Por Alonso Rosales
En medio de un contexto geopolítico cada vez más tenso en el Ártico, representantes de los pueblos indígenas de la región se han reunido en una nueva Cumbre Ártica de los Pueblos Indígenas, un encuentro que congrega a delegaciones de comunidades originarias, gobiernos y organizaciones internacionales para debatir el futuro de uno de los territorios más sensibles del planeta.
La reunión, que se desarrolla con la participación de representantes indígenas de Canadá, Groenlandia, Escandinavia y otras regiones circumpolares, busca reforzar la cooperación entre los pueblos originarios del norte y reivindicar su papel como guardianes históricos de la tierra, el hielo y los ecosistemas árticos.
Un encuentro de pueblos del norte
La cumbre reúne a líderes indígenas, expertos y representantes gubernamentales de varias regiones del Ártico. Entre ellos se encuentran delegaciones de los pueblos sami —también llamados “ami” en algunos contextos— que habitan en territorios repartidos entre Noruega, Suecia, Finlandia y Rusia, así como representantes inuit de Groenlandia y Canadá.
En total participan comunidades que forman parte de las principales organizaciones indígenas del Ártico, junto a delegaciones estatales y observadores internacionales, reflejando el carácter singular de esta región donde pueblos originarios y gobiernos comparten responsabilidades sobre un territorio frágil y estratégico.
Durante el encuentro se subrayó que los pueblos indígenas no son únicamente comunidades culturales, sino también actores políticos fundamentales en la gobernanza del Ártico.
Los sami: pastores de renos y guardianes de una cultura milenaria
Uno de los pueblos indígenas más conocidos de la región es el pueblo sami, distribuido a lo largo de la región conocida como Sápmi, que abarca el norte de Noruega, Suecia, Finlandia y parte de Rusia.
Históricamente, los sami han sido pastores de renos, actividad que continúa siendo central para su identidad cultural y económica. El pastoreo migratorio sigue rutas tradicionales que atraviesan montañas y tundras, adaptándose a los ciclos de las estaciones.
Entre sus costumbres destacan:
Noruega es considerado uno de los países donde la relación entre el Estado y el pueblo sami ha evolucionado hacia una cooperación institucional más sólida. Allí existe un Parlamento Sami, creado para garantizar la representación política y la preservación cultural.
Los pueblos inuit de Canadá y Groenlandia
Otro eje central de la cumbre lo ocupan los pueblos inuit, que viven en Canadá, Groenlandia, Alaska y la región rusa de Chukotka. Estas comunidades comparten una cultura profundamente ligada al hielo marino, la pesca, la caza y el conocimiento tradicional del océano Ártico.
Los inuit mantienen estrechos vínculos entre sí a través de organizaciones como el Consejo Circumpolar Inuit, que promueve la cooperación política entre comunidades del norte y la defensa de sus derechos colectivos.
En Canadá, los pueblos inuit y otras comunidades indígenas mantienen una relación institucional compleja pero cada vez más estructurada con el Estado, basada en acuerdos territoriales y sistemas de autogobierno en regiones como Nunavut.
Durante la cumbre, el representante indígena canadiense expresó una reflexión que resonó entre los participantes:
“Cuando las potencias miran el Ártico ven minerales, petróleo y rutas comerciales. Nosotros vemos nuestra casa, nuestros animales, nuestras historias y nuestras familias”.
Según explicó, la visión capitalista del territorio suele centrarse en los recursos que se encuentran bajo el suelo, mientras que para los pueblos originarios la tierra representa un sistema vivo que conecta cultura, identidad y supervivencia.
Groenlandia: “Nada sobre nosotros sin nosotros”
Uno de los temas más sensibles del encuentro ha sido la situación de Groenlandia y el creciente interés estratégico que despierta la isla.
Representantes políticos groenlandeses reiteraron una postura clara: ninguna decisión sobre el territorio puede tomarse sin la participación directa de Groenlandia.
La diputada y la ministra de Asuntos Exteriores del gobierno autónomo groenlandés insistieron en un principio que ha sido repetido en la cumbre:
“Nada sobre Groenlandia puede decidirse sin Groenlandia”.
La isla, habitada mayoritariamente por población inuit, defiende su derecho a la autodeterminación y a decidir el futuro de sus recursos naturales y su modelo de desarrollo.
Diversas organizaciones indígenas han recordado que el pueblo de Groenlandia posee el derecho a la libre determinación reconocido por el derecho internacional.
Solidaridad ártica ante una nueva presión geopolítica
La cumbre también ha servido para mostrar la solidaridad entre los pueblos indígenas del Ártico, que comparten preocupaciones frente al cambio climático, la explotación de recursos naturales y la creciente competencia entre potencias por la región.
El deshielo acelerado está abriendo nuevas rutas marítimas y despertando interés económico, lo que ha colocado al Ártico en el centro de la geopolítica mundial.
Sin embargo, los líderes indígenas insisten en que el desarrollo de la región debe basarse en el respeto a sus territorios ancestrales y en el reconocimiento de sus conocimientos tradicionales sobre el ecosistema ártico.
Un llamado al respeto y la cooperación
Durante la cumbre, varios representantes internacionales subrayaron la necesidad de respetar a los pueblos originarios como actores clave en la gobernanza del Ártico. Entre ellos, la diplomática europea Kaja Kallas destacó que cualquier política sobre el norte debe reconocer el papel histórico de sus comunidades indígenas.
Según afirmó, el futuro del Ártico debe construirse con cooperación, respeto mutuo y reconocimiento de los derechos de quienes han vivido allí durante miles de años.
Un Ártico habitado, no vacío
La reunión concluyó con un mensaje compartido por todas las delegaciones: el Ártico no es un territorio vacío ni una frontera económica por explotar.
Es un espacio habitado por pueblos que han desarrollado culturas resilientes durante milenios, adaptándose a uno de los entornos más extremos del planeta.
Para los sami, los inuit y otros pueblos circumpolares, la defensa del territorio no es únicamente una cuestión política o económica, sino una cuestión de supervivencia cultural y de dignidad histórica.