Crédito Universidad de Kioto
Por Alonso Rosales
Los recientes hallazgos arqueológicos en la cueva Üçağızlı II, ubicada en el sur de Turquía, aportan evidencia significativa para replantear las dinámicas de interacción entre neandertales (Homo neanderthalensis) y humanos anatómicamente modernos (Homo sapiens) durante el Paleolítico medio y superior. Lejos de la visión tradicional que plantea una sustitución abrupta de una especie por otra, los datos sugieren un escenario más complejo caracterizado por coexistencia, transmisión cultural y posibles procesos de aculturación.
El análisis estratigráfico y paleontológico indica que los neandertales habitaron la cueva entre hace aproximadamente 77.000 y 59.000 años, seguidos por poblaciones de Homo sapiens entre 59.000 y 47.000 años. Lo notable no radica únicamente en la sucesión ocupacional, sino en la persistencia de prácticas tecnológicas y simbólicas compartidas. Ambas especies emplearon herramientas líticas del complejo musteriense, además de explotar recursos faunísticos similares, como caprinos salvajes, cérvidos y suidos.
Uno de los elementos más reveladores es la presencia recurrente de conchas marinas de Columbella rustica en ambas capas culturales. Estas piezas, consideradas “manuportes”, sugieren un comportamiento simbólico o estético, posiblemente vinculado a ornamentos personales. Su selección específica, pese a la disponibilidad de otras especies, apunta a patrones culturales compartidos o transmitidos intergrupalmente.
La Dra. Robin Dennell, arqueóloga de la Universidad de Oxford, sostiene que “estos hallazgos refuerzan la hipótesis de que las fronteras culturales entre neandertales y Homo sapiens eran mucho más permeables de lo que se asumía anteriormente, evidenciando procesos de intercambio más que de reemplazo”.
Por su parte, el profesor David Reich, genetista y antropólogo de la Universidad de Harvard con estrecha colaboración académica en Yale, señala que “la evidencia genética ya había demostrado episodios de mestizaje entre ambas especies; sin embargo, este tipo de evidencia arqueológica sugiere que dichas interacciones no fueron meramente biológicas, sino también culturales”.
En la misma línea, la Dra. Anna K. Behrensmeyer, investigadora asociada a Stanford, enfatiza que “la continuidad tecnológica observada en Üçağızlı II sugiere una transmisión de conocimiento que pudo haberse dado por contacto directo o por aprendizaje indirecto dentro de paisajes compartidos”.
Este descubrimiento también se inscribe en un contexto más amplio de migraciones humanas fuera de África, particularmente durante el periodo comprendido hace unos 60.000 años, cuando diversas oleadas de Homo sapiens se expandieron hacia Eurasia. La región del Levante y Anatolia habría funcionado como un corredor biogeográfico clave donde múltiples poblaciones coexistieron, interactuaron y posiblemente hibridaron tanto genética como culturalmente.
A diferencia de otros yacimientos como la Grotte Mandrin en Francia, donde se observan diferencias tecnológicas más marcadas entre ambas especies, Üçağızlı II presenta un caso singular de convergencia cultural. Este contraste sugiere que las trayectorias evolutivas y culturales no fueron homogéneas, sino altamente dependientes de contextos locales y redes de interacción específicas.
En síntesis, la evidencia emergente invita a reconsiderar los modelos lineales de evolución humana, proponiendo en su lugar una narrativa reticulada, donde distintas especies humanas no solo coexistieron, sino que también compartieron prácticas, conocimientos y posiblemente significados simbólicos durante milenios.
Fuente CNN