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Por Alonso Rosales
Los recientes colapsos de edificaciones tras los terremotos que sacudieron Venezuela han reavivado el debate sobre las condiciones estructurales del parque habitacional del país, donde expertos advierten que la corrupción y décadas de crisis económica podrían haber contribuido significativamente a la vulnerabilidad de muchas construcciones.
De acuerdo con especialistas en riesgos naturales y estructuras, el deterioro progresivo de edificios, sumado a posibles fallas en la aplicación de normativas, ha generado un escenario de alto riesgo. Matthew Blackett, profesor asociado de Riesgos Naturales en la Universidad de Coventry, señala que muchos inmuebles en Venezuela presentan deficiencias debido a mantenimiento inadecuado o a haber sido construidos fuera de los estándares oficiales.
Venezuela se ubica entre los países con mayor percepción de corrupción a nivel mundial, según Transparencia Internacional, lo que refuerza la hipótesis de que prácticas irregulares en el sector público pudieron incidir en la calidad de las obras civiles.
Aunque el país cuenta actualmente con normas de construcción alineadas a estándares internacionales, gran parte de los edificios afectados fueron levantados entre las décadas de 1950 y 1970, antes de la implementación completa de regulaciones modernas. Estas estructuras antiguas, muchas de ellas sin refuerzos posteriores, presentan vulnerabilidades significativas ante eventos sísmicos.
A esto se suma el contexto histórico de los auges petroleros, durante los cuales se desarrollaron numerosos proyectos de vivienda en plazos acelerados. Expertos sugieren que en ese periodo pudo haberse priorizado la rapidez de construcción sobre la calidad y seguridad estructural.
Organizaciones de la sociedad civil también han alertado sobre el impacto en complejos de vivienda pública, como los ubicados en Catia La Mar, donde se desarrollaron proyectos habitacionales masivos durante el gobierno de Hugo Chávez. Según estas fuentes, existe la posibilidad de que no se hayan aplicado rigurosamente todas las normativas técnicas en su momento.
Otro elemento determinante es la falta de adaptación de edificaciones antiguas a estándares antisísmicos actuales. A diferencia de ciudades como San Francisco, donde tras grandes terremotos se implementaron programas de inspección y reforzamiento estructural, en Venezuela estos procesos han sido limitados o inexistentes.
Raffaele De Risi, profesor asociado de Ingeniería Civil en la Universidad de Bristol, enfatiza que será necesario realizar evaluaciones detalladas tras el desastre para determinar qué proporción de las viviendas afectadas corresponde a construcciones informales o anteriores a las regulaciones vigentes.
Los recientes terremotos no solo han dejado una estela de destrucción, sino que también evidencian las debilidades estructurales acumuladas durante décadas, en un país donde la combinación de crisis económica, falta de mantenimiento y posibles irregularidades ha incrementado la exposición al riesgo.
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