Donald Trump con Jeffrey Epstein. Foto: Cortesía.
Por Alonso Rosales
La esperada publicación de los archivos federales sobre Jeffrey Epstein terminó siendo, para amplios sectores del Congreso, la prensa y las víctimas, una revelación incompleta y decepcionante. Aunque el Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ) difundió este viernes miles de documentos relacionados con el fallecido delincuente sexual, la liberación representa solo una parte mínima del volumen total prometido y exigido por ley.
La divulgación se produce tras la aprobación, el mes pasado, de una legislación bipartidista que obliga al gobierno federal a transparentar los registros de investigaciones relacionadas con Epstein, uno de los mayores escándalos de abuso sexual y tráfico de menores de la historia reciente. Sin embargo, lejos de cerrar heridas o aclarar responsabilidades, la publicación parcial profundiza las dudas sobre el alcance real del caso y sobre posibles protecciones institucionales a personas poderosas.
El fiscal general adjunto, Todd Blanche, había asegurado públicamente que el Departamento de Justicia haría públicos “cientos de miles de documentos” de los archivos de investigación. La realidad fue otra: lo divulgado hasta ahora constituye una fracción del material existente, con extensas redacciones, nombres ocultos y referencias clave eliminadas.
Documentos, pero no la verdad completa
Los archivos publicados incluyen memorandos, referencias judiciales, comunicaciones internas y registros de investigación. Sin embargo, gran parte del contenido aparece censurado bajo argumentos de privacidad, seguridad o procesos aún abiertos, lo que en la práctica impide identificar redes, cómplices o beneficiarios del sistema de abuso que Epstein sostuvo durante décadas.
Para defensores de derechos humanos y representantes legales de víctimas, el patrón es claro: “Se publica lo suficiente para decir que se cumplió la ley, pero no lo necesario para establecer responsabilidades”, señalan fuentes cercanas a las demandas civiles aún en curso.
La llamada “lista Epstein” —una expresión utilizada para describir a personas influyentes que habrían tenido contacto, conocimiento o participación en el círculo del magnate— no aparece de forma clara ni directa en esta primera liberación. Esto contradice las expectativas generadas por el propio Departamento de Justicia y por legisladores que impulsaron la ley precisamente para evitar divulgaciones simbólicas.
Un caso marcado por fallas del sistema
Jeffrey Epstein fue arrestado en 2019 y enfrentaba cargos federales por tráfico sexual de menores cuando fue hallado muerto en su celda en una prisión de Nueva York. Aunque su muerte fue oficialmente declarada suicidio, el caso estuvo rodeado de fallas de seguridad extraordinarias, cámaras inoperantes y supervisión negligente, circunstancias que nunca fueron plenamente aclaradas.
Con su muerte, se cerró el proceso penal contra él, pero no la responsabilidad de terceros. Durante años, fiscales, agentes federales y tribunales acumularon información sobre vuelos, residencias, intermediarios y contactos de alto nivel. Esa información —según múltiples investigaciones periodísticas— sigue en manos del Estado.
Presión política y malestar social
Varios legisladores que apoyaron la legislación bipartidista han manifestado su inconformidad con la publicación parcial y han advertido que podrían impulsar nuevas acciones legales o audiencias públicas para forzar una desclasificación completa.
El malestar no es solo político. Para las víctimas, la falta de transparencia prolonga la impunidad. Para la sociedad, refuerza la percepción de que existen dos sistemas de justicia: uno para ciudadanos comunes y otro para las élites con poder económico y político.
Lo que viene
El Departamento de Justicia afirma que aún “queda mucho trabajo por hacer” y que habrá nuevas publicaciones, aunque no ha establecido fechas ni criterios claros. Esa falta de precisión alimenta la sospecha de que el proceso podría extenderse indefinidamente o diluirse con el tiempo.
A seis años de la muerte de Epstein, la pregunta central sigue sin respuesta:
¿A quién protege el silencio del Estado?
La publicación parcial de los archivos no cierra el caso Epstein. Por el contrario, confirma que el expediente más oscuro del sistema judicial estadounidense sigue incompleto, y que la verdad, una vez más, parece avanzar más lento que la exigencia de justicia.