Crédito France 24
Por Alonso Rosales
El estrecho de Ormuz se ha convertido nuevamente en una de las principales cartas de presión geopolítica de Irán frente a Estados Unidos. Teherán ha dejado claro que la reapertura plena de esta estratégica vía marítima no dependerá únicamente de un acuerdo técnico con Omán, sino de que Washington acepte una serie de condiciones políticas, militares y económicas.
La situación es especialmente delicada porque por Ormuz circula aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de energía, lo que convierte cualquier interrupción prolongada del tráfico marítimo en un problema que trasciende al Medio Oriente y amenaza con repercutir sobre los precios internacionales del petróleo, el gas, los seguros marítimos y el transporte mundial.
La posición de Teherán se ha endurecido. Funcionarios iraníes han señalado que Estados Unidos debe modificar su política antes de que el estrecho pueda recuperar un tránsito normal.
Entre las principales exigencias iraníes se encuentran:
1. El fin del bloqueo naval estadounidense.
Teherán exige que Estados Unidos levante el bloqueo que afecta al transporte marítimo iraní. Para Irán, mantener fuerzas navales estadounidenses bloqueando sus puertos constituye una agresión y contradice los compromisos alcanzados anteriormente.
2. El fin de las amenazas y operaciones militares estadounidenses.
Irán reclama el cese de las acciones militares y de las amenazas contra su territorio. Para el gobierno iraní, no tiene sentido garantizar la navegación mientras continúan las amenazas de Washington de recurrir nuevamente a la fuerza.
3. El retiro de las fuerzas estadounidenses de la región.
Una de las demandas más difíciles de aceptar para Washington es la exigencia iraní de retirar las fuerzas militares estadounidenses desplegadas en la región. Esta condición convertiría la reapertura de Ormuz en parte de una negociación mucho más amplia sobre la presencia militar estadounidense en el Golfo Pérsico.
4. El levantamiento de las sanciones económicas.
Irán reclama el levantamiento de las sanciones estadounidenses que afectan a su economía, especialmente aquellas relacionadas con sus exportaciones de petróleo y sus transacciones financieras internacionales.
5. La liberación de los activos iraníes congelados.
Teherán también exige que sean descongelados fondos y activos iraníes bloqueados en el extranjero como consecuencia de las sanciones estadounidenses.
6. Compensaciones por los daños provocados por la guerra.
Irán reclama compensaciones económicas por los daños ocasionados durante las operaciones militares. Esta es probablemente una de las condiciones más complicadas políticamente para Washington, porque implicaría reconocer algún grado de responsabilidad y aceptar un costo económico derivado del conflicto.
Aquí se encuentra una de las claves de la actual crisis.
Irán y Omán están prácticamente en la fase final de un acuerdo destinado a establecer una nueva ruta marítima para atravesar el estrecho. Los dos países han trabajado sobre las coordenadas geográficas de una ruta y preparan un documento conjunto.
Sin embargo, Teherán insiste en que ese acuerdo no equivale automáticamente a la reapertura total del estrecho.
El ministro iraní de Exteriores, Abbas Araghchi, ha señalado que las conversaciones con Omán están en sus etapas finales, mientras que otros funcionarios iraníes han insistido en que la decisión definitiva sobre la reapertura depende de las condiciones políticas que Irán está planteando a Estados Unidos.
En otras palabras: Irán puede llegar a un entendimiento técnico con Omán y, aun así, mantener condicionada la apertura general de Ormuz.
El acuerdo que están negociando los dos países tiene una importancia enorme porque Irán y Omán son los dos Estados ribereños del estrecho.
Desde abril ambos gobiernos vienen estudiando diferentes mecanismos para garantizar el tránsito marítimo. Omán ha defendido públicamente una solución basada en la cooperación y en el derecho internacional.
El proyecto que ha avanzado durante las últimas semanas contempla establecer nuevos corredores marítimos para permitir el tránsito de buques y petroleros.
La cuestión fundamental es quién tendrá autoridad sobre esos corredores.
Una propuesta presentada por Omán buscaba establecer un mecanismo regional en el que ninguno de los dos países ejerciera un control absoluto sobre Ormuz. Según una propuesta reportada por Reuters, se planteaba un mecanismo conjunto inspirado parcialmente en el funcionamiento del estrecho de Malaca, incluyendo contribuciones voluntarias de los usuarios para financiar servicios de navegación, protección ambiental y búsqueda y rescate.
Irán, sin embargo, ha insistido en mantener una posición mucho más fuerte.
Funcionarios iraníes plantearon que uno de los carriles marítimos quedara completamente bajo control iraní y que Teherán también tuviera control sobre una parte del segundo carril. Esta posición fue presentada como una condición definitiva por Teherán.
La negociación más reciente parece haber avanzado hacia una fórmula intermedia.
Irán y Omán han alcanzado un entendimiento sobre las coordenadas geográficas de una nueva ruta marítima y trabajan en la redacción de un anuncio conjunto.
La fórmula permitiría organizar el tránsito mediante un corredor distinto de los canales tradicionales, buscando combinar las reclamaciones de soberanía iraní con la necesidad de mantener la navegación internacional.
Pero existe una diferencia fundamental entre Teherán y Washington.
Para Irán, la navegación debe realizarse respetando su soberanía y sus derechos sobre sus aguas territoriales. Para Estados Unidos, cualquier solución que otorgue a Irán capacidad para autorizar o controlar el paso de buques podría convertirse en un precedente inaceptable.
Omán ocupa una posición privilegiada para actuar como mediador.
El país mantiene relaciones con Irán y, al mismo tiempo, conserva vínculos estratégicos con Estados Unidos y otros países occidentales. Por esa razón, Mascate ha desempeñado históricamente un papel de intermediario en conflictos y negociaciones difíciles de Medio Oriente.
Además, Omán comparte con Irán la responsabilidad geográfica sobre las aguas del estrecho.
En junio, ambos gobiernos reafirmaron oficialmente su compromiso con el paso seguro por Ormuz, al mismo tiempo que defendieron sus derechos soberanos sobre sus respectivas aguas territoriales.
La diplomacia omaní busca, por tanto, una salida que permita recuperar la navegación sin convertir el estrecho en un territorio bajo control exclusivo de Irán o de Estados Unidos.
Otro elemento que ha aparecido durante las negociaciones es el posible cobro de una cantidad relacionada con los servicios prestados a los buques.
Irán ha rechazado caracterizarlo necesariamente como un “peaje” y ha hablado de mecanismos destinados a financiar servicios de seguridad, protección ambiental y navegación.
La propuesta regional presentada por Omán también contemplaba contribuciones voluntarias para financiar servicios marítimos. Sin embargo, cualquier sistema que permita a Irán cobrar directamente a los barcos que atraviesan Ormuz puede convertirse en otro punto de enfrentamiento con Washington.
Más allá del petróleo, lo que está en disputa es quién tendrá capacidad para controlar uno de los principales puntos de estrangulamiento del comercio energético mundial.
Irán quiere demostrar que no puede ser excluido de las decisiones sobre un estrecho frente a sus costas.
Estados Unidos, por el contrario, quiere garantizar que ningún país pueda convertir Ormuz en un instrumento de presión sobre el comercio internacional.
Omán intenta encontrar una fórmula intermedia.
Y el resto del mundo observa porque cualquier acuerdo que permita recuperar la navegación normal tendría efectos inmediatos sobre los mercados energéticos.
La reapertura del estrecho no debe interpretarse únicamente como un problema marítimo.
Para Irán, Ormuz es una herramienta de negociación. Teherán pretende utilizar su posición geográfica para obligar a Washington a discutir simultáneamente sanciones, presencia militar, compensaciones económicas, activos congelados y garantías de seguridad.
Por eso, las negociaciones con Omán pueden resolver el problema técnico de por dónde pasarán los barcos, pero no necesariamente el problema político de en qué condiciones Irán permitirá que el tráfico vuelva a la normalidad.
La propia posición iraní lo deja claro: el acuerdo con Omán es necesario, pero no suficiente.
La prolongación del cierre o de las restricciones sobre Ormuz representa un riesgo considerable.
Los países del Golfo dependen de este corredor para sacar petróleo y gas hacia los mercados internacionales. Asia, en particular, tiene una enorme exposición porque una parte importante de sus importaciones energéticas atraviesa esta zona.
Si el tránsito permanece restringido, el impacto puede trasladarse a los precios del petróleo, los combustibles, el transporte marítimo, los seguros y, posteriormente, al costo de bienes y servicios en numerosos países.
Por eso, la negociación entre Irán, Omán y Estados Unidos tiene una dimensión mundial.
La posibilidad existe, pero todavía no puede darse por garantizada.
El acuerdo entre Irán y Omán parece estar cerca de su conclusión en el aspecto técnico. Las coordenadas de una nueva ruta han sido acordadas y ambos gobiernos trabajan en los últimos detalles.
Pero Teherán mantiene una segunda condición: Estados Unidos debe modificar su política hacia Irán.
Mientras Washington no levante el bloqueo, reduzca las amenazas militares, avance sobre las sanciones, permita la liberación de activos iraníes y acepte discutir las compensaciones reclamadas por Teherán, Irán no considera resuelto el problema.
El resultado es una negociación en dos niveles: Omán e Irán intentan solucionar cómo navegar por Ormuz; Irán y Estados Unidos deben resolver por qué y bajo qué condiciones se permitirá esa navegación.
Y esa diferencia puede ser precisamente la razón por la que el acuerdo técnico con Omán avance mientras la reapertura completa del estrecho continúa pendiente.