Hay una nueva ola de cine salvadoreño con muchos autores jóvenes y gente muy creativa. También se han abierto muchos espacios de exhibición, competencias, formación. Aún falta mucho, pero el cine salvadoreño es como una hierba que ha logrado salir en un campo árido.
Zarko Pinkas |
El director salvadoreño Arturo López Rodas conversa sobre el origen de “Vértices”, su exploración de la muerte, el paso del tiempo y la amistad, además del reconocimiento obtenido en el Festival Ícaro. En esta entrevista también reflexiona sobre el estado actual del cine salvadoreño, el uso del blanco y negro y la construcción de una historia profundamente local y existencialista.
Arturo López Rodas: El premio es una validación importante porque escribir guiones es lo que más he estudiado en estos ocho años de estar produciendo. Y sigo estudiando al respecto. Gracias al reconocimiento que tuvimos en Ícaro, Eduardo Escribano Solera de Mailuki Films me dijo que le enviara un screener y así fue cómo adquirieron la película para distribución internacional.
Arturo López Rodas: Estoy obsesionado con la muerte y el paso del tiempo. Es una crisis existencial perpetua, que hay días que está más presente que otros. La idea original era un reencuentro de viejos amigos en un cumpleaños, en donde se sugería que uno de ellos tenía una enfermedad terminal. Pero después de la muerte de un querido amigo, decidí cambiar el guion para que la historia ocurriera justo después de un funeral.
Arturo López Rodas: Hay dos razones para esta decisión: está la razón práctica, que significa que es menos costoso en blanco y negro porque así nos preocupamos por iluminación, composición, bloqueo y no tanto por la paleta de colores del diseño de arte. Pero está también la razón narrativa que, creo yo, es la que debe estar justificada para poder optar por este camino. Entonces uno lo relaciona al luto por el que están pasando los personajes y esa melancolía que los ha unido en ese momento.
Arturo López Rodas: A José Ángel Flamenco ya lo conocía por haber trabajado con él en cortometrajes. Le comenté la idea y le dije que necesitaba gente de su edad. Él me presentó al “Choco”, Francisco Martínez, quien fue su compañero de colegio. Francisco Graniello es mi pariente político y también había trabajado con él en comerciales. Nos juntamos a platicar y cuando todos estaban a bordo nos reunimos semanalmente durante dos meses para ensayar los diálogos e improvisar conversaciones. Era importante que se sintiera que eran amigos y que fueran recuperando esa confianza a medida avanzaba la película.
Arturo López Rodas: Creo que buscábamos conectar con los salvadoreños, para que se vean en pantalla y de alguna forma también contar con una representación genuina para los extranjeros que vean la película.
Arturo López Rodas: Dice google que un vértice es un punto donde se unen dos o más líneas. Pero me gusta cuando los títulos son parte del rompecabezas para entender una historia.
Arturo López Rodas: Podría ser un drama existencialista. Cuando iniciamos el proyecto, yo quería hacer una película de “neo realismo salvadoreño”, pero durante la producción le incorporamos varios formalismos que pueden ver en la película: música no diegética con interludios y otros momentos que no quisiera revelar. Entonces me gusta decir que como a la película le falta un vértice, a veces no se decide qué forma tomar.
Arturo López Rodas: En el cine salvadoreño, muy poco. Afuera es otra historia. Tenemos grandes obras como Umberto D de Vittorio e Sica, Ikiru de Kurosawa, Amour de Haneke y más recientemente Nebraska y El Padre.
Arturo López Rodas: Hay una nueva ola de cine salvadoreño con muchos autores jóvenes y gente muy creativa. También se han abierto muchos espacios de exhibición, competencias, formación. Aún falta mucho, pero el cine salvadoreño es como una hierba que ha logrado salir en un campo árido.
Arturo López Rodas: Cómo todo cineasta independiente, no me falta el cajón lleno de guiones sin realizar y proyectos costosos. Pero también a nivel de productora (Cinelento) queremos respaldar proyectos que nos gusten para ayudar a que se lleven a cabo. Por suerte ya tuve la oportunidad de colaborar con algunos amigos y nunca faltan proyectos para apoyar.
Arturo López Rodas: Sí porque creo que esa tensión es habitual cuando tenemos gente de diferentes generaciones en un cuarto. No es siempre un choque, pero hay una distancia que requiere una comprensión, que no todos tienen, para aliviar esas tensiones. Ahora, en la película sí queremos ese choque, porque conflicto equivale a drama y a la audiencia le gusta el drama, según todos esos libros de cómo escribir historias.
Arturo López Rodas: Con suerte, la gente encontrará personajes entrañables con los que no les moleste pasar una hora de sus vidas.