Por Alonso Rosales
Revelaciones periodísticas recientes han puesto al centro de atención internacional un giro inesperado en las relaciones entre el gobierno de Estados Unidos y uno de los líderes históricos del chavismo venezolano: el ministro del Interior y Justicia, Diosdado Cabello. Informes basados en fuentes de la agencia Reuters y difundidos por medios como FRANCE24 y Telemundo señalan que Cabello sostuvo conversaciones con altos funcionarios de la administración del presidente Donald Trump meses antes de la operación militar estadounidense que culminó el 3 de enero de 2026 con la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
Según estas investigaciones, los contactos entre Washington y Cabello no fueron puntuales ni circunstanciales. Iniciados en los primeros días del actual mandato de Trump, continuaron tanto en las semanas previas a la acción militar como después de la caída de Maduro, a pesar de que Cabello ha sido tradicionalmente visto como uno de los dirigentes más intransigentes del chavismo.
¿Con quién habló Cabello y cómo se dieron las conversaciones?
Las fuentes consultadas por Reuters — cuatro de ellas anónimas pero familiarizadas con el asunto — señalaron que las conversaciones se dieron tanto directamente como a través de intermediarios con funcionarios de alto rango del gobierno estadounidense. Los interlocutores específicos no han sido identificados públicamente, pero se entiende que se trató de representantes de agencias vinculadas a seguridad y política exterior de Washington.
Durante esos encuentros y diálogos, Estados Unidos habría planteado advertencias claras a Cabello, en particular sobre el uso de las fuerzas de seguridad estatal, incluyendo los servicios de inteligencia, la policía, las Fuerzas Armadas y grupos paramilitares oficialistas conocidos como colectivos. La Casa Blanca le exigió al ministro que no empleara esos aparatos para reprimir o atacar a la oposición venezolana, con el objetivo declarado de evitar una escalada de violencia interna que pudiera desestabilizar al país tras la captura de Maduro.
Además de esas advertencias, las comunicaciones también habrían tocado temas como las sanciones impuestas por Estados Unidos y la acusación judicial que enfrenta Cabello en tribunales estadounidenses — la misma acusación por presunto narcotráfico que el gobierno de Trump utilizó como parte de su justificación legal para capturar a Maduro. A pesar de ello, Cabello no fue detenido durante la operación militar.
¿Qué ofreció Estados Unidos y qué buscaba?
Si bien los detalles precisos de las negociaciones no han sido revelados, analistas interpretan que Washington buscaba con estos contactos asegurar un entorno político relativamente estable tras la caída de Maduro. La administración estadounidense consideraba que Cabello, pese a su reputación de dureza, podía influir en evitar un estallido de violencia o una resistencia masiva organizada por partes leales al régimen anterior.
Algunos reportes internacionales señalan que estas comunicaciones podrían haber sido parte de esfuerzos más amplios de Washington para equilibrar los diversos frentes políticos internos venezolanos y facilitar la transición hacia un gobierno respaldado por Estados Unidos, con figuras como Delcy Rodríguez — ahora presidenta interina — jugando un papel clave.
La sorpresa en el ámbito político y mediático
Estas revelaciones han generado una fuerte sorpresa tanto dentro como fuera de Venezuela, dado el perfil histórico de Diosdado Cabello. Conocido por ser una de las voces más duras dentro del chavismo, leal a la revolución bolivariana y crítico acérrimo de los Estados Unidos, Cabello ha negado en múltiples ocasiones toda clase de negociación con Washington que implique concesiones sobre la continuidad del liderazgo chavista o la salida de Maduro del poder.
El choque entre su retórica pública de lealtad incondicional y estos contactos secretos ha desatado cuestionamientos sobre las dinámicas internas del poder en Venezuela y la real influencia de Cabello en la etapa post-Maduro. Especialistas en política latinoamericana han subrayado que, aunque Cabello niega traicionar al proyecto chavista, la necesidad de evitar un conflicto violento pudo haber llevado a ambas partes a adoptar posiciones pragmáticas, incluso si ello contradice las narrativas oficiales.
En un contexto regional ya marcado por tensiones entre gobiernos y potencias, estas revelaciones plantean preguntas sobre las futuras relaciones entre Venezuela y Estados Unidos, la estabilidad interna del país caribeño y el papel de figuras clave como Cabello en la reconstrucción del escenario político después de la caída de Maduro.