El mayor ataque lo da Putin sin importar las palabras de Trump

Por Alonso Rosales, analista internacional

La guerra en Ucrania ha dejado en claro un hecho que muchos en Occidente no quieren admitir: el poderío ruso no solo se mantiene, sino que se proyecta con una fuerza sin igual. La invasión de Putin, lejos de debilitarse por las sanciones o por los discursos occidentales, se ha convertido en un símbolo de desafío absoluto contra la OTAN, la Unión Europea y, en particular, contra la retórica vacía de Donald Trump.

Putin ha enviado un mensaje contundente: Rusia no acepta órdenes ni presiones externas. Puede recibir a emisarios de Washington, escuchar promesas o advertencias, pero en la práctica su decisión no cambia. Rusia actúa bajo su propio cálculo estratégico, respaldada por alianzas que hoy reconfiguran el mapa del poder mundial: China, Corea del Norte e India. Estas cuatro potencias representan más de la mitad de la población del planeta y concentran un capital estratégico, militar y político que Occidente no puede ignorar.

En este tablero, queda claro que el único actor capaz de detener la guerra es Rusia misma. Pero esa detención pasa por condiciones innegociables: conservar los territorios conquistados. Putin no cederá lo que ya controla, porque lo considera parte de un proyecto histórico de recuperación de influencia. Y si es necesario, Moscú tiene la capacidad de sostener este conflicto no por meses, sino por décadas.

La otra cara del conflicto es el desconcierto que genera Trump. Su manejo de la narrativa internacional raya en lo incoherente. Mientras juega a sostener relatos de supuestas victorias, se lava las manos frente a la sangre derramada en Ucrania. Traiciona a Europa al desentenderse de compromisos históricos y desprestigia la figura del presidente de Estados Unidos al mostrarse más preocupado por la propaganda interna que por la conducción de la política global. Ni merece el título de estadista ni el de comandante en jefe.

La guerra, con todos sus costos humanos, es utilizada como un tablero político por Trump, pero quien verdaderamente controla las piezas es Putin. Zelensky, pese a su resistencia y al apoyo europeo, se encuentra atrapado en una lucha desigual, dependiendo de cuánto tiempo la Unión Europea pueda sostener su respaldo sin quebrarse internamente.

El mayor ataque no es el lanzamiento de un misil ni la ocupación de un territorio. El mayor ataque lo da Putin al dejar claro que no necesita de la aprobación de Occidente ni de la bendición de Trump. La realidad es que Rusia dicta el ritmo de la guerra, y el resto del mundo apenas reacciona.