Mi amiga noche
I.
El terror de la noche y sus cartílagos
levantan una casa secreta
donde animales
e hijos de hombres tristes
pueden sentarse a beber el exceso de su sangre.
II.
Oh noche, noche de pocos sabores y amigos,
vuélvete madrugada
sin promesas,
que de tus vísceras
nazca aunque duela
un amanecer de doctrinas asustadas.
III.
Oh noche de los mismos espejos,
hace dos insomnios ahogados
intenté entenderte
y tus pájaros de silencio
derribaron mis mentiras.
En ti, amiga noche,
gobiernan mi maldad
y mi verdad.
El amanecer se pinta de elecciones,
y yo vuelvo a elegirte,
mi amiga sincera.
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Roja tierra, mar oscuro
No es justo,
porque si los arqueólogos
desenterraran mi patria en mil años,
la sangre
y las lágrimas
se habrían ya secado,
y de sus jugos tristes
ceibas y tibios manglares
serían exhibidos.
Los gusanos y las larvas
celebrarán la gula,
las quebradas y los ríos
descansarán de inventar excusas
por sus labios secos,
las mansiones, por supuesto,
seguirán intactas,
y sorprenderá
la cantidad de antenas “Sky Sports”
apuntando todavía al cielo.
Escombro fértil
en huecos de gente:
niños sin almuerzo
bajo treinta metros,
hombres bien cenados
bajo diez.
Cuando nos encuentren bajo tierra,
algún europeo o norteamericano llorará
y dirá, con solemne ignorancia:
“Murieron sonriendo.
¡Nunca perdieron la esperanza!”