Crédito France 24
Por Alonso Rosales
La tensión entre Estados Unidos y Cuba entró este viernes en una nueva fase después de que CBS News revelara que el Ejército estadounidense está evaluando la disponibilidad de unidades de apoyo que podrían quedar bajo el mando del Comando Sur durante los próximos 90 a 120 días, en un proceso que funcionarios estadounidenses relacionan con la planificación de posibles acciones contra la isla.
La información se basa en un mensaje interno del Ejército de Estados Unidos revisado por CBS News. El documento no menciona directamente a Cuba, no establece cuántos soldados serían movilizados y tampoco contiene una orden de despliegue. Sin embargo, varios funcionarios estadounidenses dijeron a la cadena que la solicitud forma parte de la planificación militar relacionada con Cuba.
Entre las unidades cuya disponibilidad está siendo evaluada figuran un batallón de apoyo logístico de combate, un batallón de ingenieros, un comando de sostenimiento expedicionario, una brigada médica, una unidad quirúrgica y de atención de emergencia y una brigada de policía militar.
Estas unidades son particularmente importantes para una operación militar porque permiten garantizar transporte, combustible, mantenimiento, suministros, infraestructura, seguridad y atención médica de emergencia. El documento indica que podrían ser necesarias dentro de un período de 90 a 120 días.
El Comando Sur no confirmó que exista una operación aprobada. Un portavoz señaló que, por razones de seguridad operacional, no se comentan movimientos militares ni posibles calendarios de despliegue, aunque el organismo coordina permanentemente con las fuerzas conjuntas para evaluar diferentes necesidades dentro de su área de responsabilidad.
La revelación de CBS debe interpretarse con cautela.
La existencia de planificación militar no significa que el presidente Donald Trump haya ordenado una invasión ni que el Pentágono haya tomado la decisión definitiva de intervenir militarmente en Cuba.
CBS ya había informado en julio que estrategas del Pentágono habían estudiado distintas opciones militares para Cuba, incluida una operación aérea de gran escala que podría involucrar a miles de soldados. Los funcionarios consultados entonces subrayaron que esas discusiones no significaban que Trump o el Pentágono hubieran decidido ejecutar una operación.
En mayo, además, CBS informó que la comunidad de inteligencia estadounidense estaba analizando cómo podría responder Cuba ante una eventual acción militar norteamericana.
Lo nuevo ahora es que el Ejército está verificando concretamente qué unidades de apoyo podrían estar disponibles en un plazo relativamente corto.
La reacción cubana fue inmediata.
El canciller Bruno Rodríguez afirmó que Estados Unidos “nunca podrá encontrar justificación ni motivo alguno” para lanzar un ataque militar contra Cuba, a la que calificó como un pequeño país vecino que no representa una amenaza para la seguridad nacional estadounidense.
Rodríguez sostuvo que el Gobierno cubano toma “muy en serio” las amenazas provenientes de Washington y que se han adoptado medidas destinadas a fortalecer la capacidad defensiva del país.
Al mismo tiempo, el ministro cubano aseguró que La Habana no considera a Estados Unidos un enemigo ni desea que lo sea, debido a los profundos vínculos históricos y familiares existentes entre ambos pueblos.
Rodríguez también confirmó la existencia de “algunos episodios de conversaciones” entre representantes de Washington y La Habana y manifestó disposición a mantener esos contactos, aunque sostuvo que hasta ahora no han producido resultados suficientes.
La posición cubana refleja así una combinación de rechazo público a las amenazas militares y mantenimiento de canales diplomáticos.
El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, también ha endurecido su discurso frente a Washington.
CBS recuerda que Díaz-Canel ha prometido responder ante cualquier ataque estadounidense y ha acusado a la Administración Trump de ejercer una política de “agresión” y “guerra económica” contra la isla.
En septiembre, Díaz-Canel reiteró que Cuba defenderá su independencia y soberanía. EFE recogió entonces su advertencia de que la historia de la independencia cubana y los sacrificios realizados para preservarla no serían abandonados ante las presiones externas.
El Gobierno cubano también ha denunciado repetidamente que las medidas económicas estadounidenses buscan generar una crisis que presione a la población y al Gobierno.
La tensión militar no puede separarse de la creciente presión económica de Washington.
Estados Unidos ha impuesto nuevas sanciones contra empresas y funcionarios cubanos, mientras mantiene fuertes restricciones sobre el suministro energético.
El 17 de septiembre, Washington sancionó a 11 entidades cubanas vinculadas, entre otros sectores, al níquel y a empresas militares. El Gobierno estadounidense sostiene que esas estructuras benefician a las élites cubanas, mientras La Habana acusa a Washington de agravar deliberadamente las condiciones económicas de la población.
EFE informó también que Rodríguez acusó a Estados Unidos de utilizar sanciones y restricciones para provocar una crisis humanitaria. El Gobierno cubano sostiene que miles de contenedores con alimentos, medicamentos y equipos médicos permanecen retenidos en distintos puertos debido a las presiones estadounidenses.
La Habana afirma además que el embargo estadounidense tuvo un costo de 8.083,3 millones de dólares entre marzo de 2025 y febrero de 2026, según sus propios cálculos. Esa cifra es una estimación presentada por el Gobierno cubano y forma parte de su argumentación contra el embargo.
La información sobre la planificación militar apareció apenas tres días después del discurso de Trump ante la Asamblea General de Naciones Unidas.
El presidente estadounidense describió a Cuba como un “Estado fallido”, afirmó que el Gobierno comunista de la isla terminará cayendo y aseguró que su Administración busca un “cambio fundamental” en Cuba.
La delegación cubana abandonó la sala durante las declaraciones de Trump.
El mandatario también señaló que el secretario de Estado, Marco Rubio, está involucrado en negociaciones con La Habana, una afirmación que contrasta con el discurso de máxima presión utilizado públicamente por Washington.
Antes de conocerse el informe de CBS, Rodríguez ya había denunciado ante ministros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) que Washington estaba utilizando la lucha contra el narcotráfico como argumento para incrementar la presencia militar estadounidense en América Latina y el Caribe.
El canciller cubano calificó esa política como un instrumento de presión y denunció lo que considera un intento de recuperar una influencia regional basada en una versión actualizada de la Doctrina Monroe.
La posición cubana también ha recibido críticas hacia las medidas económicas estadounidenses desde otros gobiernos. El ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, declaró esta semana que España defenderá los intereses de sus empresas en Cuba y rechazó el uso de la fuerza contra la isla y la aplicación extraterritorial de sanciones.
El posible aumento de la presión militar sobre Cuba ocurre en un momento particularmente delicado para el Caribe.
La isla atraviesa una severa crisis energética y económica, con frecuentes apagones, problemas de combustible, inflación y dificultades para mantener servicios básicos.
Pero, al mismo tiempo, Washington ha incrementado su actividad militar en el Caribe y ha desarrollado operaciones contra embarcaciones que considera vinculadas al narcotráfico. AP informó recientemente de que las operaciones militares estadounidenses en el Caribe y el Pacífico oriental han dejado cientos de muertos desde septiembre, en una campaña que la Administración Trump presenta como parte de la lucha contra organizaciones criminales.
Ese contexto hace que cualquier movimiento militar relacionado con Cuba sea observado con especial atención por los gobiernos latinoamericanos.
El documento obtenido por CBS no permite afirmar que Estados Unidos haya decidido invadir Cuba.
Lo que sí muestra es que el Ejército está estudiando la disponibilidad de unidades logísticas, médicas, de ingeniería y policía militar que podrían quedar bajo el Comando Sur dentro de un plazo de entre tres y cuatro meses.
El dato adquiere mayor importancia porque coincide con una política estadounidense de creciente presión económica, declaraciones presidenciales favorables a un cambio político en La Habana y anteriores evaluaciones militares sobre posibles operaciones.
Pero existe también un elemento que puede contener la escalada: los canales de comunicación entre Washington y La Habana continúan abiertos, según el propio canciller cubano.
El escenario, por tanto, permanece abierto. Estados Unidos mantiene sobre la mesa diferentes opciones y Cuba afirma estar preparada para defenderse, mientras ambos gobiernos todavía conservan espacios de diálogo.
La gran incógnita es si la presión económica y la planificación militar terminarán conduciendo a una negociación política más amplia o si, por el contrario, la confrontación seguirá aumentando en el Caribe.