En juego mucho más que la libertad de prensa

Poe Alonso Rosales (*)

Las recientes demandas del presidente Donald Trump contra The Wall Street Journal y su propietario Rupert Murdoch por supuesta difamación en relación con una carta vinculada al delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein no solo representan un ataque frontal contra la libertad de prensa. Lo que realmente está en juego es el equilibrio de poderes, la autonomía del sistema judicial y, en última instancia, la salud del estado de derecho en una democracia que aún se tambalea bajo las secuelas de un liderazgo populista de extrema derecha.

Trump, con su estilo combativo y su larga historia de litigios, ha sabido utilizar los tribunales como herramienta política y mediática. Su demanda multimillonaria no es simplemente un intento de limpiar su imagen pública, sino también una advertencia directa a los medios críticos: cuestionar al líder puede costar caro. El mensaje es claro: cualquier periodista o medio que se atreva a investigar o revelar información incómoda se expone a una avalancha legal.

Pero esta ofensiva judicial no ocurre en el vacío. Se da en un contexto donde la Corte Suprema de Estados Unidos ha demostrado en múltiples ocasiones una alarmante inclinación a fallar en favor del presidente y sus intereses. Este alineamiento real o percibido entre el poder judicial y una agenda política de extrema derecha pone en entredicho la imparcialidad del sistema. Cuando los máximos jueces de una nación parecen responder a intereses políticos, lo que peligra no es solo un caso específico, sino la confianza de los ciudadanos en la justicia.

Una democracia que se respeta no puede tolerar una justicia servil al poder. Las instituciones deben estar blindadas contra los caprichos de líderes autoritarios, por muy populares que sean. Si un presidente puede demandar medios con impunidad y al mismo tiempo confiar en que la Corte más alta de la nación lo protegerá, entonces hemos cruzado una peligrosa línea: la de la subordinación del poder judicial al político.

Trump ha construido una narrativa de persecución, en la que él se presenta como víctima de los medios, del “deep state” y del sistema judicial, cuando en realidad ha sido uno de los líderes más habilidosos en manipular ese mismo sistema en su beneficio. Ahora, al arremeter contra uno de los bastiones históricos del periodismo conservador estadounidense como The Wall Street Journal, demuestra que su cruzada no distingue aliados ni enemigos: solo busca lealtad absoluta.

Esto no se trata solo de Trump, ni solo de un periódico. Se trata del futuro del periodismo libre, de la autonomía de la justicia, y del modelo democrático mismo. Si se permite que la justicia obedezca al poder político más aún a uno de tendencia autoritaria se abre la puerta a una deriva institucional que puede ser muy difícil de revertir.

Por eso, lo que está en juego con estas demandas no es únicamente la libertad de prensa. Es la posibilidad de que Estados Unidos continúe siendo una democracia funcional, donde las instituciones actúan como frenos reales al poder, y no como cómplices silenciosos de su erosión.

(*) Observador Internacional de ContraPunto