China rechaza las nuevas sanciones de Trump contra Irán y advierte que la presión económica no resolverá el conflicto

Alonso Rosales

China elevó el tono de su rechazo a la nueva estrategia de presión económica anunciada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra Irán, al considerar que las sanciones y las medidas de aislamiento no constituyen una solución al conflicto y podrían provocar una nueva escalada de las tensiones en Medio Oriente.

La posición de Beijing fue expresada por el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Lin Jian, quien afirmó que las sanciones y las medidas de presión “no son la solución” y pidió a las partes involucradas recurrir al diálogo y a la negociación política. China también reiteró su oposición a las sanciones unilaterales que, según Beijing, carecen de fundamento en el derecho internacional o de un mandato del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

La reacción china se produce después de que Trump anunciara una nueva fase de lo que denominó una campaña de “guerra económica” contra Irán. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, aseguró que Washington prepara las sanciones “más duras de la historia” y advirtió que Estados Unidos buscará que otros países colaboren con el aislamiento económico de Teherán.

El mensaje de Washington coloca a China en una posición particularmente delicada. Beijing mantiene importantes relaciones comerciales y energéticas con Irán y es uno de los principales compradores del petróleo iraní. Por ello, cualquier intento estadounidense de aplicar sanciones secundarias contra empresas, bancos o países que continúen comerciando con Teherán podría abrir un nuevo frente de confrontación entre las dos mayores economías del mundo. Reuters señala que China absorbe una parte muy importante del petróleo iraní que llega al mercado internacional.

Para Beijing, el problema no se limita a la relación entre Washington y Teherán. China observa también las consecuencias que una prolongación del conflicto puede tener sobre el suministro energético mundial, especialmente por la situación en el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas para el transporte de petróleo.

La amenaza de nuevas sanciones también puede incrementar la presión sobre los mercados internacionales. Las advertencias de Washington ya provocaron movimientos al alza en los precios del petróleo, mientras persiste la incertidumbre sobre el tránsito de crudo por el estrecho de Ormuz.

La postura de China, sin embargo, no significa necesariamente un respaldo ilimitado a todas las acciones de Irán. Beijing intenta presentarse como defensor de una salida diplomática y, al mismo tiempo, proteger sus intereses económicos y energéticos. Su rechazo está dirigido principalmente contra la utilización de sanciones unilaterales y de la presión económica como mecanismo para obligar a otro Estado a aceptar las condiciones de Washington.

El choque entre ambas posiciones puede convertirse en uno de los principales factores geopolíticos de la nueva etapa del conflicto. Trump busca utilizar el peso del sistema financiero estadounidense y el acceso al mercado internacional para obligar a Irán a ceder, mientras China sostiene que esa estrategia puede terminar agravando precisamente la crisis que Washington pretende resolver.

La disputa también evidencia que el conflicto iraní está dejando de ser exclusivamente una confrontación entre Estados Unidos e Irán. La participación indirecta de China, las amenazas contra los socios comerciales de Teherán y el impacto sobre el petróleo internacional convierten la crisis en un problema de alcance global.

En este escenario, Beijing parece decidido a mantener abiertos sus canales económicos con Teherán y a defender una solución negociada. Washington, por el contrario, apuesta por elevar al máximo la presión económica. El resultado de esta confrontación determinará no solo el futuro de las relaciones entre Estados Unidos e Irán, sino también el nivel de tensión entre Washington y Beijing durante los próximos meses.

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