Versión en rima consonante
Por Alonso Rosales/ Foto Cortesía
En la Praga fría, de agosto dormido,
me espera mi padre, mi amigo querido,
mi guía y maestro, pastor de la vida,
que nunca en la tierra dejó voz perdida.
Fuimos en Santiago de María un coro,
cantando en la niebla del campo de oro,
donde el café nace con sangre y rocío,
donde el campesino resiste el frío.
Él abrió la iglesia con gesto de hermano,
cuando los sin techo pedían la mano,
y al rico altanero, sin miedo ni pena,
le dijo que Cristo no cobra en la cena.
En misa gritó con la voz encendida:
“¡No matéis soldados, respetad la vida!”,
y el eco selló su mortal condena,
la bala cobarde rompió su cadena.
Recordamos juntos a Rutilio Grande,
a monjas caídas, a un pueblo que mande
su llanto a los cielos, sus gritos al viento,
y a un Dios que se duele en cada lamento.
Yo le dije: —Maestro, partamos a Gaza,
quizá la metralla al cuerpo nos abraza,
pero las ideas jamás morirán,
y en otras gargantas de nuevo hablarán.
—Solo soy pastor —con humildad me dijo—,
y yo vi en sus ojos un mar sin cortijo,
un mundo que late por pobres y justos,
por niños sin miedo, por campos robustos.
Nombramos a Dalton, poeta encendido,
y a Matilde Elena, verbo bien tejido,
que hiere al tirano con filo de estrella,
y en versos desnuda su sombra más bella.
Hablamos de pueblos, de imperios que caen,
de líderes sordos que nunca se amparan,
de un Trump que precisa del Cristo verdadero,
no del dios de oropel que adora el dinero.
Tras cena y abrazo, juramos partida,
24 horas, con prisa encendida,
antes que Israel, con pretexto vacío,
desate la caza, el fuego y el río.
Y él dijo: —Ese Israel no es el de la historia,
mató al Mesías, y espera su gloria
en un falso ungido que engañe a naciones,
un reino que compre hasta las oraciones.
Las voces de Vargas, de bananeros reyes,
que venden sus pueblos y siempre se arrodillen,
se cuelan de pronto en la noche cerrada,
y el río de Praga nos canta su nada.
Yo dejo constancia en verso encendido,
que en Praga cenamos, hermano y amigo,
que el pan y la lucha nos fueron mantel,
y que amar la justicia es vencer al cruel.