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miércoles, 05 de mayo del 2021

Competencia y competitividad de los paí­ses

A fines del siglo XVIII, los primeros economistas, conocidos como “clásicos”, consideraban que la competencia  son las acciones de los vendedores y compradores, persiguiendo racionalmente sus intereses, con el objeto de vender o comprar un bien o servicio, en un mercado determinado.  Este comportamiento empresarial  fue catalogado como esencial  para el proceso de formación de los precios en los diferentes mercados, de tal manera que Adam Smith, el padre de la ciencia económica, lo identificó metafóricamente como la “mano invisible” que hací­a que funcionara el  sistema capitalista. Aproximadamente un siglo después, los economistas neoclásicos, especialmente Alfred Marshall, crearon teóricamente un tipo de competencia perfecta o ideal, que raramente existe en la realidad, para explicar la formación de los precios como un equilibrio entre la oferta y la demanda del bien o servicio, en un mercado determinado.  Cincuenta años más tarde, en los años veinte del siglo pasado, economistas como Piero Sraffa y Joan Robinson, identificaron las grandes diferencias entre la competencia que realmente existe en los mercados (competencia imperfecta) y el modelo de competencia perfecta; encontrando que las empresas pueden llegar a tener suficiente poder para ampliar su cuota de mercado, diferenciar su producto o lograr establecer barreras de entrada al mercado, aumentando significativamente sus ganancias y repercutiendo negativamente en el bienestar de los consumidores y en la eficiencia del sistema económico.

En la década de los ochenta del siglo pasado, la teorí­a económica neoliberal ya habí­a logrado ser aceptada en el mundo académico, cuyo postulado es que la polí­tica económica gubernamental debe dar a los grandes empresarios todas las facilidades para que obtengan ganancias, ya que una parte sustancial de las mismas tendrán que invertirlas, haciendo que aumente la producción, el empleo y los ingresos de las naciones.

La competitividad es la capacidad de las empresas de competir en los mercados y lograr vender  los bienes o servicios ofrecidos, esto es posible cuando: los precios son inferiores (China  Viet Nam puede ofrecer bajos precios debido principalmente al costo de la mano de obra), la calidad es superior (el caso de Alemania) o es un producto diferenciado (realmente  o  como resultado de la publicidad).

Michael Eugene Porter, un ingeniero mecánico y aeroespacial estadounidense, con maestrí­a en Administración de Empresas y un doctorado en Economí­a Empresarial, presentó en el año 1980, los elementos centrales de una teorí­a neoliberal de la competitividad de las naciones, o  la capacidad de competir en un mundo globalizado, en donde los Estados compiten por ofrecer a la empresa privada todo el apoyo para que pueda tener ganancias significativas en sus negocios de exportación.

La teorí­a neoliberal  de la competitividad de las naciones ha tenido un fuerte desarrollo en los últimos veinte y cinco años, siendo sus aspectos fundamentales los siguientes: el mejoramiento de  la competitividad para cada producto o servicio, así­ como a nivel nacional,  fundamentada en la innovación y el uso de tecnologí­as modernas, deberí­a ser un componente clave de toda estrategia exportadora nacional;  las ventajas competitivas pueden crearse o mejorarse considerablemente y para ello se requiere de un entorno empresarial o mercantil favorable; la ventaja competitiva de un paí­s es la capacidad del Estado para inducir o incitara las empresas locales o extranjeras a utilizar el paí­s como plataforma para llevar adelante sus actividades;  la capacidad de competir depende directamente de la existencia de recursos estratégicos (humanos, infraestructura de investigación e información), un sector empresarial que haga inversiones en innovación); las condiciones polí­ticas, sociales y culturales para que los inversionistas estén dispuestos a invertir; un mercado local exigente; así­ como la presencia de industrias de apoyo. El mejoramiento sostenido de las exportaciones depende de las tecnologí­as y la innovación.

Según el nivel de desarrollo económico, primero es factible una estrategia de competitividad fundamentada en los recursos (mano de obra de bajo costo o recursos naturales), luego en las inversiones que mejoren los factores de eficiencia y permitan fabricar productos de una complejidad creciente, finalmente en la innovación para producir bienes y servicios novedosos. Es esencial centrar la atención de la estrategia de competitividad en sectores con un gran potencial de aumento del valor añadido.

El Foro Económico Mundial realiza un trabajo de recopilación de información para elaborar cada año un índice de Competitividad Global, es decir de las condiciones favorables que existen en cada paí­s en beneficio de los empresarios que los inducen a invertir en la producción y comercialización de bienes y servicios para su exportación a otros paí­ses.

En cada paí­s existen condiciones especí­ficas que afectan positiva o negativamente en la competitividad de las empresas, como: la cantidad y calidad de recursos naturales; el costo de transporte y energí­a eléctrica;  las tasas de interés;  los salarios; las rentas; los impuestos: los costos de transacción (para realizar compras y ventas, gestiones para poder funcionar como empresa o tener acceso a los factores de la producción); obras de infraestructura básica e instalaciones (caso de zonas francas), alta productividad de la mano de obra, acceso a la tecnologí­a y al comercio electrónico.

Los gremios empresariales sostienen  que la existencia  en cada paí­s de un ambiente institucional y macroeconómico estable, que transmita confianza, atraiga capitales y tecnologí­a favorece ampliamente la competitividad. Así­ también varios organismos internacionales consideran que un ambiente nacional (productivo y humano) que permita a las empresas absorber, transformar y reproducir tecnologí­a, adaptarse a los cambios en el contexto internacional y exportar productos con mayor agregado tecnológico es igualmente favorable.

 

Santiago Ruiz
Santiago Ruiz
Columnista Contrapunto

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