Este miércoles, el influyente partido ultraortodoxo Shas, liderado por Aryeh Deri, anunció la dimisión de sus ministros, dejando al gobierno en minoría parlamentaria.
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Este lunes, Mike Huckabee, embajador de Estados Unidos en Israel, realizó un gesto inédito: se presentó ante el tribunal de Tel Aviv donde se juzga por corrupción al primer ministro Benjamín Netanyahu, secuestrando por unos instantes la atención mediática. Con una muñeca de Bugs Bunny ataviada con capa, en un guiño al mensaje de respaldo del presidente Trump, Huckabee afirmó que su presencia no buscaba influir en los jueces, sino acompañar los valores que, según él, defienden tanto el mandatario israelí como su “amigo”, y echó mano de las palabras de Trump, quien calificó el proceso de “caza de brujas”
Sin embargo, en Jerusalén, esta exhibición de apoyo diplomático no impidió que la coalición de Netanyahu sufriera un revés mayor. Este miércoles, el influyente partido ultraortodoxo Shas, liderado por Aryeh Deri, anunció la dimisión de sus ministros, dejando al gobierno en minoría parlamentaria. La decisión —adoptada por el Consejo de Sabios de la Torá y confirmada por el ministro Michael Malkieli— se produce tras meses de bloqueo por el reclamo de exenciones al servicio militar obligatorio para estudiantes haredíes, inicialmente incitado por la salida, un día antes, del partido Judaismo Unido de la Torá .
Con la salida de Shas, la coalición de Netanyahu se quedó con apenas 49 escaños en la Knesset, lo que agrava una situación ya frágil . Aunque Shas se comprometió a no votar activamente en contra del gobierno y a apoyar algunas leyes desde fuera —ofreciendo aún algún respiro al bloque—, el efecto simbólico y numérico es contundente. Además, ninguna otra formación ultraconservadora —como Judaismo Unido de la Torá, cuyo líder es Yitzhak Goldknopf parece dispuesta a abandonar la coalición “por ahora”, pero todas exigen garantías concretas sobre las exenciones .
Este cambio de escenario debilita la autoridad de Netanyahu justo cuando enfrenta su juicio por corrupción y presiones internacionales. La renuncia de Shas agrava su posición y complica su estrategia de retener el poder hasta las próximas elecciones, previstas para 2026. La oposición, liderada por Yair Lapid, ha calificado al gobierno como “ilegítimo” y abre la puerta a posibles elecciones anticipadas si no se llega a un acuerdo que reincorpore a los partidos haredíes .
Mientras tanto, la coalición ultra – dirigida por figuras más radicales como Itamar Ben‑Gvir (Otzma Yehudit) y Bezalel Smotrich (Religious Zionism), hacen sentir su influencia, especialmente en temas clave como el alto el fuego en Gaza, que ellos rechazan sin primeras garantías de desarme de Hamás. Esta fragmentación coloca a Netanyahu ante un dilema: ceder a las presiones de los ultraortodoxos para recuperar la mayoría o mantener firmeza en temáticas securitarias, arriesgando la desintegración de su coalición.
En resumen: pese al impacto mediático de la visita del embajador estadounidense, no fue suficiente para detener la fractura interna del gobierno de Netanyahu, que hoy encara una encrucijada política y judicial al mismo tiempo, con una coalición en minoría y en medio de su mayor juicio hasta la fecha.