La coyuntura salvadoreña, escenarios posibles y opciones políticas

Por Ricardo Sol Arriaza

Un recurso que no debiera obviarse, tanto por razones éticas como estratégicas, lo es el análisis de coyuntura: ejercicio orientado a interpretar y comprender la realidad sociopolítica en un momento específico (la coyuntura). Para valorar la importancia de este recurso, es menester entender la política como algo que va mucho más allá de campañas electorales (aunque las comprenda) y del juego parlamentario reducido a un enfrentamiento retórico, generalmente descalificador del contrario, eventos en los que no se trasluce proyectos ni visión de futuro. Por paradójico que parezca, comprender la coyuntura es una  exigencia ineluctable, en tanto componente esencial para proyectar una estrategia a largo plazo, orientar e identificar las acciones hacia un proyecto y asumir un posicionamiento en el presente.

Desde esa perspectiva, para los actores políticos, nacionales e internacionales, como para los actores socioeconómicos, académicos y mediáticos, se vuelve unaresponsabilidad  ineludible profundizar en la actual coyuntura política salvadoreña, a mi juicio: Esa que se abre con la convocatoria a elecciones adelantadas de la presidencia, unida a la correspondiente a otros cargos de elección popular o directa. 

Soy consciente de que estoy poniendo énfasis en una cara del Acuerdo Legislativo, el otro tema es el de la reelección consecutiva, que ha sido debatido hasta la saciedad en los medios nacionales e internacionales.

Actualmente, desde el punto de vista de los actores políticos, El Salvador, se encuentra ante un dilema o contradicción que debe ser superada por el bien del país, es decir de sus ciudadanos.

Por una parte, el actual gobierno cuenta con la legitimidad que le asignan votaciones populares ciertas y mayoritarias. Éstas han colocado al Presidente Bukele, en dos ocasiones, al frente del Ejecutivo y le han otorgado una amplia mayoría en la Asamblea legislativa. En consecuencia, cuenta con la fuerza política necesaria para modificar leyes y nombrar, desde este último órgano, por las vías establecidas en la ley vigente, a otros órganos de del Estado, como el Poder Judicial. No obstante, requiere de legitimidad y de consolidar un nuevo pacto social que sustente en una legalidad que le dé estabilidad a la nueva realidad política que se configura y a su proyecto socioeconómico modernizante.

La otra cara de la contradicción se expresa en un sector beligerante, antagónico al Presidente Bukele e insatisfecho con su figura y su gobierno. Dicho sector cuenta con el apoyo de medios de comunicación nacionales e internacionales; agrupa a su vez a los partidos que fueron responsables de los gobiernos de posguerra civil, debilitados por el castigado electoral y, consecuentemente, con poca representación parlamentaria. Mantiene un discurso y campaña de deslegitimación, que reclama un apego a la legalidad del régimen político que sustentó la gobernabilidad del pasado. Este sector requiere de una profunda reconfiguración y de un proyecto que le de credibilidad y musculo político.

¿Será esta la encrucijada para superar tal antagonismo o contradicción, la oportunidad para dejar atrás esa discordia que tanto daño le hecho al país? Quiero pensar que sí, pero analicemos los posibles escenarios.

Dado el nivel de confrontación político que se percibe en los discursos, noticias y análisis que al respecto circulan, traigo a colación una máxima del Arte de la Guerra(atribuido a Sun Tzu, Siglo V a. C.), tratado clásico de estrategia militar que ha sido aplicado en política como enotros campos, en éste se sostiene que lo mejor, en una contienda, es “evitar colocar al contrario en situaciones sin salida, salvo cuando sea necesario forzar la lucha total”. Ese: salvo cuando sea necesario, no es solo un dilema ético, es, ante todo, un desiderátum estratégico, en la que el resultado esperado es incierto y queda colocado fuera de la voluntad de las fuerzas en disputa. Un análisis erróneo de la coyuntura antes identificada podría conducir al país, nuevamente, a un conflicto político caótico y socialmente degradante. 

Al colocar el énfasis en la coyuntura que se abre con la convocatoria a elecciones adelantadas no oculto que pretendo apelar a la conciencia ciudadana, con la esperanza de contribuir a que El Salvador fortalezca una ruta de esperanza colectiva y paz social. 

Dicho lo anterior, la lectura que propongo, de esta coyuntura, se sustenta en algunas proposiciones:  

Proposición 1. 

Partimos de que luego de largos años de conflicto y confrontación se torna perentorio, para El Salvador, apostarle a una etapa superior de su desarrollo socioeconómico para avanzar en la construcción de un régimen político capaz de conducir al Estado y a la sociedad salvadoreña hacia nuevas formas de convivencia y equidad social, que la sustraiga de aquella trayectoria de conflicto que la llevó a una etapa flagrante de marasmo y deterioro sociopolítico.  

Proposición 2,

Sostenemos que para lograr lo anterior urge dejar atrás la cultura de violencia que se ha afincado en la sociedad y particularmente en su clase política. 

Actualmente esta cultura de violencia se manifiesta en el lenguaje agresivo, en la desautorización del adversario, divide a la sociedad en buenos o malos, amigos o enemigos y recurre a visiones blanco o negro de los problemas sociales. Ese comportamiento tiene viejos orígenes: desde las primeras décadas de la vida independiente, en la lucha entre caudillos, pasando por el conflicto contemporáneo de insurgencia-contrainsurgencia, guerra civil y guerra fría para culminar en el excrecencia del crimen organizado, que sometió y humilló al Estado y prácticamente toda lo sociedad salvadoreña.

Proposición 3. 

En esta sostenemos la necesidad de ver esta coyuntura política desde otra perspectiva, si se quiere heurística, es decir que permita explorar enfoques o hipótesis nuevas, con la finalidad de identificar las mejores alternativas o rutas a seguir por los distintos sectores de la sociedad salvadoreña, dados los acuerdos legislativos del 31 de julio de 2025, en torno a la reelección presidencial y al adelanto y convocatoria a elecciones generales.

Los postulados anteriores nos conducen , ineludiblemente, a preguntas exploratorias: ¿desde qué perspectiva se puede analizar la coyuntura que se abre con los mencionados acuerdos? ¿Cuáles son las posibles rutas que se plantean? ¿Se puede aprovechar esta coyuntura para avanzar por el camino de la construcción de un régimen político que  conduzca al Estado y a la sociedad salvadoreña hacia nuevas formas de convivencia social, al desarrollo socioeconómico y a la resolución de las contradicciones que surgen de los intereses de los distintos actores sociales?

La cuarta proposición tiene un peso ético, pero a su vez pragmático.

Proposición 4. 

Sostenemos que lo que está en juego en esta coyuntura, desde una lectura sensata y responsable, es identificar el camino para superar una confrontación política sin salida. 

Este tipo de confrontación, degradante y estéril, en el pasado, condujo a la represión y la guerra civil, para luego caer en un régimen de élites políticas privilegiadas, de baja ética e incapaces de gobernar para beneficio de la sociedad en su conjunto.

En la actual coyuntura, ese tipo de antagonismo se perfila como  una amenaza de retorno al pasado, un pasado que la sociedad salvadoreña –y esto es innegable– ha rechazado, aprovechando las consultas electorales. 

Precisamente, una lectura propositiva de la actual coyuntura, como la que proponemos, conduce a entenderla como una oportunidad, en tanto  tal opción electoral o mejor, por la consulta ciudadana, permite asumirse como un primer paso en la construcción de un régimen político de democracia plena. De hecho, se hace necesario entender que la democracia no es un estadio definido y estático, sino un proceso en permanente construcción y mejora del régimen político, en función de logros país, hacia un desarrollo socioeconómico, cultural y humano integral.

Frente a esta perspectiva, a la usanza de los análisis de coyuntura, presento algunos posibles escenarios: 

Escenario 1. 

Las fuerzas políticas de oposición y sus aliados internacionales reconocen y aceptan el desafío planteado en la actual coyuntura, se organizan en un partido sólido y participan en el proceso electoral para la elección presidencial, junto a las legislativas y municipales programadas por el tribunal electoral salvadoreño ( TSE) para el 28 de febrero de 2027. 

Es evidente que, con las reformas constitucionales aprobadas el 31 de julio de 2025, el Presidente Bukele y su partido, más allá de sus propios cálculos político –en este escenario– ponen en juego su proyecto de gobierno con el fin fortalecer y renovar su legitimidad; ya que, de ser ratificado en el mencionado proceso electoral, lograría la permanencia de dicho proyecto político y socioeconómico, legitimandolo nuevamente en la consulta popular. 

Aun cuando, en este primer escenario, dada la popularidad del Presidente Bukele, se considere poco probable la conquista del ejecutivo por la oposición, dicha posibilidad está abierta. También se puede afirmar con seguridad, dependiendo de cómo jueguen tales fuerzas políticas, que éstas tendrían la oportunidad de posicionar una plataforma estratégica, un programa de gobierno alternativo y mejorar la correlación de fuerzas en la Asamblea Legislativa y  en los gobiernos locales. 

Escenario 2. 

Las fuerzas contrarias al Proyecto del Presidente Bukele y sus aliados vulneran los sustentos de la actual gobernabilidad y logran desestabilizar el actual proceso generando una ruptura/crisis 

En escenario solo es posible a costo de un aumento de la conflictividad sociopolítica y seguramente de la confrontación violenta con injerencia internacional. Dada la historia de violencia política que arrastra la sociedad salvadoreña, con expresiones aún frescas, el abogar por una ruta insurreccional, como el golpe de Estado o la intervención extranjera resulta realmente grotesco e insensato. 

Aunque resulte extraño para ajenos, pero no para propios, el derecho a la insurrección se consagra en todas las constituciones desde 1886 y sigue vigente.  Es ésta una de las paradojas de la cultura política salvadoreña. El derecho constitucional y su jurisprudencias justifica más cómodamente la insurrección que el referéndum o la consulta popular.

No obstante, puede sostenerse que este escenario, aunque tiente a algunos simpatizantes, es muy improbable. A ello se contrapone el apoyo popular con que cuenta el gobierno actual; como también, su política de alianzas con relevantes actores empresariales y con las fuerzas armadas y policiales. A lo que se suma, la evidente armonía con el gobierno del actual Presidente de las Estados Unidos.

Escenario 3. 

Se abre un proceso de negociación/recomposición de cara a identificar posibles de acuerdos políticos internos, orientados hacia la conformación de un gobierno de transición, que sustituya al actual.

Aun cuando poco probable, en el análisis no es posible dejar de considerar este escenario. Su baja probabilidad se deriva de varios factores, entre ellos la desigual correlación de fuerzas entre los actores políticos en contienda. La oposición, aunque cuenta con el respaldo mediático de la gran prensa nacional e internacional y de algunos sectores académicos, no parece contar con aliadosen las fuerzas de seguridad ni en el sector empresarial y, aunque en su momento contaron con el apoyo del gobierno anterior de Estados Unidos, eso se ha revertido con la actual administración USA. 

Por otra parte, la actual oposición, tal como se expresa y comporta parece presa de una cultura política que sustenta sus raíces en la confrontación y el conflicto, más que en el diálogo y la construcción de un acuerdo país o un pacto social incluyente. Para algunos sectores, a juzgar por sus declaraciones y alegatos, resulta más sencillo manifestar su enojo por los acuerdos de la Asamblea Legislativa que abren la puerta a la reelección indefinida del Presidente de la República que ponderar y dar una respuesta seria y  sustantiva a la otra reforma constitucional incluida en el paquete –a la que hemos hecho referencia- la que reduce de manera excepcional el período del Presidente Bukele que originalmente iba de junio de 2024 a junio de 2029, adelantando su culminación a junio de 2027. Es decir que el mandato actual del Presidente Bukele, inicialmente proyectado para cinco años (2024–2029), ha sido formalmente reducido a tres años, culminará el 1 de junio de 2027 y, como se señaló, la elección presidencial, junto a las legislativas y municipales serán el 28 de febrero de 2027.  Fecha que ya, el tribunal electoral salvadoreño, TSE, ha bautizado como gran “Fiesta Electoral”.

En mi criterio, así analizada esta coyuntura,  la que se abre con la convocatoria a elecciones adelantadas de la presidencia, unida a la correspondiente a otros cargos de elección directa, resulta de enorme relevancia y abre las oportunidades que se sintetizan en los escenarios presentados. Siendo la vía electoral la que, sin lugar a duda, resulta más conveniente para la sociedad salvadoreña.

Para quienes se interesen en seguir mi razonamiento, permítanme ubicar mi inquietud ciudadana. La sociedad salvadoreña no ha tenido, si se revisa su historia,  en toda su vida republicana, oportunidad de madurar y consolidar un régimen democrático que rija los destinos del Estado. La oportunidad de conformar ese tipo de gobierno, luego de firmados los Acuerdos de Paz, fue rápidamente debilitada por alianzas entre las élites políticas que se enfrentaron en 20 años de guerra civil, con una muy poca convicción democrática. Ello condujo aquel experimento por la ruta de  la impunidad, la inseguridad ciudadana, la pérdida del control del Estado sobre el territorio ante el crimen organizado y la exclusión social; todo lo cual arrastró a amplios sectores sociales a la migración forzada. El colofón de ese período o experimento fue el rotundo rechazo por la vía electoral del aquel peculiar y suigéneris régimen bipartidista de ARENA/FMLN, actores queanteriormente estuvieron confrontados en la guerra civil.