Lejos de ser un simple conflicto entre un jefe y un empleado, el acoso laboral o mobbing constituye una práctica que puede vulnerar derechos humanos fundamentales.
Zarko Pinkas |
El acoso laboral o mobbing consiste en una serie de conductas repetidas y sistemáticas dirigidas a intimidar, desgastar o aislar a un trabajador. En muchos casos comienza después de un cambio de jefatura, una reestructuración o la llegada de un nuevo responsable que modifica la dinámica del equipo. Esto no significa que todo cambio de jefe implique acoso, pero sí es un contexto en el que pueden surgir este tipo de prácticas.
Estas son algunas de las señales más frecuentes y ejemplos de cómo pueden manifestarse:
1. Aislamiento deliberado
Ejemplo: El trabajador deja de ser convocado a reuniones en las que antes participaba, ya no recibe los correos con información importante o se entera de decisiones cuando ya fueron tomadas.
2. Llamados de atención constantes
Ejemplo: El empleado es llamado varias veces a la oficina para ser reprendido por asuntos menores y no se le permite explicar su versión de los hechos o defender su trabajo.
3. Correcciones permanentes
Ejemplo: Comienzan a señalarse como errores acciones o procedimientos que durante años fueron aceptados sin ningún inconveniente, únicamente desde la llegada de una nueva jefatura.
4. Desprestigio profesional
Ejemplo: Frente a compañeros se hacen comentarios como: “Siempre hay que revisar lo que hace porque se equivoca”, aunque no exista evidencia de un mal desempeño.
5. Sobrecarga o retiro de funciones
Ejemplo: De un día para otro se le asigna una cantidad excesiva de trabajo imposible de cumplir, o, por el contrario, se le retiran responsabilidades importantes para hacerlo sentir prescindible.
6. Cambios arbitrarios
Ejemplo: Se modifican horarios, funciones o tareas sin explicación y sin consultar al trabajador, afectando su organización personal y laboral.
7. Humillaciones o descalificaciones
Ejemplo: El jefe corrige al empleado delante de todo el equipo, utiliza un tono burlón o hace comentarios que buscan avergonzarlo.
8. Obstaculización del trabajo
Ejemplo: No se entrega información necesaria para cumplir una tarea y luego se responsabiliza al trabajador por no haber alcanzado los resultados esperados.
9. Evaluaciones injustas
Ejemplo: Aunque los resultados sean similares a los de otros compañeros, únicamente una persona recibe observaciones negativas o calificaciones deficientes.
10. Vigilancia excesiva
Ejemplo: Solo un trabajador debe reportar cada movimiento, justificar cada salida o rendir explicaciones constantes, mientras el resto del equipo no está sujeto al mismo nivel de supervisión.
11. Presión para que renuncie
Ejemplo: Se escuchan frases como: “Tal vez aquí ya no estás cómodo”, “Deberías buscar otra oportunidad” o “Quizá este puesto ya no es para vos”.
12. Represalias
Ejemplo: Después de presentar una queja, denunciar una irregularidad o expresar una inconformidad, el trabajador comienza a recibir un trato más hostil o pierde responsabilidades y oportunidades.
13. Trato desigual
Ejemplo: A un empleado se le niegan permisos, capacitaciones o beneficios que sí reciben otros compañeros en condiciones similares, sin una justificación objetiva.14. Acoso laboral por medios digitales
14. Acoso laboral por medio digitales
El acoso laboral no siempre ocurre de manera presencial. También puede manifestarse a través de mensajes de WhatsApp, correos electrónicos, plataformas de mensajería o videollamadas de trabajo.
Ejemplos:
Es importante señalar que enviar un mensaje ocasional fuera del horario laboral o realizar una observación puntual sobre el trabajo no constituye, por sí solo, acoso laboral. El problema surge cuando estas conductas son repetitivas, desproporcionadas, selectivas y tienen como finalidad intimidar, desgastar emocionalmente o presionar al trabajador para que renuncie o acepte condiciones desfavorables.
Hay que tener claro que un desacuerdo ocasional con un jefe o una llamada de atención por un error real no constituyen, por sí solos, acoso laboral. El mobbing se caracteriza porque estas conductas se repiten de forma sistemática, generan un ambiente hostil y buscan desgastar al trabajador o inducirlo a abandonar su empleo.
Aunque muchas personas relatan que las situaciones de acoso comenzaron tras la llegada de una nueva jefatura, estas conductas pueden ser ejercidas por supervisores o compañeros de cualquier edad. Lo relevante no es la edad de quien las comete, sino el abuso de poder, el trato sistemático y el impacto que esas acciones tienen sobre la dignidad y el bienestar del trabajador.
Lejos de ser un simple conflicto entre un jefe y un empleado, el acoso laboral o mobbing constituye una práctica que puede vulnerar derechos humanos fundamentales. Cuando una persona es sometida de manera sistemática a humillaciones, aislamiento, hostigamiento, discriminación, represalias o presiones para abandonar su empleo, no solo se afecta su estabilidad laboral, sino también su dignidad, su integridad física y psicológica, su derecho a la igualdad y a trabajar en un ambiente seguro y respetuoso.
El derecho al trabajo y a condiciones laborales justas y favorables está reconocido en la Declaración Universal de Derechos Humanos, así como en diversos tratados internacionales y convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En ese contexto, prácticas como el mobbing, el hostigamiento laboral, la discriminación por edad (edadismo) y otras formas de violencia en el entorno de trabajo no deben entenderse únicamente como problemas de gestión de personal, sino como conductas que pueden constituir una vulneración de los derechos humanos de las personas trabajadoras y que exigen medidas de prevención, protección y reparación por parte de los empleadores y del Estado.