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Por Alonso Rosales
El conflicto entre Estados Unidos e Irán ha entrado en una de sus fases más peligrosas de los últimos años. Lo que comenzó como una campaña de presión militar y económica se ha transformado en un enfrentamiento regional que involucra ataques directos, la participación de aliados estratégicos y una creciente incertidumbre sobre la posibilidad de una guerra de mayor alcance.
Durante las últimas semanas, Washington ha intensificado sus operaciones militares contra objetivos vinculados a Irán y a sus aliados en Medio Oriente. Según las autoridades estadounidenses, los ataques buscan degradar la capacidad operativa de la Guardia Revolucionaria Islámica, limitar el suministro de armamento a grupos aliados y proteger las rutas marítimas internacionales, especialmente en el mar Rojo y el estrecho de Ormuz.
Desde la perspectiva de Estados Unidos, algunos objetivos militares han sido alcanzados. Funcionarios del Pentágono sostienen que se ha reducido la capacidad logística de varias milicias respaldadas por Teherán, mientras que la presión sobre las instalaciones militares iraníes ha obligado a la República Islámica a redistribuir parte de sus recursos defensivos. Sin embargo, estos avances no han logrado detener las acciones de los grupos aliados de Irán.
Uno de los principales actores ha sido el movimiento hutí de Yemen. Respaldados política y militarmente por Irán, los hutíes han intensificado sus ataques contra embarcaciones comerciales y petroleros que transitan por el mar Rojo. En las últimas horas reivindicaron ataques contra dos buques sauditas, provocando incendios y aumentando las preocupaciones sobre la seguridad energética mundial. Estas acciones han contribuido al incremento del precio internacional del petróleo, que volvió a superar los 100 dólares por barril.
La respuesta iraní tampoco se ha limitado a sus aliados. La Guardia Revolucionaria afirmó haber atacado bases militares estadounidenses en Kuwait y objetivos relacionados con Estados Unidos en Jordania, aunque Washington mantiene una evaluación diferente sobre el alcance de esos ataques.
En este contexto, el presidente Donald Trump endureció considerablemente su discurso. En una entrevista concedida al medio estadounidense Axios, aseguró que está “considerando un ataque masivo” contra Irán y afirmó encontrarse “cerca de tomar una decisión”. Trump añadió que Israel participaría “en dos minutos” si Estados Unidos solicitara su apoyo, aunque insistió en que Washington posee la capacidad suficiente para actuar unilateralmente. Además, advirtió que Irán “aún no ha sufrido lo suficiente”, unas declaraciones interpretadas como una señal de que la Casa Blanca mantiene abiertas todas las opciones militares.
Paralelamente, Trump condicionó la aprobación del acuerdo de cooperación nuclear civil entre Estados Unidos y Arabia Saudita a que Riad se incorpore a los Acuerdos de Abraham y normalice plenamente sus relaciones diplomáticas con Israel, una decisión que introduce un importante componente geopolítico al equilibrio regional.
Diversos analistas europeos consideran que el conflicto ha alcanzado un momento especialmente delicado.
El analista francés François Heisbourg, especialista en estrategia y seguridad internacional, considera que una ofensiva militar de gran escala incrementaría significativamente el riesgo de una confrontación regional directa, involucrando a múltiples actores estatales y no estatales.
Por su parte, el británico Lawrence Freedman, profesor emérito del King’s College de Londres, sostiene que la estrategia estadounidense busca restaurar la capacidad de disuasión frente a Irán, aunque advierte que cada nueva operación militar aumenta la posibilidad de errores de cálculo que puedan desencadenar una guerra de mayor dimensión.
Mientras tanto, la investigadora alemana Claudia Major, experta en política de seguridad europea, estima que el conflicto demuestra la creciente interdependencia entre la seguridad de Medio Oriente y la estabilidad económica mundial, especialmente por el impacto sobre el comercio marítimo, el suministro energético y los mercados internacionales.
La evolución de los acontecimientos durante los próximos días será determinante. Si Washington decide ejecutar un ataque de gran magnitud contra territorio iraní, el conflicto podría entrar en una nueva etapa con consecuencias imprevisibles para toda la región y para la economía global.
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