Éxtasis nocturno

Y yo, entre luces rotas y calles vacías, encuentro tu nombre en mis propias agonías.

Por Zarko Pinkas-Ramírez

I

En la noche despierta mi pulso errante,

late el corazón como un templo delirante;

la ciudad respira humo, fiebre y rito,

y en cada sombra vibra un sueño maldito.

Pero yo avanzo, mago sin destino,

siguiendo el rastro amargo de mi propio camino.

II

Hay un vicio que arde cuando el alma gira,

un fulgor que me consume y que me inspira;

como un faro torcido me llama a su puerta,

promesa oscura de una calma incierta.

Y siento que mi mente se alza sin medida,

cuando la sangre canta y revive la vida.

III

Entonces te pienso: amor de humo y misterio,

eco tenue que cruza mi imperio;

la noche me ofrece su pacto prohibido,

mezcla de abismo, latido y ruido.

Y yo, entre luces rotas y calles vacías,

encuentro tu nombre en mis propias agonías.

IV

Y todo el universo se enciende en mi pecho,

una danza breve, violenta y sin derecho;

me elevo, caigo, vuelvo a nacer perdido,

soy peregrino del éxtasis vencido.

Que la noche me tome con sus dulces heridas,

pues en sus vicios encuentro mis vidas.