Estepardo interpreta a Caifanes, Soda Stereo y Héroes del Silencio: tres formas de entender la oscuridad en el rock en español

La presentación de Estepardo permitió volver a escuchar algunas de las canciones más importantes del rock en español y, al mismo tiempo, reflexionar sobre la profundidad literaria y filosófica de tres bandas que marcaron a varias generaciones.

Zarko Pinkas |

La presentación de Estepardo permitió volver a escuchar algunas de las canciones más importantes del rock en español y, al mismo tiempo, reflexionar sobre la profundidad literaria y filosófica de tres bandas que marcaron a varias generaciones.


Hay conciertos que se recuerdan por la calidad de los músicos. Otros por la energía del público. Algunos por la producción o por la cantidad de asistentes. Sin embargo, existen noches que terminan provocando algo diferente: una reflexión sobre las canciones mismas y sobre las ideas que han logrado sobrevivir al paso del tiempo.

Eso fue lo que ocurrió durante la presentación de Estepardo, banda que dedicó su repertorio a interpretar clásicos de Caifanes, Soda Stereo y Héroes del Silencio. El grupo realizó un trabajo sólido, con buenas interpretaciones, una selección acertada de canciones y una conexión constante con el público. El ambiente fue excelente y el lugar lució lleno durante gran parte de la jornada. Sin embargo, más allá de los aspectos musicales, la noche sirvió para recordar la enorme profundidad que todavía poseen muchas de estas composiciones.

Particularmente las de Caifanes.

Tenía cerca de veinte años de no escuchar varias de esas canciones en vivo. Soda Stereo es una banda que sigue apareciendo constantemente en radios, plataformas digitales y conversaciones sobre rock latinoamericano. Héroes del Silencio también mantiene una presencia importante gracias a la vigencia de Bunbury y a la influencia que la agrupación española continúa ejerciendo sobre nuevas generaciones. Pero Caifanes había quedado guardado en algún lugar de la memoria.

Y al escucharlo nuevamente comprendí algo que quizás no había logrado apreciar por completo cuando era más joven.

Caifanes podría ser una de las expresiones más auténticas de lo que podríamos llamar un gótico latinoamericano.

No hablo de la estética. No hablo de la ropa negra, de los peinados o de las fotografías promocionales. Hablo de las letras.

Cuando se menciona el rock gótico casi siempre se piensa en Europa. Se habla de Joy Division, Bauhaus o The Sisters of Mercy. Sin embargo, la oscuridad que habita en Caifanes tiene un origen diferente. No proviene de fábricas abandonadas ni de ciudades industriales cubiertas por la niebla. Proviene de una tradición cultural donde la muerte forma parte de la vida cotidiana y donde los muertos nunca terminan de marcharse completamente.

Mientras sonaba “Mátenme porque me muero”, fue imposible no pensar en Pedro Páramo de Juan Rulfo.

No porque la canción reproduzca la novela ni porque exista necesariamente una influencia directa. La relación es más profunda y al mismo tiempo más difícil de explicar. Ambas obras parecen habitar el mismo territorio emocional. Un espacio donde los vivos conversan con los recuerdos, donde los ausentes siguen presentes y donde la muerte no representa una frontera definitiva.

En la novela de Rulfo, Comala está llena de voces que continúan hablando después de haber muerto. En muchas canciones de Caifanes ocurre algo parecido. Los personajes parecen desplazarse en un mundo dominado por la ausencia, la nostalgia y una sensación permanente de extrañamiento.

Por eso “Mátenme porque me muero” sigue siendo una canción tan poderosa. Escuchada superficialmente podría parecer un tema sobre el desamor. Sin embargo, debajo de esa lectura existe algo mucho más complejo. La canción habla de una existencia herida, de un sujeto atrapado entre el deseo de desaparecer y la necesidad de seguir viviendo. No es únicamente una canción romántica. Es una canción existencial.

Quizás por eso ha sobrevivido durante décadas.

Soda Stereo, por otra parte, representa una oscuridad distinta. Escuchar nuevamente “En la ciudad de la furia” fue recordar que muchas de las preocupaciones contemporáneas ya estaban presentes en el rock latinoamericano de los años ochenta. La canción retrata a un individuo que observa la ciudad desde las alturas. Una ciudad inmensa, llena de movimiento, luces y actividad constante. Sin embargo, detrás de toda esa vitalidad se esconde una profunda sensación de aislamiento.

Hoy vivimos hiperconectados. Tenemos acceso inmediato a miles de personas y a cantidades casi infinitas de información. Aun así, la soledad continúa siendo uno de los grandes problemas de la vida moderna.

“En la ciudad de la furia” parece anticipar precisamente esa contradicción. La multitud no elimina la soledad. En ocasiones incluso la hace más evidente. Esa es una de las razones por las cuales la canción sigue resultando vigente décadas después de haber sido escrita.

Héroes del Silencio aporta otra dimensión a esta conversación.

No me considero un especialista en la obra de la banda española, pero durante la noche hubo una canción que llamó especialmente mi atención: “Héroe de Leyenda”. Más allá de la fuerza interpretativa, la composición plantea una reflexión interesante sobre la identidad y la imagen que construimos de nosotros mismos.

La canción parece moverse constantemente entre el mito y la fragilidad humana. Existe una tensión entre lo que el personaje quisiera representar y lo que realmente es. Esa lucha sigue siendo extraordinariamente actual en una época donde buena parte de la vida pública consiste en proyectar versiones idealizadas de nosotros mismos.

Tal vez por eso las canciones de estas tres bandas continúan generando interés muchos años después de haber sido grabadas. Porque hablan de cuestiones que no envejecen.

Tal vez por eso las canciones de estas tres bandas continúan generando interés muchos años después de haber sido grabadas. Sus letras siguen explorando asuntos universales como la muerte, la memoria, la identidad, la soledad y la búsqueda de sentido, temas que continúan acompañando al ser humano independientemente de la época en que viva.

Escuchar nuevamente estas canciones gracias al trabajo de Estepardo fue recordar que el rock en español produjo obras que pueden analizarse no solamente desde la música, sino también desde la literatura, la filosofía y la cultura. Y quizás esa sea la mejor prueba de su importancia. Las grandes canciones no sobreviven porque fueron populares. Sobreviven porque todavía tienen algo que decir.

El evento se realizó el 29 de mayo en la Zona Rosa, en el bar Republik.