Cómo el voto “jeropa” favoreció el triunfo de Keiko  Fujimori

Por Hans Alejandro Herrera

Mientras Paraguay eliminaba a Alemania del Mundial, en Perú, después de un interminable conteo de votos, Keiko Fujimorí oficializaba su victoria eliminando a la ecléctica oferta electoral de la izquierda peruana. Cual reencarnación de Salvador Allende pero de derecha, Keiko venció al cuarto intento de su postulación a la presidencia de la república de Perú, una presidencia en 10 años de crisis continua, incluso en una situación institucional peor que la del Reino Unido (en dónde un gato es lo más estable institucionalmente que tiene el país de Shakespeare). Lo que era anatema en Perú finalmente ha ocurrido y puede que en parte el triunfo de Fujimori se deba a la presencia mediática de sus hijas y su “jale”, como dicen en Perú, entre el voto masculino adolescente.

Ya en la campaña de 2021 la presencia de la mayor de las hijas de Keiko Fujimori, Kiara se volvió en redes en un fenómeno viral que presumiblemente ayudó a captar votos entre los jóvenes. Entonces la derrota de Keiko fue ajustada por el candidato de izquierda Castillo. Cinco años después emergió la imagen de la menor de sus hijas, Kaori, que desde semanas antes de las elecciones captó el interés de internautas que hacían Edits de Kiara romantizándola. Esta imagen idílica de su natural belleza adolescente contribuyó en cierta manera a edulcorar la marca Keiko, una marca en sí muy golpeada por toda la carga negativa heredada del gobierno autoritario de Alberto Fujimori, así como de una posible dictadura parlamentaria que contribuyó a la actual crisis presidencial en Perú, esto según la opinión de buena parte de la izquierda y parte del centro peruano. Como fuere, la fresca irrupción de Kiara y Kaori en la panorámica del imaginario colectivo en redes fue significativo para una victoria tan ajustada como la que llevó a la presidencia a Keiko Fujimori. En la segunda vuelta cada voto fue importante y todavía no sabemos cuantos votos jóvenes masculinos se decantaron para darle el triunfo final de Keiko.

Por otro lado llama la atención el ascenso de Kaori en el imaginario juvenil, que venía a sumar el sembrado por su hermana Kiara, pero quién recientemente se le ha visto con un notorio episodio de sobrepeso a comparación de cinco años atrás. Kaori en cambio, un poco más joven que su hermana, ha terminado por acaparar y dominar la semiótica de los edits y memes en redes sociales, especialmente en tiktok donde literalmente ha  sustituido a la presencia simbólica de su hermana. Esto que parece una observación caprichosa no lo es del todo, tomando en cuenta que en la cultura de internet figuras como la hermana del dictador de Corea del Norte, Kim Yo-jong, han contribuido a difundir una imagen más agradable y humana de una de las dictaduras más implacables del planeta. No es simple romantización, es en sí mismo una operación de lavado de cara a través del inquietante poder inherente de la belleza femenina. Sea planeado o no, o acaso un espontáneo fenómeno, lo cierto es que Keiko ha hecho historia y que sus mejores agentes de imagen y AGITPROP son precisamente sus hijas.

En Perú el peruanismo vulgar “jeropa” es una inversión coloquial del otro peruanismo, “pajero”, que hace referencia en su primera acepción a la masturbación, sin embargo, también tiene la connotación que se refiere a alguien que se distrae. Y literalmente podemos hablar aquí que cuando nos referimos a votantes jeropas, nos referimos a votantes que se distrajeron en prestar atención en la forma en lugar del fondo.

Finalmente, el triunfo de Keiko que define el giro a la derecha de Sudamérica como un proceso irreversible, también debe tomarse en cuenta como resultado de una política de cordón sanitario anti Fujimori que se implementó desde el regreso a la democracia en Perú. En un país tan desinstitucionalizado como el Perú, la política de cordón sanitario a Keiko fue una institución en sí misma desde las derechas al centro y la izquierda. Tal vez no la mayoría de las derechas pero sí una parte de estás que le cerraron la puerta al gobierno. La descomposición de esta institución antifujimorista comenzó a resquebrajarse con el apoyo de un Vargas Llosa crepuscular en 2021, y finalmente terminó de desmoronarse ante una izquierda delirante de 2026 que intentaba aunar progresismo y nacionalismo para militar en una candidatura que sucumbió más por ser una intrépida fotocopia del 2021 que por ser una propuesta original. Definitivamente a Perú le esperan años interesantes.