Por Alonso Rosales
La reciente escalada entre Estados Unidos e Irán, sumada al involucramiento de Hezbolá, ha encendido alarmas internacionales sobre la posibilidad de un conflicto de mayor escala. Las declaraciones cruzadas, el aumento de bajas militares y civiles, y las advertencias de represalias globales dibujan un escenario de alta tensión geopolítica.
El jefe del Estado Mayor Conjunto estadounidense informó sobre la muerte de seis militares en ataques vinculados al conflicto, mientras la Media Luna Roja reporta 555 víctimas en territorio iraní, incluyendo 148 de menores fallecidos en un ataque contra una escuela. Por su parte, la Guardia Revolucionaria Islámica advirtió que sus enemigos “no estarán seguros en ningún lugar del mundo ni en sus hogares ”, elevando el tono de las amenazas.
En Europa, el presidente Emmanuel Macron anunció el refuerzo del arsenal nuclear de Francia como medida de disuasión ante la creciente inestabilidad internacional. Desde Washington, el secretario de Defensa Pete Hegseth declaró que no se descarta el envío de tropas al terreno, una afirmación que reaviva temores sobre una intervención directa.
¿Cuánto podría durar esta guerra?
La duración de un conflicto de estas características depende de múltiples factores:
¿Hacia dónde nos conduce?
Una guerra prolongada entre Estados Unidos e Irán, con implicaciones nucleares y participación indirecta de aliados, podría provocar:
Sin embargo, la historia demuestra que incluso en momentos de máxima tensión, los actores internacionales suelen calibrar cuidadosamente sus movimientos para evitar un conflicto nuclear directo. La disuasión sigue siendo un elemento central en la política internacional contemporánea.
Más que una guerra mundial inminente, el escenario más probable, según antecedentes históricos comparables, sería un conflicto indirecto prolongado con episodios de alta intensidad y posteriores intentos de negociación.