Alonso Rosales – Analista Internacional
La ronda de negociaciones celebrada en Ginebra marcó un giro significativo en la dinámica diplomática que rodea el plan de paz impulsado por Washington para poner fin a la guerra en Ucrania. Si bien la presencia del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, y la delegación ucraniana liderada por Andriy Yermak permitió avanzar en la discusión del borrador estadounidense, fue Europa quien terminó tomando la iniciativa al presentar un documento alternativo que busca corregir aquello que consideran concesiones excesivas a Moscú.
Un plan de Washington que genera desconfianza
El plan de paz de 28 puntos promovido por la administración Trump llegó rodeado de polémica. La exigencia de que Ucrania acepte la propuesta antes del 27 de noviembre encendió alarmas en Kiev y en las principales capitales europeas.
Varios elementos del borrador estadounidense apuntaban hacia una resolución favorable a las exigencias rusas:
Para el Gobierno ucraniano, aceptar estas condiciones equivaldría a una rendición. El propio Volodímir Zelenski reiteró que Ucrania no cederá territorio bajo ningún concepto y que la prioridad es preservar su soberanía antes que satisfacer presiones externas, incluso las de Estados Unidos.
Europa rompe la pasividad
La llegada a Ginebra de asesores de seguridad nacional de Francia, Alemania y Reino Unido evidenció que Europa no está dispuesta a ser un espectador del proceso. Los países del E3 —con el respaldo de la Comisión y el Consejo Europeo— rechazaron frontalmente los puntos del borrador que consideraban perjudiciales para Kiev.
La contrapropuesta europea plantea elementos claves:
Esta versión busca equilibrar las necesidades de seguridad de Ucrania y la urgencia diplomática estadounidense, pero sin comprometer principios básicos de soberanía.
Preocupación entre los aliados occidentales
La respuesta europea no se quedó corta. Canadá y Japón se unieron al rechazo de un plan que, a su juicio, podría legitimar avances militares rusos y dejar a Ucrania vulnerable a futuras agresiones.
Líderes europeos fueron especialmente críticos:
La sensación general es que Washington actuó unilateralmente y que un acuerdo de paz de esta magnitud no puede diseñarse sin los involucrados más expuestos al conflicto: los europeos.
¿Hacia una negociación multipartita?
La inclusión de los aliados europeos en las conversaciones podría transformar el proceso en un formato más amplio, capaz de integrar garantías de seguridad de largo plazo para Kiev. La administración Trump insiste en que no habrá acuerdo final sin el consentimiento tanto de Zelenski como de Trump. Sin embargo, cada día queda más claro que las potencias europeas no permitirán un pacto que ponga en riesgo su seguridad colectiva.
La contrapropuesta del E3, lejos de ser un simple ajuste técnico, representa un intento por redefinir los términos de la discusión: no una paz impuesta por urgencias políticas, sino una que responda a la realidad estratégica del continente y a los intereses de quien más ha pagado el costo de esta guerra: Ucrania.
Europa ya no está al margen del diálogo: está moldeando su propio camino hacia una paz que considera justa, equilibrada y sostenible.