LA FED no puede ser politizada

Por Alonso Rosales, analista internacional

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump despidió el lunes a Lisa Cook, gobernadora de la Reserva Federal (Fed), bajo la acusación de un supuesto fraude. La medida ha generado un terremoto político y económico, ya que en los 111 años de historia de la Fed jamás un presidente había destituido a un miembro de la Junta de Gobernadores de manera directa.

La Reserva Federal es considerada uno de los pilares de la estabilidad económica global, y su independencia respecto al poder político ha sido clave para sostener la confianza de los mercados. El despido de Cook ocurre, además, en un momento en que Trump intensifica sus presiones públicas sobre la institución para que reduzca las tasas de interés, lo que refuerza las sospechas de una motivación política detrás de la decisión.

Economistas y exfuncionarios de la Fed advirtieron que la medida sienta un precedente peligroso. “Si la Casa Blanca logra intervenir en la composición de la Junta para alinear decisiones monetarias con intereses electorales, la credibilidad de la Fed quedará gravemente dañada”, señaló un profesor de la Universidad de Georgetown consultado por The Washington Post.

Desde el Congreso, varios legisladores demócratas acusaron a Trump de “atentar contra la autonomía institucional” y anunciaron que impulsarán investigaciones sobre las supuestas razones del despido. Incluso algunos republicanos moderados manifestaron su incomodidad, conscientes de que la confianza de los inversionistas internacionales depende en gran medida de la imagen de independencia de la Fed.

Los mercados reaccionaron con volatilidad tras conocerse la noticia: el dólar retrocedió frente al euro y al yen, mientras que Wall Street abrió con pérdidas en el sector bancario. Analistas apuntan a que, más allá del impacto inmediato, lo más grave es el mensaje que envía la Casa Blanca al mundo: que la política monetaria de Estados Unidos podría estar subordinada a los vaivenes de la coyuntura electoral.

La Fed fue diseñada para ser un contrapeso técnico al poder político, blindada contra las presiones de turno. Que esa independencia se vea vulnerada representa no solo un riesgo interno para la economía estadounidense, sino también para el orden financiero internacional, cuyo epicentro sigue siendo Washington.