partido apoyó desde fuera al Gobierno de Kristersson y ejerció una considerable influencia sobre la agenda migratoria y de seguridad. Ahora, las primeras proyecciones apuntan a un retroceso respecto de su resultado anterior, aunque continúa siendo una de las principales fuerzas políticas del país.
La posibilidad de que los Demócratas de Suecia ingresaran formalmente al Gobierno fue uno de los grandes temas de la campaña. Kristersson había abierto la puerta a esa posibilidad en caso de que la derecha consiguiera mantenerse en el poder.
El resultado preliminar, por tanto, no solamente representa una competencia entre socialdemócratas y conservadores, sino también un referéndum político sobre el creciente peso de la extrema derecha en Suecia.
La eventual victoria del centroizquierda tendría una dimensión que va más allá de las fronteras suecas. En un momento en que distintos partidos de derecha y extrema derecha han ganado terreno en Europa, un triunfo de los socialdemócratas constituiría una señal de recuperación para las fuerzas progresistas europeas.
No obstante, Andersson deberá afrontar un complejo proceso de negociaciones. El bloque progresista reúne partidos con posiciones diferentes en materia económica, migratoria y de alianzas parlamentarias. El Partido de la Izquierda reclama participación en un eventual Gobierno, mientras que el Partido del Centro mantiene reservas frente a una alianza que incluya a la izquierda.
La jornada electoral, por ello, no termina con el cierre de las urnas. Comienza ahora una etapa de negociaciones que determinará si la ventaja obtenida por el centroizquierda se convierte efectivamente en un nuevo Gobierno encabezado por Magdalena Andersson.
Por el momento, el mensaje político de las urnas es claro: la derecha sueca enfrenta un retroceso y la socialdemocracia vuelve a colocarse a las puertas del poder.