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Por Alonso Rosales
Irán lanzó este sábado 5 de junio una serie de misiles balísticos y drones contra Bahrein y Kuwait, aliados estratégicos de Estados Unidos, en respuesta a ataques previos de fuerzas estadounidenses contra estaciones de radar iraníes. La acción ha elevado significativamente la tensión en el Golfo Pérsico y pone en riesgo la frágil tregua que se mantenía en la región.
De acuerdo con autoridades iraníes, los ataques estadounidenses se produjeron en la madrugada del sábado y tuvieron como objetivo instalaciones de vigilancia ubicadas en la isla de Qeshm y en las cercanías de Sirik. Teherán aseguró que estas infraestructuras cumplían funciones defensivas y garantizaban la seguridad de la navegación internacional, calificando la ofensiva como una violación directa del alto el fuego vigente desde el 8 de abril.
En respuesta, la Guardia Revolucionaria iraní afirmó haber atacado “bases enemigas en la zona”. Entre los objetivos señalados se encuentran la base aérea Ali Al Salem, en Kuwait, y la sede de la Quinta Flota de la Armada estadounidense en Bahrein. Sin embargo, el Comando Central de Estados Unidos (Centcom) indicó que no se registraron bajas entre su personal.
El propio Centcom informó que Irán lanzó siete misiles balísticos, de los cuales seis fueron interceptados y uno no logró impactar su objetivo. Además, fuerzas estadounidenses habían derribado previamente cuatro drones iraníes que se dirigían hacia el estrecho de Ormuz, una vía estratégica para el comercio energético mundial.
Las autoridades de Bahrein condenaron el ataque, calificándolo de “agresión flagrante”, mientras que Kuwait advirtió que estos hechos representan una “peligrosa escalada”. En Manama, capital bareiní, se reportaron explosiones y activación de sirenas antiaéreas. En Kuwait, también se escucharon detonaciones cerca del aeropuerto internacional, que días antes ya había sido blanco de otro ataque atribuido a Irán.
La población civil ha comenzado a sentir el impacto directo de la escalada. Testimonios desde Kuwait relatan escenas de pánico. “Nos despertamos con una explosión enorme. Mis hijos estaban aterrorizados y no pude calmarlos”, relató una residente.
Este nuevo episodio ocurre en medio de negociaciones estancadas entre Irán y Estados Unidos, que buscan transformar la tregua en un acuerdo duradero. Sin embargo, las tensiones persisten, agravadas por intereses geopolíticos, sanciones económicas y disputas militares en múltiples frentes.
El conflicto también tiene ramificaciones en otros países de la región. En Líbano, donde la violencia continúa pese a los intentos de cese al fuego, el Gobierno ha solicitado a Irán que deje de intervenir en sus asuntos internos. Paralelamente, esfuerzos diplomáticos liderados por Pakistán buscan mediar entre Teherán y Washington.
A nivel global, la crisis ha comenzado a impactar los mercados y a generar presión política en Estados Unidos, especialmente de cara a procesos electorales internos. La situación sigue siendo altamente volátil, con riesgo de una escalada mayor que podría afectar la estabilidad energética y de seguridad en todo el mundo.
Incluso el ámbito deportivo se ha visto afectado. La participación de la selección iraní en el próximo Mundial ha generado tensiones diplomáticas, luego de que Estados Unidos restringiera visados a parte de su delegación, lo que Teherán calificó como una injerencia política.
La situación en Medio Oriente continúa evolucionando rápidamente, mientras la comunidad internacional observa con preocupación el deterioro de la tregua y el aumento de las hostilidades.
Fuente: France 24