Def Leppard en San Salvador: el rock no tiene edad y la memoria no cabe en un celular

La banda británica regresó a San Salvador con un espectáculo de grandes dimensiones, clásicos que atraviesan generaciones y una producción visual impactante. Entre la historia de superación de Rick Allen, la vigencia de los músicos veteranos y una multitud pendiente de sus celulares, el concierto dejó una reflexión sobre la nostalgia, el edadismo y la experiencia de escuchar rock en directo.

Zarko Pinkas |

La banda británica regresó a San Salvador con un espectáculo de grandes dimensiones, clásicos que atraviesan generaciones y una producción visual impactante. Entre la historia de superación de Rick Allen, la vigencia de los músicos veteranos y una multitud pendiente de sus celulares, el concierto dejó una reflexión sobre la nostalgia, el edadismo y la experiencia de escuchar rock en directo.


Def Leppard regresó al Estadio Cuscatlán el sábado 24 de octubre para reencontrarse con el público salvadoreño en una noche de guitarras, grandes estribillos y recuerdos asociados al rock británico de los años ochenta. La banda ofreció un espectáculo sólido, respaldado por una producción visual impactante y un repertorio que volvió a reunir a distintas generaciones alrededor de sus canciones.

El concierto estuvo bien. El clima acompañó, el público disfrutó el espectáculo con tranquilidad y la banda demostró que conserva el oficio necesario para sostener una presentación ante miles de personas. La puesta en escena tuvo dimensiones considerables, con luces, estructuras y recursos audiovisuales que transformaron el escenario a lo largo de la noche. No obstante, para quien conoce la discografía del grupo, la experiencia también estuvo marcada por las expectativas que cada canción despierta y por aquellas que uno espera escuchar y finalmente no aparecen.

Def Leppard no es una banda que pueda reducirse fácilmente a la etiqueta del heavy metal. Su propuesta se mueve entre el hard rock, el rock melódico británico y una estética glam que nunca termina de confundirse con la de agrupaciones estadounidenses como Poison, Ratt o Mötley Crüe. Hay guitarras contundentes, pero también armonías vocales, estribillos memorables y una vocación melódica que explica buena parte de su permanencia.

También apareció «Personal Jesus», la canción de Depeche Mode que Def Leppard incorporó a su repertorio como versión.

Si tuviera que escoger el disco fundamental de su trayectoria, me quedaría con Pyromania (1983). Fue el álbum que consolidó su proyección internacional y que contiene canciones como «Photograph», «Rock of Ages» y «Foolin’». Después llegó Hysteria (1987), con una producción que amplió su alcance comercial y convirtió temas como «Love Bites» y «Pour Some Sugar on Me» en clásicos del rock de estadio.

En San Salvador sonaron «Animal», «Let’s Get Rocked», «Rocket», «Slang», «Love Bites», «Rock of Ages», «Photograph», «Hysteria» y «Pour Some Sugar on Me», entre otros temas. También apareció «Personal Jesus», la canción de Depeche Mode que Def Leppard incorporó a su repertorio como versión. El listado de 20 canciones publicado por el sitio especializado DefLeppardUK permite reconstruir una parte importante del espectáculo, aunque no constituye una confirmación oficial definitiva de la banda.

Uno de los momentos más interesantes llegó con «Photograph», cuando las imágenes de los músicos en sus años de juventud se intercalaron con las de su presente. La canción adquirió así una dimensión distinta: el público no solo escuchaba un clásico, sino que contemplaba el paso del tiempo en los rostros y las trayectorias de quienes lo habían creado. Era una forma de comprobar que el pasado continúa vivo, aunque sus protagonistas ya no sean los mismos.

Entre las canciones que esperaba escuchar estaba «Foolin’», una de mis favoritas de Pyromania. La conozco desde que el álbum salió al mercado: entonces tenía el casete y hoy conservo el vinilo. Sin embargo, no sonó en San Salvador, aunque una crónica publicada en otro medio la incluyó entre las interpretaciones de la noche. El repertorio de referencia consultado tampoco la registra.

La observación no resta méritos al concierto, pero recuerda algo esencial para quienes escribimos sobre música: antes de enumerar las canciones de una banda con décadas de trayectoria, hay que escucharla, conocer su discografía y contrastar la información disponible. No se trata de presumir que uno lo sabe todo, sino de respetar la música y al público que la conoce. «Foolin’» no estuvo en el repertorio de esa noche. Yo la esperaba y no la escuché.

Rick Allen: tocar después de lo impensable

Uno de los momentos que más me impresionaron fue volver a ver a Rick Allen detrás de la batería. Su historia es inseparable de la de Def Leppard y constituye uno de los episodios más extraordinarios de la trayectoria del grupo.

En diciembre de 1984, Allen sufrió un accidente automovilístico que le provocó la pérdida del brazo izquierdo. Para muchos seguidores, aquello parecía anunciar el final de su carrera como baterista. ¿Cómo podía continuar en una banda de rock un músico que había perdido una de las extremidades fundamentales para tocar su instrumento?

Allen tuvo que aprender otra manera de hacerlo. Con ayuda tecnológica, desarrolló una batería electrónica adaptada que le permitió distribuir parte de la ejecución entre los pies y el brazo derecho. En 1986 regresó a los escenarios con Def Leppard y posteriormente participó en la grabación de Hysteria, uno de los discos más exitosos de la banda.

También fue determinante el respaldo de sus compañeros. En lugar de apartarlo, Def Leppard lo acompañó durante su recuperación y adaptación. La continuidad de Allen no fue simplemente el resultado de una proeza individual, sino también de una banda que decidió permanecer unida ante una circunstancia que habría podido cambiarlo todo.

Uno de los momentos que más me impresionaron fue volver a ver a Rick Allen detrás de la batería. Su historia es inseparable de la de Def Leppard y constituye uno de los episodios más extraordinarios de la trayectoria del grupo.

Yo ya había visto a Def Leppard en directo a finales de los noventa. Volver a encontrar a Allen detrás de la batería tantos años después fue una experiencia especialmente significativa. No se trata de convertir su historia en una frase fácil de superación personal, sino de reconocer el trabajo que implica reconstruir una forma de hacer música cuando parece que todo está perdido. Allen no regresó para reproducir exactamente lo que hacía antes: encontró otra manera de hacerlo y continuó con la banda.

El edadismo no tiene lugar en el escenario

Joe Elliott, el vocalista, conserva una presencia convincente y una voz que sigue sosteniendo la identidad del grupo. En algunos pasajes percibí cierta limitación en determinadas notas, pero fueron detalles menores dentro de una actuación que mantuvo su cohesión. Phil Collen y Vivian Campbell, desde las guitarras, completaron una formación que continúa defendiendo su repertorio sin convertirlo en una reproducción inmóvil del pasado.

Joe Elliott, el vocalista, conserva una presencia convincente y una voz que sigue sosteniendo la identidad del grupo.

Aquí aparece una cuestión que trasciende a Def Leppard: el edadismo. Con frecuencia, la industria cultural y parte del público parecen asumir que la edad reduce automáticamente la capacidad de crear, interpretar o convocar. Sin embargo, estas bandas continúan girando, llenando recintos y encontrándose con públicos jóvenes que descubren su música por primera vez.

En el Cuscatlán no todo era memoria generacional. También había jóvenes compartiendo el concierto con sus padres o acercándose a canciones que nacieron mucho antes que ellos. El regreso del rock de los ochenta no significa únicamente una moda retro: demuestra que una canción puede atravesar generaciones cuando conserva la fuerza para conectar con quienes la escuchan.

Las bandas no son eternas y llegará el momento en que algunas de ellas ya no puedan presentarse en directo. Precisamente por eso, asistir a estos conciertos tiene un valor que no debería reducirse a la nostalgia. Estamos viendo a músicos que han atravesado décadas de cambios tecnológicos, transformaciones de la industria y modificaciones en los hábitos de escucha, pero que todavía encuentran razones para subir al escenario.

Def Leppard demuestra que la edad no tiene por qué convertirse en una frontera artística. Su permanencia no consiste únicamente en interpretar canciones antiguas, sino en seguir defendiendo una identidad musical ante un público que continúa creciendo y renovándose.

El concierto que miramos a través del celular

Hubo otra imagen que me acompañó durante la noche: la multitud de teléfonos levantados para grabar canciones, fotografiar a los músicos y conservar fragmentos del espectáculo.

Yo también saqué el celular varias veces. Quería tomar fotografías y guardar imágenes que pudieran acompañar esta crónica. Pero también lo bajé para escuchar y mirar sin una pantalla de por medio. Esa alternancia me hizo pensar en la relación que hemos construido con los conciertos: queremos estar presentes, pero también necesitamos demostrar que estuvimos allí.

¿Grabamos para recordar o grabamos porque tememos olvidar? ¿En qué momento la necesidad de conservar una experiencia termina ocupando el lugar de la experiencia misma?

No hay una respuesta única. Las fotografías y los videos permiten compartir la música, conservar recuerdos y prolongar la emoción después del espectáculo. El problema aparece cuando la pantalla se convierte en intermediaria permanente y terminamos viendo el concierto como si ya fuera un recuerdo, incluso mientras todavía está sucediendo.

Quizá haya algo paradójico en ello: Def Leppard nos convoca con canciones que han sobrevivido al paso del tiempo, mientras nosotros intentamos convertir cada minuto en un archivo digital para el futuro. Queremos conservarlo todo, pero no siempre nos concedemos la oportunidad de vivir plenamente aquello que queremos recordar.

La producción visual contribuyó a esa experiencia. Las estructuras monumentales, las luces y las animaciones tridimensionales crearon escenarios de apariencia casi cinematográfica. Algunas imágenes parecían adquirir volumen y movimiento, con figuras y ambientes que se integraban a las canciones. No tengo elementos para afirmar que fueron generadas con inteligencia artificial; pudieron intervenir distintas técnicas de animación, modelado y diseño digital. Lo que sí pude apreciar fue su impacto visual y la manera en que ampliaron las dimensiones del espectáculo.

Quizá haya algo paradójico en ello: Def Leppard nos convoca con canciones que han sobrevivido al paso del tiempo, mientras nosotros intentamos convertir cada minuto en un archivo digital para el futuro.

El concierto fue, en definitiva, un encuentro con una banda que sigue defendiendo su lugar en la historia del rock. No necesitó negar su pasado para demostrar su vigencia. Su música, su producción escénica y la respuesta del público confirmaron que la nostalgia puede ser un punto de partida, no necesariamente un destino.

Def Leppard sigue siendo una gran banda británica. Y, frente a quienes creen que la edad marca el final de la creatividad o de la capacidad de emocionar, su presencia sobre el escenario deja una conclusión sencilla: el rock no tiene una fecha de caducidad. La memoria, por su parte, no necesita grabarlo todo para conservar aquello que realmente importa.


Una nota para nuestros lectores

Disfruté mucho el concierto de Def Leppard y la experiencia de compartirlo desde las zonas destinadas al público, escuchando la música y observando el desarrollo del espectáculo. Sin embargo, considero necesario explicar las condiciones en las que se realizó esta cobertura y las limitaciones del registro fotográfico que acompaña la crónica.

Las fotografías fueron tomadas con un teléfono celular, desde una distancia considerable del escenario. Aunque busqué diferentes encuadres y composiciones para ofrecer a los lectores de ContraPunto un registro visual del concierto, las condiciones no permitieron realizar el trabajo fotográfico que habría sido posible con un fotógrafo acreditado, una cámara profesional y acceso a una ubicación adecuada para obtener primeros planos.

El antecedente de esta situación se encuentra en las gestiones de comunicación realizadas inicialmente con la producto por el concierto de Caifanes. A la productora, se le presentó una propuesta de colaboración para la difusión de eventos musicales. Durante ese proceso se nos solicitaron enlaces a nuestras redes sociales, las cuentas del medio y referencias de notas periodísticas relacionadas con nuestro trabajo. También ofrecimos preparar una prenota, publicar una postnota después del evento, realizar el registro visual correspondiente y brindar apoyo adicional a la productora, incluidas entrevistas si resultaban de su interés.

La respuesta recibida fue un agradecimiento y la indicación de que la propuesta sería analizada. Después de ese mensaje, no recibimos una comunicación posterior que nos informara de una decisión definitiva. Pese a la información facilitada y a las posibilidades de colaboración ofrecidas, el proceso quedó sin una resolución comunicada al medio.

En el caso de Def Leppard, la organización del concierto correspondía a otra productora. Sin embargo, el contacto electrónico utilizado coincidía con el de la empresa relacionada con las gestiones anteriores y con la organización de otros acontecimientos musicales. Esta coincidencia es un antecedente relevante, aunque todavía debemos verificar la relación exacta entre las empresas y el alcance de las solicitudes realizadas a cada una. Por esa razón, no atribuimos a una misma entidad todas las decisiones sin haber comprobado previamente esos datos.

Ante estas circunstancias, decidí financiar personalmente una parte y otra gracias ContraPunto mi entrada para asistir al concierto de Def Leppard, escuchar a la banda y elaborar esta crónica. Acudí sin acreditación de prensa y sin llevar una cámara profesional, por lo que las fotografías que acompañan esta publicación constituyen un registro limitado, realizado desde la ubicación disponible para el público.

Ofrecemos disculpas a nuestros lectores por las limitaciones del material fotográfico y consideramos importante explicar las condiciones en que fue obtenido. La sección de Cultura de ContraPunto busca promover las expresiones culturales en sus diferentes ámbitos, sin sesgos ni exclusiones. Nuestros lectores merecen información, análisis y registros visuales que estén a la altura de su interés por la música, los discos y los acontecimientos culturales de El Salvador.

Mi trabajo no consiste únicamente en narrar lo que sucede sobre un escenario. Me interesa analizar la propuesta musical, examinar la trayectoria de los artistas y situar cada presentación en su contexto cultural. La fotografía es un complemento fundamental de esa labor y requiere condiciones adecuadas para desarrollarse.

Solicitar una acreditación de prensa no es pedir un favor: es gestionar las condiciones necesarias para realizar un trabajo periodístico. Las productoras tienen la facultad de evaluar las solicitudes, pero una comunicación profesional también implica informar sobre la decisión adoptada. Cuando se presenta una propuesta de colaboración y se solicita información para evaluarla, lo razonable es que el proceso concluya con una respuesta, favorable o desfavorable.

Dejar constancia de estas circunstancias no busca desplazar la música del centro de esta crónica. Es una explicación para nuestros lectores y una defensa de las condiciones necesarias para ejercer el periodismo cultural.