Por Alonso Rosales
Las remesas familiares continúan siendo uno de los principales pilares de la economía salvadoreña, pero su capacidad para sostener el crecimiento podría comenzar a debilitarse ante los cambios migratorios y laborales que enfrentan los salvadoreños residentes en Estados Unidos.
La advertencia aparece en el análisis económico de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que señala que el dinamismo de las remesas en Centroamérica podría verse afectado durante 2026 por las restricciones migratorias y una eventual reducción en el número de personas que envían dinero a sus familias.
El escenario adquiere especial importancia para El Salvador debido al enorme peso que tienen estos recursos sobre la economía nacional. Durante el primer trimestre de 2026, los hogares salvadoreños recibieron $2,435.59 millones en remesas, equivalente al 26.3 % del Producto Interno Bruto (PIB) de ese período, según cifras del Banco Central de Reserva (BCR).
Esto significa que una cuarta parte del valor de la producción económica medida en el trimestre tuvo una magnitud comparable con los recursos enviados desde el exterior a las familias salvadoreñas.
Sin embargo, el crecimiento de las remesas no necesariamente significa que su importancia estructural vaya a aumentar indefinidamente. La CEPAL ha advertido que las remesas y otros flujos externos enfrentan riesgos derivados de la situación económica internacional, las condiciones del mercado laboral estadounidense y los cambios en las políticas migratorias.
El problema para El Salvador es que las remesas no solamente representan ingresos familiares. También sostienen una parte importante del consumo interno, el comercio, los servicios, la construcción y otras actividades económicas.
La propia CEPAL ha señalado que El Salvador es uno de los países latinoamericanos donde las remesas tienen mayor peso respecto al PIB. En 2024 representaron alrededor del 24 % del producto interno, mientras que buena parte de esos recursos se destinó a alimentación, vivienda, salud y otras necesidades básicas.
Esta dependencia genera una vulnerabilidad: si los trabajadores salvadoreños en Estados Unidos pierden empleos, reducen sus ingresos o disminuye el número de personas que pueden enviar dinero, el impacto no quedaría limitado a los hogares receptores. También podría trasladarse al consumo, la actividad comercial y el crecimiento económico.
La CEPAL también ha planteado que uno de los grandes desafíos para países como El Salvador consiste en conseguir que una mayor proporción de las remesas pueda contribuir a actividades productivas.
El organismo reconoce que la mayor parte de estos recursos se utiliza para cubrir necesidades inmediatas, mientras que el porcentaje destinado a inversión productiva y emprendimiento continúa siendo reducido. Entre las dificultades identifica la baja rentabilidad de algunas inversiones locales, las limitadas capacidades empresariales y problemas de inclusión financiera.
Por ello, el riesgo para El Salvador no es solamente que las remesas disminuyan. El desafío económico consiste en que el país no dependa indefinidamente de una fuente de ingresos que se genera principalmente fuera de sus fronteras.
La situación resulta paradójica: mientras las remesas continúan aumentando y representan un respaldo fundamental para millones de hogares, la economía salvadoreña necesita encontrar nuevas fuentes de crecimiento capaces de reducir esa dependencia.
La CEPAL elevó recientemente su previsión de crecimiento para El Salvador a 3.9 % para 2026, una proyección superior a la estimación previa de 3.3 %. No obstante, el organismo mantiene la advertencia sobre los riesgos externos que podrían afectar a las economías centroamericanas.
El aumento de las remesas durante 2026, por tanto, ofrece un alivio inmediato, pero también debería ser interpretado como una oportunidad para diversificar la economía.
Para El Salvador, la pregunta de fondo ya no es solamente cuánto dinero continuará llegando desde Estados Unidos, sino qué está haciendo el país para que el crecimiento económico no dependa cada vez más del dinero generado por sus ciudadanos en el exterior.
Las remesas pueden seguir siendo un importante motor económico, pero difícilmente pueden sustituir indefinidamente la generación de empleos de calidad, la inversión productiva, el aumento de la productividad y una economía capaz de generar oportunidades dentro del territorio nacional.