El arte que une fronteras ha perdido a una de sus miradas más profundas. El pasado 13 de mayo, falleció en Silver Spring, Maryland, la célebre artista, fotógrafa y educadora salvadoreña Muriel Hasbun, a los 65 años de edad. Su partida física cierra un capítulo dorado para la plástica contemporánea, dejando un vacío incalculable tanto en El Salvador como en la comunidad cultural hispana de los Estados Unidos.
Zarko Pinkas |
El arte que une fronteras ha perdido a una de sus miradas más profundas. El pasado 13 de mayo, falleció en Silver Spring, Maryland, la célebre artista, fotógrafa y educadora salvadoreña Muriel Hasbún, a los 65 años de edad. Su partida física cierra un capítulo dorado para la plástica contemporánea, dejando un vacío incalculable tanto en El Salvador como en la comunidad cultural hispana de los Estados Unidos.
Nacida en San Salvador en 1961, Hasbún creció en el seno de una familia de ricas complejidades multiculturales, al ser hija de un padre cristiano palestino y una madre francesa de origen judío polaco. Esta identidad híbrida y marcada por la diáspora se convirtió en el motor de su producción visual. A lo largo de su carrera, su lente desafió el olvido al explorar con extrema sensibilidad la memoria histórica, el trauma del conflicto armado salvadoreño, el desarraigo de la migración y los puentes generacionales.
El impacto de su propuesta visual rompió las fronteras centroamericanas para instalarse en la vanguardia global. Actualmente, sus piezas forman parte de las colecciones permanentes de las instituciones más exigentes del mundo, tales como el Museo de Arte Americano Smithsonian, el Whitney Museum of American Art, el International Center of Photography (ICP) en Nueva York y la Biblioteca Nacional de Francia. Su rigor conceptual la hizo acreedora de prestigiosos reconocimientos, entre ellos la beca Fulbright (2006-2008) y la beca de investigación del Smithsonian en 2014.
Más allá del cuarto oscuro, Hasbún entendió el arte como un acto de servicio y educación. Ejerció como Decana del Departamento de Fotografía del Corcoran College of Art and Design, un espacio que luego se integró a la Universidad George Washington, donde además fue nombrada profesora emérita. Desde las aulas, se transformó en una mentora incansable y en un pilar de apoyo fundamental para decenas de estudiantes y artistas latinos en territorio estadounidense.
Su labor como gestora cultural fue igualmente titánica. Fue pieza clave en la fundación del Salvadoran Cultural Institute (Casa de la Cultura El Salvador) y fundó la plataforma multimedia Laberinto Projects. A través de esta iniciativa, Hasbun rescató y protegió el patrimonio artístico producido durante la guerra civil salvadoreña, logrando que educadores y creadores del área metropolitana de Washington, D.C. conectaran de forma íntima con la historia y las raíces de El Salvador.
Con la muerte de Muriel Hasbún, la cultura salvadoreña pierde a una de sus embajadoras más luminosas en el extranjero, pero sobrevive un legado visual que seguirá sirviendo de brújula para entender la identidad transnacional.