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sábado, 15 de mayo del 2021

El Profe y la ocupación militar de la Universidad del Norte en Chile

El vehí­culo en que se conducí­a pertenecí­a a un amigo colega, demócrata cristiano de izquierda

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En Arica, Chile, la noticia del golpe de estado contra el Presidente Salvador Allende no sorprendió a la población, varios sindicatos de trabajadores y estudiantes universitarios habí­an advertido sobre cómo se vení­a ejecutando la estrategia  de derrocar a este presidente socialista desde hací­a varios meses,  que se habí­a acelerado la aplicación de la misma cuando los resultados de la elección de alcaldes resultaron positivos para los partidos de izquierda.

El Profe, responsable de las acciones a ejecutar en la provincia cuando se diera el golpe de estado, combinando la lucha de masas con la armada, evitó hablar por teléfono, fue a la casa de seguridad previamente convenida; pero la compañera encargada de la misma le dijo que el cabro chico (muchacho) habí­a llegado a traer las seis armas disponibles (cuatro pistolas, una escopeta y un rifle de cacerí­a, todos viejos); sabí­a que esas armas y las que podí­an aportar los otros compañeros eran insuficientes para neutralizar una acción de la Fuerza Armada, pero podí­a jugar un papel disuasivo y dar tiempo para hacer efectiva la lucha de masas.

El vehí­culo en que se conducí­a pertenecí­a a un amigo colega, demócrata cristiano de izquierda,  de la universidad donde ambos eran profesores, en los últimos meses habí­a dicho estar dispuesto a luchar contra los golpistas, pero cuando el responsable llegó a su casa para que lo condujera en su  citroneta (un vehí­culo de diseño estrambótico, de cuatro pasajeros, muy económico, de marca Citroen) a una colonia marginal, donde se encontraba la casa de seguridad, se le comenzó a sentir el temor que le embargaba.

El Profe decidió dirigirse hacia la Universidad del Norte, donde las otras fuerzas de izquierda convertirí­an en su bastión, mientras que los trabajadores se dirigirí­an hacia el cuartel de la Fuerza Armada para exigir a los militares que depusieran las armas.

Al llegar a la universidad se dieron cuenta que estaba tomada por los milicos (militares), el Profe le dijo a su colega que lo dejara allí­; se bajó ceremoniosamente del vehí­culo, se dirigió hacia uno de los soldados que montaban guardia en el portón principal; pidió hablar con el jefe inmediato y a los pocos segundos apareció un Sargento que saludo en forma amable al Profe; ambos viví­an en una colonia para militares de baja graduación;  el Profe habí­a alquilado una casita construida  en el patio delantero, en la casa principal viví­a la esposa del capitán, la cual habí­a sido abandonada a cambio de una mujer más joven y el sargento que habí­a saludado al Profe la llegaba a visitar frecuentemente.

El Profe le explicó al Sargento que el era el Gerente de esa universidad y querí­a conversar con el jefe de ese destacamento para proporcionarle las llaves de todas las oficinas, laboratorios, aulas y auditorios, así­ como se permitiera que los encargados de mantenimiento pudieran dar indicaciones relativos a los edificios y áreas verdes durante el tiempo que esa universidad estuviera bajo ocupación militar.

A los pocos minutos llego el capitán que estaba a cargo, saludó al Profe por su nombre de pila, le agradeció su ofrecimiento, hicieron una gira de inspección de todos los edificios para constatar que no habí­a daños materiales, luego lo acompañó hasta las oficinas de la gerencia para que se comunicara con los jefes de mantenimiento, de seguridad y con los decanos de las diferentes facultades.

 A la media hora se realizó una reunión con todas esas personas, conducida por el Profe y supervisada por el Capitán y un asistente. El Profe explicó a los asistentes que el objeto de la reunión era coordinar la administración de las instalaciones durante el tiempo que durara la ocupación militar, que su experiencia en la Universidad de El Salvador, era que las ocupaciones militares duraban varios meses y que por falta de información se habí­an violentado puertas, se habí­a destruido material de laboratorio, se habí­an arruinado o desaparecido parte del equipo (aires acondicionados, ventiladores, maquinas eléctricas, contómetros, mimeógrafos, sillas, escritorios, enceradoras de piso, etc.) y se habí­a abierto violentamente archivos y destruido información; que se habí­a puesto de acuerdo con el capitán para permitir el acceso del personal administrativo necesario de tal manera de proteger  las instalaciones, equipo y archivos; los jefes administrativos estuvieron de acuerdo.

 Uno de los pocos decanos presentes preguntó que en dónde estaba el Rector, los Vice-rectores, así­ como los decanos que estaban ausentes; el Profe respondió que lo desconocí­a y que mientras durara la ocupación militar la responsabilidad de la universidad quedaba en manos de la Fuerza Armada.  El Capitán hizo un gesto afirmativo moviendo la cabeza de arriba hacia abajo.

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