En El Salvador pasa algo mucho más profundo: “Cero Crimen”, una mirada cultural al nuevo relato salvadoreño

Redacción ContraPunto 

El libro que nos comparte Yossi Abadi, “Cero Crimen”, es el autorretrato novelado de una nación que tocó fondo, que levantó la cabeza y que, a lo salvadoreño, enfrentó sus quimeras y se atrevió a soñar, y a soñar en grande: construir un gran país.

El relato que Yossi nos cuenta, con toques de realismo mágico, es el testimonio de alguien que vino a este paisito aventurando, por curiosidad, corriendo riesgos. Llegó por unos días, sin decirle a su familia que estaba acá, y terminó atrapado, prendado por la resistencia, resiliencia, gallardía, pundonor y bravura libertaria del pueblo salvadoreño.

Es una historia contada desde la mirada humilde y ambiciosa del ciudadano salvadoreño de a pie, en su día a día, desde la calle. Cuenta aspectos no públicos desde los ejecutores de la política del cambio; no ignora la opinión de los detractores del proceso, tanto locales como, en particular, extranjeros; sin ignorar ni falsear la historia inmediata político-social del país.

Su escrito asume una verdad social histórica: la guerra civil resultó de las injusticias y desigualdades. Le siguió la posguerra, que legó un modelo de solución negociada de conflictos celebrado internacionalmente, pero sin mantra local. El dolor, las desigualdades y las crisis de vidas se profundizaron.

Aquel país forjado por la guerra permaneció atrapado por la falta de una reflexión colectiva sobre los porqués de la guerra, que fue soportada en una narrativa controlada que evitaba mirar el fondo del asunto y evitaba señalar a los responsables, mientras las élites restauraban su poder.

Políticos e instituciones, aupados desde fuera por la política de control blando, se casaron con el sacrosanto mito de la democracia funcional, la de lo políticamente correcto, donde la formalidad y las formas lo son todo. No les importó que el país se deslizara en una vorágine sangrienta; optaron por la omisión y la desidia, lo que llevó a la instauración de la “república de las pandillas”, donde la violencia ya no vestía el humeante verde olivo de los setenta y ochenta, sino que, esta vez, se vestía de tatuajes, números y letras. Ese era el pedo, qué onda, eh.

“Cero Crimen” cuenta el proceso de cómo se gestó y ejecutó un cambio; de cómo un líder, Nayib Bukele, con una narrativa esperanzadora y disruptiva, ganó gradualmente la confianza ciudadana y democráticamente desplazó el viejo orden para instaurar uno nuevo: un orden de seguridad y desarrollo.

Relata cómo, con una política innovadora de seguridad, una startup politic y usando todo el poder del Estado, fue posible para El Salvador pasar de ser la capital mundial del crimen a ser presentado como el país más seguro del hemisferio occidental.

Esa es la experiencia que cuenta Yossi desde un enfoque humano, con la lupa de alguien que viaja por el mundo, desde un ciudadano israelí que conoce la violencia, desde una visión empresarial y en una interrelación activa con salvadoreños acá y por el mundo.

Por las páginas del libro se puede ver que este cambio no se limitó a la guerra contra las pandillas. Es una estrategia para desatascar las trampas que tenían atado el potencial de la economía. Y ahí, en ese escenario, Yossi nos habla de cómo la seguridad es, después de todo, una moneda, un resguardo de valor de la inversión que permite atraer capitales y abre las puertas al regreso de los que tuvieron que irse.

Nos presenta, además, un enfoque desenfadado —NO OFICIAL— respecto de los trasfondos de la adopción del Bitcoin como moneda de curso legal y su uso como ancla de la nueva imagen, como aviso de la transformación estatal y del renacer de un país.

Yossi destaca que la política del nuevo orden se basa en resultados, no en discursos; en acciones, no en reuniones; con decisión y celeridad frente a los problemas, desde una forma sin manuales ni formalidades. Simplemente: hágase.

El libro es una provocación al estudio crítico de El Salvador para comprender el nuevo modelo de gobernanza con liderazgo fuerte y cercano al pueblo. Es un relato ameno desde la visión particular de Yossi y su cariño y compromiso con este paisito.

En ese sentido, “Cero Crimen” no solamente propone una lectura sobre seguridad pública. También abre una conversación cultural sobre la transformación de una sociedad que durante décadas convivió con la violencia, la incertidumbre, la migración, las desigualdades y el miedo.

El valor cultural del relato está precisamente en intentar registrar cómo una sociedad se mira a sí misma después de haber atravesado uno de los períodos más violentos de su historia reciente. El libro convierte la experiencia salvadoreña en materia de reflexión: ¿qué ocurre cuando una sociedad decide que no quiere regresar al pasado?, ¿qué precio está dispuesta a pagar por la seguridad?, ¿cómo cambia la vida cotidiana cuando el miedo deja de ocupar el centro de la conversación?

Narra cómo El Salvador no solo sobrevivió a la inestabilidad y al caos, sino que, desde esa realidad, asumió que no había más opción que diseñar una nueva arquitectura nacional; una que evite repetir o regresar al pasado, una nación que no sea desangrada por la violencia, una sociedad que se integre y supere las desigualdades, en donde no tengamos que tomar ni entender por qué alguien toma los fusiles.

Más allá de las posiciones políticas que pueda generar, el libro invita a mirar el fenómeno salvadoreño como un proceso que merece ser estudiado, discutido y comprendido. Porque detrás de las cifras, las políticas públicas, las controversias y los debates internacionales hay una sociedad que durante décadas buscó una salida a una violencia que parecía interminable.

“Cero Crimen” propone, finalmente, una pregunta que trasciende la política: ¿está ocurriendo en El Salvador algo mucho más profundo que un cambio en las estadísticas de seguridad?

La respuesta de Yossi Abadi parece estar en las calles, en las nuevas expectativas de la gente, en la manera en que el país se presenta ante el mundo y, sobre todo, en la voluntad de una sociedad que decidió volver a imaginar su propio futuro.

Y quizás allí radique el verdadero significado cultural de esta historia: en que El Salvador, después de haber vivido décadas mirando hacia atrás, comenzó a preguntarse cómo sería atreverse a mirar hacia adelante. fuente Francisco Martínez