Dos poemas de Juan José Dalton Pohl

Mi amiga noche

I.

El terror de la noche y sus cartílagos
levantan una casa secreta
donde animales
e hijos de hombres tristes
pueden sentarse a beber el exceso de su sangre.

II.

Oh noche, noche de pocos sabores y amigos,
vuélvete madrugada
sin promesas,
que de tus vísceras
nazca aunque duela
un amanecer de doctrinas asustadas.

III.

Oh noche de los mismos espejos,
hace dos insomnios ahogados
intenté entenderte
y tus pájaros de silencio
derribaron mis mentiras.

En ti, amiga noche,
gobiernan mi maldad
y mi verdad.

El amanecer se pinta de elecciones,
y yo vuelvo a elegirte,
mi amiga sincera.

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Roja tierra, mar oscuro

No es justo,

porque si los arqueólogos

desenterraran mi patria en mil años,

la sangre

y las lágrimas

se habrían ya secado,

y de sus jugos tristes

ceibas y tibios manglares

serían exhibidos.

Los gusanos y las larvas

celebrarán la gula,

las quebradas y los ríos

descansarán de inventar excusas

por sus labios secos,

las mansiones, por supuesto,

seguirán intactas,

y sorprenderá

la cantidad de antenas “Sky Sports”

apuntando todavía al cielo.

Escombro fértil

en huecos de gente:

niños sin almuerzo

bajo treinta metros,

hombres bien cenados

bajo diez.

Cuando nos encuentren bajo tierra,

algún europeo o norteamericano llorará

y dirá, con solemne ignorancia:

“Murieron sonriendo.

¡Nunca perdieron la esperanza!”