San Salvador bajo el agua: una tragedia recurrente
Cada invierno las calles de San Salvador se transforman en ríos. Pero no es una catástrofe natural: es el colapso de una infraestructura olvidada.
Alcantarillas inoperantes: Según un estudio académico, apenas 4 de cada 10 alcantarillas funcionan correctamente. Más del 60 % de las calles más transitadas están en riesgo inminente cada temporada lluviosa, y desde 1992 ya no existe una entidad responsable del mantenimiento del sistema de drenaje primario y secundario.
Invisible en el mapa: En 2018 se detectó que en un área de 28,6 km² del Área Metropolitana de San Salvador (AMSS), la red de drenaje pluvial ni siquiera aparece en los catastros oficiales. Sin un mapeo completo, el Ministerio de Obras Públicas (MOP) no puede planear obras efectivas para mitigar inundaciones..
Capacidad hidráulica insuficiente: En eventos extremos —como la tormenta que cayó en sólo una hora el equivalente a 178 mm de lluvia— los drenajes colapsan por ser diseñados sólo para condiciones moderadas, no para lluvias violentas.
Basura y obstrucciones: Parte del desastre se debe también a la acumulación de residuos que tapan tragantes y tuberías. En San Salvador Centro, se recogen cerca de 28.380 toneladas de basura al mes; de esas, unas 508 toneladas provienen de ríos y quebradas, agravando el bloqueo del drenaje.
El pulmón verde que podría salvarnos
La Finca El Espino, en Antiguo Cuscatlán, actúa como una esponja natural para el AMSS: regula el clima, purifica el aire e infiltra agua de lluvia para prevenir correntadas e inundaciones.. Allí habitan más de 500 personas y se han identificado al menos 536 especies de flora y hasta 187 especies de aves..
Desde 2021, la ONG Procomes, junto a la comunidad local, construyó pozos y zanjas de infiltración que han reducido visibles correntadas durante lluvias intensas. No obstante, incluso esos sistemas naturales han sido sobrepasados por la intensidad de la reciente temporada de lluvias..
A pesar de estos beneficios ecológicos y urbanísticos, el Estado autorizó en julio de 2025 la construcción de un nuevo CIFCO en El Espino, deforestando al menos nueve manzanas de esta área de recarga hídrica. Ambientalistas advierten que esta decisión aumenta la vulnerabilidad ante fenómenos climáticos extremos.
Cientos de ciudadanos y ambientalistas han iniciado protestas y recolección de firmas para detener ese proyecto, proponiendo alternativas en otros terrenos como el contiguo al nuevo estadio de fútbol.
¿Qué están haciendo las autoridades?
El Gobierno actual ha impulsado proyectos para mejorar la red pluvial: en 2022 inició obras en Sonsonate (Avenida Morazán) y en San Salvador (49ª avenida Sur y Alameda Roosevelt), instalando tuberías de mayor capacidad (30–60 pulgadas), pozos, cajas tragantes y un plan para edificar 30 nuevos pozos en zonas altas del AMSS a partir de 2023.
En diciembre de 2024, Protección Civil instaló 380 filtros de drenaje en zonas críticas, especialmente en la avenida Masferrer Norte. También se intensificó la limpieza de tragantes para evitar obstrucciones por basura.
Voces desde la comunidad
Desde Reddit, un perfil resumió con claridad el problema central tras las inundaciones:
“El problema más grande es la falta de planificación y urbanismo… la constructora ve un cerro y coloca 400 casas; ese cerro absorbía el agua, pero ahora con el concreto ya no.”
Otro agregó:
“Pavimentar todo tiene consecuencias… el agua baja por gravedad y termina afectando a las comunidades bajas.”
Conclusión crítica
El contraste es evidente: mientras la ciudad brilla en folletos promocionales, su infraestructura vital se desmorona en silencio. No basta con promover una estética urbana; la salud hídrica, el drenaje funcional y la defensa de ecosistemas como El Espino deben ser prioridad.
Si queremos realmente una ciudad habitable, la respuesta está en fortalecer la infraestructura pluvial, proteger los espacios verdes naturales, mejorar la planificación urbana y diseñar un sistema de drenajes resiliente, paso a paso y con visión técnica. El gasto en imagen política solo tapona tragantes, pero no detiene las aguas.