Por Redacción ContraPunto
Morazán enfrenta uno de los impactos más severos del fenómeno de El Niño en El Salvador. La reducción de las lluvias y la prolongación de los períodos secos están afectando los cultivos, las fuentes de agua y los ingresos de cientos de familias que dependen de la agricultura.
El fenómeno de El Niño ha convertido a Morazán en uno de los territorios más vulnerables de la zona oriental del país. Durante 2026, el departamento ha experimentado varios períodos de sequía, acompañados por temperaturas elevadas y una reducción de la humedad disponible en los suelos.
La situación golpea especialmente a los productores de maíz y frijol, cultivos fundamentales para la alimentación y la economía de las familias rurales. De acuerdo con información reportada en septiembre, la zona oriental —incluidos Morazán, San Miguel, La Unión y Usulután— ha sido una de las más afectadas por cuatro períodos de sequía asociados al fenómeno de El Niño.
Morazán forma parte del denominado Corredor Seco, una región particularmente vulnerable a la irregularidad de las precipitaciones. Municipios como Cacaopera, Joateca y otros territorios rurales dependen en buena medida de la agricultura de pequeña escala y de las lluvias para sostener sus cultivos y animales.
El impacto no se limita a las parcelas. La disminución de las lluvias reduce la disponibilidad de agua para consumo humano, ganado y actividades productivas. El Ministerio de Agricultura ha construido en años anteriores reservorios en municipios como Cacaopera y Yamabal precisamente para enfrentar los períodos de escasez hídrica y almacenar agua durante la temporada lluviosa.
La situación actual ocurre sobre un territorio que ya enfrenta dificultades estructurales. La agricultura familiar depende de ciclos de lluvia cada vez más irregulares y de una capacidad limitada para acceder a sistemas de riego, infraestructura de almacenamiento de agua y tecnologías agrícolas resistentes a la sequía.
En 2026, organizaciones del sector agropecuario han estimado pérdidas importantes de maíz y frijol a escala nacional. La Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios (CAMPO) calculó pérdidas de aproximadamente 2.47 millones de quintales de maíz y frijol debido a los períodos de sequía registrados durante el año.
Para Morazán, el problema puede traducirse en menos alimentos producidos localmente, menores ingresos para los agricultores y una mayor dependencia de la compra de granos en los mercados.
Un informe citado por medios nacionales y elaborado con participación de Oxfam y Acción contra el Hambre señala además que Morazán estuvo entre los departamentos donde prácticamente todos los hogares rurales incluidos en la evaluación reportaron pérdidas de maíz de entre 75 % y 100 %.
El fenómeno de El Niño también coloca bajo presión las fuentes de agua. Cuando disminuyen las precipitaciones durante períodos prolongados, baja la humedad del suelo, se reduce la recarga de fuentes superficiales y subterráneas y aumenta la demanda de agua para consumo y producción.
En este escenario, los reservorios comunitarios, la captación de lluvia, los sistemas de riego eficiente y la protección de las zonas de recarga hídrica adquieren una importancia estratégica para las comunidades rurales.
Morazán ya cuenta con experiencias de adaptación. En Cacaopera, el MAG reportó la construcción de nueve reservorios destinados a beneficiar a más de 3,000 productores, mientras que en Yamabal se implementaron 13 reservorios para almacenar agua de lluvia destinada al consumo del ganado y al mantenimiento de cultivos durante la época seca.
El desafío ahora es que estas medidas de adaptación tengan una escala suficiente para responder a períodos de sequía más prolongados y frecuentes.
El impacto de El Niño puede extenderse a toda la economía rural. Cuando una familia pierde su cosecha, también pierde una fuente de alimento y una parte de sus ingresos. Si además disminuyen los jornales agrícolas, aumenta la presión sobre el presupuesto familiar.
Por eso, la sequía en Morazán no debe analizarse únicamente como un problema agrícola. También representa un desafío para la seguridad alimentaria, la economía campesina y la gestión del agua.
El Niño es un fenómeno climático natural, pero sus efectos dependen en gran medida de la vulnerabilidad de cada territorio. En Morazán, donde la agricultura familiar y las condiciones del Corredor Seco aumentan la exposición, la adaptación climática se convierte en una necesidad permanente y no solamente en una respuesta de emergencia.
El departamento enfrenta así una nueva realidad: producir alimentos en condiciones de mayor incertidumbre climática. La respuesta pasa por conservar el agua, diversificar los cultivos, mejorar las técnicas agrícolas y fortalecer la infraestructura rural antes de que los próximos períodos secos vuelvan a poner a prueba a las comunidades.