En los umbrales de Panajachel

A orillas del Lago de Atitlán, la noche arde roja como tu cabello encendido;

Zarko Pinkas |

A orillas del Lago de Atitlán, la noche arde roja como tu cabello encendido;

y en Panajachel bebemos vino y pecado mientras las luces del lago florecen como heridas sobre el agua dormida.


Ebrios cruzamos los senderos antiguos entre bares, humo y lujuria,

con el sabor del licor mezclándose en mi boca con tus besos oscuros, mientras la música parece un réquiem perdido desde siglos atrás.


Y allí, bajo el resplandor carmesí de la madrugada, somos uno viendo la vida pasar y pasar sobre el lago infinito,

como un fantasma hermoso que nunca deja de beberse nuestros nombres.