Crédito de fotos CNN
Por Alonso Rosales
La organización de millones de simpatizantes a través de WhatsApp, las redes sociales y una estrategia de movilización coordinada se convirtió en uno de los factores más llamativos de la remontada electoral de Luiz Inácio Lula da Silva. El diputado André Janones asumió el liderazgo de una operación digital que transformó el activismo político en una maquinaria de participación ciudadana.
La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones presidenciales de Brasil dejó una de las historias más sorprendentes de la política latinoamericana: la capacidad de movilizar a millones de ciudadanos mediante una estructura digital organizada, disciplinada y con objetivos concretos.
Detrás de esa operación estuvo el diputado brasileño André Janones, quien impulsó el denominado Ejército de Lula, una comunidad creada en WhatsApp que llegó a superar los 10 millones de integrantes y que funcionó como un centro de coordinación para respaldar la reelección del mandatario brasileño.
La iniciativa adquirió especial relevancia después de la primera vuelta electoral del 4 de octubre, cuando Lula quedó por detrás de su adversario, el senador Flávio Bolsonaro. El resultado encendió las alarmas entre los sectores progresistas y generó incertidumbre sobre las posibilidades de una nueva victoria del Partido de los Trabajadores (PT).
Sin embargo, en lugar de resignarse ante el escenario electoral, Janones decidió convertir la frustración de los simpatizantes en una movilización masiva.
La estrategia tenía una dinámica sencilla, pero de gran alcance: cada integrante recibía instrucciones para compartir videos, comentar publicaciones, impulsar etiquetas, dar “me gusta” a contenidos y reclutar nuevos participantes.
El objetivo era multiplicar la presencia digital de Lula y conseguir que los mensajes de campaña trascendieran los círculos tradicionales de simpatizantes.
Janones asumió el papel de comandante de esta estructura y asignaba misiones periódicas a los integrantes, a quienes llamaba soldados. La organización combinaba dirección centralizada con participación descentralizada: el diputado establecía las tareas, pero millones de personas las ejecutaban desde sus propias cuentas y comunidades.
La operación también buscaba llevar la campaña fuera de internet. Los participantes eran animados a conversar con familiares, amigos, compañeros de trabajo y electores indecisos para convencerlos de acudir a las urnas y respaldar a Lula.
Esta metodología convirtió la actividad política en una especie de competencia colectiva, con metas de participación, incorporación de nuevos miembros y difusión de mensajes.
La trayectoria política de Janones ayuda a comprender el carácter particular de esta operación.
Nacido en Ituiutaba, Minas Gerais, estudió Derecho y trabajó como cobrador de autobús mientras cursaba sus estudios. Alcanzó notoriedad nacional en 2018, cuando sus publicaciones en apoyo a una huelga de camioneros se viralizaron.
Aunque militó en el Partido de los Trabajadores entre 2003 y 2015, posteriormente se distanció de esa organización y construyó su carrera política en otras formaciones.
En 2022 retiró su candidatura presidencial para respaldar a Lula frente a Jair Bolsonaro. Desde entonces, adquirió protagonismo en las estrategias de comunicación digital del movimiento progresista.
Su estilo es combativo, emocional y confrontativo. Algunos investigadores consideran que utiliza herramientas de comunicación similares a las empleadas por los sectores de la extrema derecha brasileña, aunque con el propósito de fortalecer la movilización de sus propios simpatizantes.
Esa metodología también ha generado cuestionamientos por el riesgo de profundizar la polarización y reducir el debate político a enfrentamientos permanentes en las redes sociales.
La dimensión de la operación quedó reflejada en los estudios de actividad digital realizados durante la campaña.
Según una investigación de IPSE Global citada por CNN, entre el 19 y el 22 de octubre, el 96 % de las misiones relacionadas con etiquetas monitoreadas en canales afines a Lula generaron publicaciones de al menos diez cuentas en un plazo de seis horas.
La primera respuesta aparecía generalmente en aproximadamente dos minutos.
Otro análisis identificó alrededor de 2,300 cuentas que amplificaron las misiones, generando 25.8 millones de interacciones entre el 18 y el 24 de octubre.
Estos datos muestran el nivel de coordinación alcanzado por la estructura digital, aunque corresponden a la actividad públicamente visible y no representan la totalidad de los mensajes difundidos en grupos privados.
Para el investigador Leonardo Magalhães Firmino, director ejecutivo de IPSE Global, Janones consiguió transformar a miles de simpatizantes en pequeños administradores de redes sociales, proporcionándoles herramientas y métodos para ampliar la difusión de los mensajes políticos.
El resultado final confirmó la victoria de Lula, quien obtuvo el 51.79 % de los votos válidos frente al 48.21 % de Flávio Bolsonaro, según las cifras recogidas en el reportaje de CNN.
El mandatario consiguió aproximadamente 10.4 millones de votos adicionales respecto a la primera vuelta, una diferencia que se convirtió en uno de los elementos más comentados de la contienda.
No obstante, ese crecimiento no puede atribuirse exclusivamente al Ejército de Lula.
También influyeron los votos de los candidatos eliminados en la primera ronda, el incremento de la participación electoral y la reducción de los votos blancos y nulos. Bolsonaro, por su parte, también aumentó su caudal electoral en aproximadamente 3.7 millones de sufragios.
El diputado Janones reivindicó la movilización como una contribución fundamental para alcanzar la victoria. Su planteamiento consistía en que cada integrante consiguiera convencer al menos a una persona adicional para votar por Lula.
El presidente agradeció públicamente su trabajo durante la celebración electoral y lo llamó “nuestro general”.
La experiencia del Ejército de Lula también dejó interrogantes sobre los límites de la movilización política en las plataformas digitales.
El 11 de octubre, el presidente del Tribunal Superior Electoral de Brasil ordenó suspender temporalmente el canal tras una denuncia de la campaña de Bolsonaro por presunta desinformación. Posteriormente, otro magistrado revocó la decisión.
Un análisis técnico no encontró las afirmaciones denunciadas en los mensajes examinados, aunque sí identificó actividad coordinada y lenguaje polarizador. Janones negó haber difundido desinformación.
La campaña terminó solicitando retirar el canal del registro oficial electoral, argumentando que operaba de manera independiente y sin financiación ni instrucciones de la estructura formal de Lula.
El episodio refleja un desafío que enfrentan las democracias contemporáneas: cómo aprovechar la capacidad de organización de las plataformas digitales sin convertirlas en instrumentos de manipulación, desinformación o confrontación permanente.
El caso brasileño ofrece una lección importante para los movimientos políticos de América Latina. Las campañas electorales ya no dependen exclusivamente de los partidos, los mítines, la propaganda televisiva o los grandes dirigentes.
La capacidad de organizar comunidades digitales, establecer objetivos y convertir a los simpatizantes en multiplicadores de mensajes puede modificar la dinámica de una contienda electoral.
La experiencia de Janones demuestra que millones de ciudadanos pueden convertirse en protagonistas de una estrategia política cuando existe coordinación, liderazgo y una causa compartida.
Sin embargo, también evidencia que la movilización digital no sustituye los factores tradicionales de una elección: la participación ciudadana, las propuestas de gobierno, la situación económica, la credibilidad de los candidatos y el comportamiento territorial del voto.
La victoria de Lula fue el resultado de múltiples circunstancias. El Ejército digital no explica por sí solo la remontada, pero mostró la dimensión que puede alcanzar una campaña cuando logra convertir las redes sociales en una estructura organizada de participación política.
La política latinoamericana entra así en una nueva etapa: ya no basta con tener millones de seguidores; el verdadero desafío consiste en convertirlos en millones de ciudadanos activos, capaces de influir en la conversación pública y, eventualmente, en las urnas.
Fuente:
– CNN en Español, Alessandra Freitas, 1 de noviembre de 2026. “Dale ‘me gusta’, comparte, repite”: cómo un hombre movilizó a 10 millones de personas para ayudar a Lula a batir récords.