Israel ante la “trampa estratégica”: tensiones con EE. UU. y presión interna contra Netanyahu

Por Alonso Rosales

La reciente escalada de tensiones en el sur del Líbano ha colocado a Israel en una situación compleja tanto en el plano militar como político. Según el diario Israel Hayom, un alto funcionario de seguridad israelí —cuya identidad no fue revelada— afirmó que las decisiones del presidente estadounidense Donald Trump han dejado al país en una “trampa estratégica”, generando incomodidad dentro del aparato de defensa.

De acuerdo con estas declaraciones, Israel enfrenta un dilema difícil: retirarse del sur del Líbano implicaría aceptar una derrota, mientras que avanzar militarmente está limitado por las presiones directas de Washington. Esta situación refleja hasta qué punto la dependencia estratégica con Estados Unidos condiciona las decisiones de seguridad israelíes.

El propio Trump habría pedido al primer ministro Benjamín Netanyahu actuar con mayor cautela y evitar ataques que dañen infraestructura civil, especialmente tras el alto el fuego anunciado el 16 de abril. Sin embargo, la continuidad de operaciones militares evidencia la fragilidad de ese acuerdo y la dificultad de contener el conflicto.

En este contexto, voces políticas han cuestionado la subordinación a Washington. El ex primer ministro Ehud Olmert ha insistido en que un líder israelí debe saber decir “no” a Estados Unidos cuando los intereses nacionales lo requieren, una postura que hoy cobra especial relevancia ante las restricciones impuestas por la Casa Blanca.

A la par de la presión externa, Netanyahu enfrenta una creciente crisis interna. En los últimos días, cientos de israelíes se han manifestado en ciudades como Tel Aviv y Jerusalén contra su gobierno, exigiendo cambios políticos y denunciando una erosión democrática. Estas protestas no solo responden a la gestión del conflicto en el Líbano, sino también a factores más profundos.

Uno de los principales motivos de descontento es el proceso judicial que enfrenta el primer ministro. Netanyahu está acusado de fraude, cohecho y abuso de confianza, cargos que él ha calificado como un “circo absurdo”, argumentando que deberían suspenderse debido al contexto de guerra. Para muchos ciudadanos, sin embargo, estos casos reflejan una crisis de liderazgo y de credibilidad institucional.

Además, la guerra contra Irán ha intensificado las críticas. Israel, junto con Estados Unidos, inició una ofensiva militar a gran escala en febrero de 2026, lo que ha provocado tensiones regionales y protestas tanto dentro como fuera del país. En territorio israelí, sectores de la población han salido a las calles para rechazar la guerra y exigir una salida diplomática, aunque en algunos casos las autoridades han limitado estas manifestaciones por razones de seguridad.

El propio Netanyahu ha defendido la ofensiva, asegurando que Israel tiene la capacidad de alcanzar objetivos dentro de Irán y que la seguridad nacional justifica estas acciones. Sin embargo, esta postura ha profundizado la polarización interna y ha alimentado la percepción de que el país está atrapado en múltiples frentes simultáneamente.

En conjunto, Israel atraviesa una coyuntura marcada por una triple tensión: restricciones estratégicas impuestas por su principal aliado, una guerra regional de alto riesgo y una creciente presión social contra su liderazgo. El resultado es un escenario incierto en el que el margen de maniobra de Netanyahu parece cada vez más limitado, tanto dentro como fuera del país.