Crédito France 24
Por Alonso Rosales
Teherán vivió este domingo una de las jornadas más multitudinarias de despedida al fallecido líder supremo, en el segundo día de ceremonias fúnebres marcadas por consignas de represalia y la notoria ausencia de su sucesor, Mojtaba Jamenei. Altos funcionarios del gobierno y tres hijos del ayatolá participaron en el rezo colectivo en la Gran Mezquita Mosalá, en una aparición pública que refleja una mayor sensación de seguridad tras el reciente conflicto con Estados Unidos e Israel.
Miles de personas, vestidas de negro y portando pancartas, llenaron completamente el recinto y sus alrededores desde tempranas horas. El sistema de transporte de la capital registró una afluencia extraordinaria, evidenciando la magnitud de la movilización popular. Durante la ceremonia, se rindió homenaje también a los familiares fallecidos en el ataque que acabó con la vida de Jamenei el pasado 28 de febrero.
Sin embargo, la ausencia de Mojtaba Jamenei volvió a generar incertidumbre. El nuevo líder, quien asumió el cargo en marzo, no ha aparecido públicamente desde entonces, en medio de versiones sobre su estado de salud tras haber resultado herido durante el ataque. Su falta de visibilidad contrasta con la presencia activa de otras figuras clave del aparato político y militar iraní.
El ambiente estuvo marcado por fuertes consignas contra Estados Unidos e Israel. Algunos asistentes expresaron abiertamente deseos de venganza, reflejando la tensión aún latente pese al alto el fuego vigente. Estas manifestaciones coinciden con la pausa temporal en las negociaciones diplomáticas, suspendidas mientras continúan las ceremonias.
El analista iraní Reza Mahdavi considera que “estas movilizaciones buscan consolidar la unidad interna y reforzar la legitimidad del nuevo liderazgo en un momento crítico para el país”. Por su parte, el experto turco en geopolítica Ahmet Demir señaló que “Irán intenta proyectar fortaleza hacia el exterior, pero la ausencia del sucesor genera dudas sobre la estabilidad real del poder”.
Las ceremonias continuarán en los próximos días con procesiones en Teherán y traslados a ciudades clave del mundo chiita, antes del entierro definitivo en Mashad. Este proceso no solo representa un acto de duelo nacional, sino también una demostración de fuerza política en medio de un escenario regional aún incierto.
Fuentes: AP, EFE, REUTERS